lunes, 31 de diciembre de 2012

2012: Cuando el hombre del saco comenzó a cobrar por las bolsas

San Juan de Gaztelugatxe -Vizcaya-  (www.vistoyvivido.blogspot.com)
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1. APUNTES GENERALES

El 2012 se las pira y nos deja aquí, más curtidos y un año más viejos. Lo de curtidos no es una forma de hablar. Dice el diccionario de la RAE que una de las acepciones de curtir es "acostumbrar a alguien a la vida dura y a sufrir adversidades que puedan sobrellevarse con el paso del tiempo". Pues bien, con la que está cayendo por todos los lados, serán pocos los que puedan decir que estos últimos trescientos sesenta y cinco días no los han curtido. Eso si, quedaos con la parte positiva de la definición, esa que dice “que puedan sobrellevarse con el paso del tiempo”. Es decir, que de esta saldremos, nos dejaremos alguna pluma pero saldremos.

En cuanto a lo de más viejos, creo que no hay discusión. No sé vosotros, pero yo tengo la sensación de que cuanto más mayor me hago más rápido pasan los años. Esta idea tiene dos caras. La mala, la que agobia un poco, es pensar que la vida se acelera y se nos escapa como la arena fina entre los dedos. La buena es que el ser consciente de ello te hace aprovechar el tiempo lo máximo posible dentro de tus posibilidades.

Aplicada esta última máxima al ámbito atlético de mi vida y en ausencia de lesiones, el resultado es que 2012 ha sido mi mejor año en cantidad, superando por muy poco al inmediatamente anterior. Digo en cantidad porque si por calidad entendemos conseguir grandes tiempos, ya sabéis que hace mucho que mis cronos se alejaron para siempre (o no) de mis mejores marcas.

Han sido treinta y una competiciones, curiosamente las mismas que en 2011, sobre un total de 677.732 metros, apenas 702 metros más que el año pasado. Pareciera que estoy aplicando el método Bubka, ese consistente en batir el record poquito a poquito para seguir siempre mejorando (y en su caso cobrando), pero os prometo que no ha sido nada premeditado. De hecho no me he dado cuenta hasta que no hecho la suma de cara a redactar este resumen anual.

¿Cómo han sido esas carreras? ¿Cómo se han distribuido por distancia? ¿Cuáles han sido las que más me han gustado? ¿Como pienso o me gustaría que fuera el año venidero? Todo esto y algo más lo podréis encontrar en los siguientes párrafos. Ponersen cómodos.

Château de Rivière-Bourdet -Quevillon- (www.vistoyvivido.blogspot.com)
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2. LOS MARATONES

Dos veces me he enfrentado al maratón durante el ejercicio 2012. En orden cronológico la primera fue en el Rock’n Roll Madrid Maratón, que no es más que el antiguo Maratón de Madrid pasado por el tamiz del American Way of Life. En líneas generales creo que la irrupción de los estadounidenses en esta prueba ha sido positiva y parece que su empuje lo va a hacer crecer, otorgándole una mayor proyección internacional y un apoyo más decidido por parte de las instituciones y de la ciudadanía madrileña. Sin embargo y aunque siempre me gusta correr el maratón de mi ciudad, he de reconocer que últimamente se ha convertido en algo un tanto rutinario. Me lo paso bien, disfruto si, pero no sé, no me llena, no siento lo de antes. Es algo así como lo que cantaba la Jurado, aquello de "se nos rompió el amor de tanto usarlo". Quizá sea buena idea que en 2013 no participe y me busque alguna alternativa (ya tengo varias en la cabeza).

La segunda vez que me disfracé de Filípides en este año que ahora termina fue en la denominada La Montaña Solidaria ¡Por fin mi debut maratoniano en montaña! Había dejado pasar la época primaveral/veraniega sin conseguir mi objetivo y parecía que el 2012 tampoco sería el año, pero navegando por internet encontré por casualidad esta carrera. En ella se daba la oportunidad de bien participar sobre la distancia de maratón o bien hacerlo solo sobre la de medio maratón. Dudé bastante, pero el hecho de que Bruce (compañero en estas lides) optara por la larga y que las condiciones meteorológicas acompañaran, fueron determinantes para tomar la feliz decisión

La prueba tuvo lugar a mediados de octubre y era la primera vez que se celebraba. Su trazado se extendía por el área montañosa que rodea al término municipal de San Lorenzo de El Escorial y resultó ser muy corrible, con muy pocos tramos de exigencia técnica, de preciosos y variados paisajes, y como consecuencia de todo ello, una excelente oportunidad para iniciarse en los maratones de montaña. Esperemos que los organizadores le den continuidad y pueda consolidarse en el calendario, porque puliendo algunos pequeños aspectos y logrando una mayor implicación de los lugareños, podríamos estar ante una gran carrera.

Los deseos para el 2013 en este apartado pasan a día de hoy por correr un maratón multitudinario en una gran ciudad y por repetir en uno de montaña un poco más exigente que el que me ha servido de debut. Todo lo que consiga de más, será bienvenido. Si finalmente se quedara en menos, también.

Vieux Bassin -Honfleur- (www.vistoyvivido.blogspot.com)
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3. LOS MEDIOS MARATONES

A tenor de las cifras, está clarinete cual es mi distancia favorita. De las treinta y una carreras de este año, veintitrés fueron medios maratones (uno más que en 2011), que añadidos a los preexistentes en mi corricolum vitae, elevan el total de participaciones sobre los 21.097 metros a ciento veinticinco.

Tuve doce estrenos. De entre ellos, el que más me gustó fue el Medio Maratón Senda del Oso. Entre montañas asturianas, el trazado de la prueba discurrió por una vieja línea de ferrocarril construida inicialmente para dar servicio a la industria minera y reconvertida con el paso del tiempo en vía turística. Desde Tuñon a Entrago, remontando los cauces del Trubia primero y del Teverga después, atravesando el desfiladero de Peñas Juntas, cruzando numerosos túneles y algunos puentes (destacar el de Villanueva) y por un entorno natural maravilloso, se trató de un medio maratón exigente pero realmente encantador. Una verdadera joya.

Con el de la Senda del Oso en el cajón más alto, el hipotético podium mediomaratonero lo completarían el Medio Maratón de Montaña Villa de Jarandilla y, a más distancia, el Medio Maratón de Ciudad de Cuenca. El primero, aunque se anunciara como tal, no fue exactamente de montaña aunque si recorrió las distintas cimas que rodean la localidad cacereña de Jarandilla de la Vera. Muy bien organizado, con un perfil duro y unos paisajes y un entorno natural de gran belleza, es una carrera muy recomendable. Lo mejor del de Cuenca fue sin duda su recorrido. Primero te regalaba una formidable vista panorámica de las hoces del Huécar y del Júcar, para descender después hasta el cauce del segundo y disfrutar allí de correr por sus arbolados y sinuosos márgenes. Si la organización es capaz de mejorar algunas deficiencias, puede convertirse en un medio maratón de referencia.

Pinzón en el Bosque de los Tiles -La Palma-

Para cerrar el capítulo de las novedades me gustaría recordar algunos destellos de otras competiciones: el tránsito al anochecer por la orilla del Duero en el Medio Maratón de Soria, el paso por el animado centro histórico tordesillano en el terrible Medio Maratón Popular “Villa del Tratado de Tordesillas”, el poder correr junto al mar en el Medio Maratón Ciudad de Málaga o el paso por la Plaza Mayor y el Paseo Fluvial en el recién nacido Medio Maratón Ciudad de Salamanca, son algunos de los buenos momentos que estos estrenos dejan en mi memoria.

De entre los medios maratones en los que repetía, quiero destacar los de montaña en los que debuté el año anterior y a los que regresaba con más experiencia. Al de los Montes de Toledo no llegué muy bien de salud. Unos días de fiebre y una precipitada vuelta a la actividad, me pasaron factura. Volví pinchar aunque aún así mejoré el tiempo de mi estreno. En la Carrera de Montaña de "las Dehesas" lo aprendido en 2011 me sirvió para, a pesar de llegar en peor forma que entonces y a que la jornada fue bastante calurosa, lograr un tiempo final muy similar al de un año atrás. Por último, el Solidario de Madrid celebrado en Somosierra fue posiblemente mi mejor carrera. Desaparecida la niebla que marcó la edición anterior, el correr con un día totalmente despejado fue como participar en una carrera totalmente distinta. Las sensaciones durante la prueba fueron muy buenas y se tradujeron en un resultado impensable a priori para mí: siete minutos de mejora con respecto a la marca conseguida en la anterior edición y... ¡puesto 44 de los 404 llegados a meta!

En este capítulo no tengo muy claro como puede desarrollarse el 2013. Por un lado disfruto participando en un medio maratón todos los fines de semana que puedo. Es una distancia que mi cuerpo aguanta bien y una forma de hacer la tirada larga de la semana y de conocer nuevos sitios. Por otro lado, la batida que he dado en los últimos treinta y seis meses a todo medio maratón que se moviera en un radio de hasta aproximadamente doscientos kilómetros más allá de Madrid, ha sido considerable. Esto hace que cada vez haya menos pruebas por conocer y más en las que tener que repetir. Me gustaría que en los próximos doce meses pudiera acercarme de nuevo a la veintena, pero el calendario y las ganas dirán.

Arquivoltas de la iglesia de Santo Domingo -Soria- (www.vistoyvivido.blogspot.com)
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4. OTRAS DISTANCIAS

Este apartado es un popurrí de carreras que va desde las asfalteras a las de montaña y trail, pasando por las mixtas. El duo de las primeras está formado por la Vuelta Pedestre a Tres Cantos (15 km) y el Trofeo de San Lorenzo (10,8 km). La tricantina se está convirtiendo en un clásico de mis inicios de año. Con continuos subeybajas, longitud asequible y bien organizada, es ideal para hacer la rentré tras los excesos navideños. Del Trofeo de San Lorenzo poco me queda por decir a estas alturas. Es una de mis carreras preferidas y a las que trato de no faltar ningún año. En la edición de 2012 se introdujeron algunos cambios en el recorrido que desde mi punto de vista resultaron beneficiosos. Además, las medidas de seguridad tomadas para evitar que los indignados asaltaran el Congreso de los Diputados nos obligaron a desviar el trazado hacia la C/ Alcalá y Cibeles. Miel sobre hojuelas.

La Carrera Popular Villa de Cerceda (15 km) y el Cross de Patones (12,5 km) fueron las dos que alternaron asfalto y tierra. A la cercedense la llevaba persiguiendo ya unas ediciones, pero al celebrarse entre semana (una tarde de jueves agostil) nunca había podido correrla. Esta vez los astros se alinearon y pude debutar. Encuadrada en plenas fiestas de la localidad, tiene un perfil exigente y un recorrido bonito y divertido, sobre todo el tramo que discurre por tierra a las faldas de la montaña. Sin grandes pretensiones, es una carrera para pasar una buena tarde. El Cross de Patones, salvando la dificultad orográfica ubicada a mitad de carrera, es una prueba muy asequible. Lo que más me gustó de ella fue su generosa y perfecta organización y su ambiente prenavideño de reunión de viejos y nuevos conocidos.

La representante de la categoría de trail fue la Carrera de Montaña Cerro Marmota (25 km). En su segunda edición se notó una mejoría en la organización y una mayor participación en las distintas modalidades, amén de algunas variaciones en su recorrido que lo endurecieron y mejoraron. Una carrera a tener en cuenta en el futuro y que puede ser una buen trampolín para aquellos que quieren saltar del asfalto a otras variedades atléticas más cercanas a la naturaleza.

Y próxima a natura es precisamente la prueba que cierra este apartado: la Lezamako Mugetatik (28 km). Celebrada a principios de septiembre por las colinas que rodean la localidad vizcaína de Lezama, fue la que más me hizo sufrir y la que me deja un recuerdo más especial. La encantadora subida a Gaztalumendi a través de senderos flanqueados por eucaliptos y pinos, el ascenso al collado Urrusti, el tránsito por el húmedo y sombrío bosque de Basobaltz, el atravesar la zona rural de Garaioltza, la durísima subida al Ganguren y el interminable cresteo por su cumbre antes de tomar el descenso que nos llevaría de vuelta a Lezama, siguen todavía muy vivos en mi cabeza y me hacen temblar las canillas cada vez que los rememoro. La Lezamako Mugetatik junto con el Medio Maratón Senda del Oso y La Montaña Solidaria, forman el trío de carreras que para mí han sido más especiales en este 2012.

Al hacer el repaso, en esta categoría solo echo en falta alguna prueba de ultrafondo, una cuya distancia vaya más allá de la del maratón. Espero que llegue durante el año próximo.

Picos de Europa -León- (www.vistoyvivido.blogspot.com)
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5. LOS PROYECTOS

Los dos proyectos que están en marcha desde hace tiempo en este blog han tenido un buen año. El más antiguo, "Un país en mi mochila", quizás no ha visto incrementado de manera importante el número de nuevas provincias donde he corrido, pero si creo que ha sido significativo el volumen de carreras en las que he participado fuera de Madrid y la cantidad de sitios en los que he corrido. Un resumen rápido en cifras sería el siguiente:

- Cuatro nuevas provincias sumadas: Málaga, Asturias, Cuenca y Cáceres. Ya van veintiseis.
- He completado más pruebas fuera de Madrid (16) que dentro (15)
- En 2012 he competido en trece provincias: Madrid (15), Ciudad Real (3), Toledo (2), Soria (2), Salamanca, Málaga, Guadalajara, Asturias, Vizcaya, Valladolid, Segovia, Cuenca y Cáceres.

En cuanto a "Un euro cada 5 kilómetros", la cifra donada ha sido la misma que durante el 2011. Ciento cuarenta euros que sumados a los del año pasado alcanzan los doscientos ochenta acumulados desde la puesta en marcha de la idea. Siempre repito lo mismo: no es mucho, pero si cada uno de los que estamos en disposición de colaborar lo hacemos, la suma de todos si será importante. Espero poder seguir disputando muchos kilómetros de competición y, en consecuencia, añadiendo euros al proyecto.

Puesta de sol en Cap d'Artrutx -Menorca- (www.vistoyvivido.blogspot.com)
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6. MIRANDO AL FUTURO

Como ocurre siempre por estas fechas, tenemos ante cada uno de nosotros un nuevo año repleto de incógnitas que despejar. En mi caso este periodo se verá además aderezado por la temida crisis de los cuarenta. Aguardo con ansiedad los primeros días de enero para comprobar si me veo invadido por una ganas irrefrenables de apuntarme a un gimnasio, de teñirme las canas o de comprarme alguna crema que disimule mis patas de gallo y rebaje mis ojeras. A la espera de si esto sucede y como ya se ha convertido en costumbre al cierre de cada anualidad, voy a dejaros con unas reflexiones sobre el futuro. Esa mezcla de previsiones, intenciones y deseos versan esta vez sobre tres ámbitos diferentes: el blog, mi actividad correril y, por último, el futuro en general.

En lo que atañe a este cuaderno de bitácora habrá que esperar acontecimientos, pero me temo que el año 2013 no será nada bueno. Si alguno de vosotros tiene ganas de emplear el tiempo en ver la fecundidad del autor durante el 2012, podrá comprobar facilmente que el número de entradas en estos últimos trescientos sesenta y cinco días es claramente inferior al del 2011. Se rompe así una tendencia creciente que había mantenido desde el arranque de esta aventura allá por 2007. Para el año que nace dentro de unas horas, salvo que las circunstancias varíen mucho, la previsión que manejo es que la cifra de publicaciones siga a la baja.

La razón principal es la falta de tiempo. Prácticamente desde el inicio he ido escribiendo los textos a ratos. Pero es que cada vez los ratos son más cortos y más espaciados. Desde hace meses dedico el poco tiempo que me queda libre después de cenar para escribir un día unas líneas, al día siguiente otras y así hasta que llegados al fin de semana auno todo lo redactado y paro (de parir) un resumen más o menos atinado de la carrera en la que participé el anterior. Con esta forma de trabajar las entradas se resienten (alguna se ha quedado a la mitad sin publicar) y yo, en muchas ocasiones, ya no disfruto.

Concurre además la circunstancia de que ahora parte de ese poco tiempo libre he de dedicarlo a otras facetas de la vida. Con este panorama creo que lo mejor es ser franco conmigo mismo y con los que seguís este nuestro blog. No tengo intención de abandonarlo, haré lo que pueda, pero estoy casi seguro de que seré menos productivo en mi labor bloguera. Espero que sepáis entenderlo.

Faro de Fuencaliente y volcán de Teneguía -La Palma-

En lo del correr no me planteo ningún reto especial. Sigue por ahí pendiente meterme una prueba de cien kilómetros entre pecho y espalda, pero no es una cosa que me obsesione. Si tengo la firme decisión de seguir potenciando la montaña y el trail: es un ámbito en el que me queda mucho por aprender, en el que disfruto una barbaridad y que me está permitiendo conocer parajes encantadores que de otra forma seguramente no descubriría. También estoy valorando la posibilidad de dejar de participar en pruebas que no me atraen en exceso y que corro un año tras otro porque, llegada la fecha, no encuentro nada mejor. Como uno es como es, esta última intención será dificil de cumplir.

También me ronda la cabeza el correr sin dorsal. El origen de esta idea esta en los tramos del Camí de Cavalls menorquín que en mis dos últimas visitas a la isla he completado a la carrera (por cierto, tengo dos o tres etapas pendientes de redactar y públicar). ¿Por qué no hacer lo mismo en Madrid y alrededores? ¿Por qué no sustituir alguna prueba ya de sobra conocida y/o masificada por salir a correr un domingo siguiendo alguna ruta, senda o camino de la comunidad madrileña u otra limítrofe? Para poner en marcha este nuevo proyecto, tengo el firme proposito de comprar de una puñetera vez un gromenauer de esos que miden el pulso y la distancia. O dicho a lo Escarlata O'Hara, ¡A Dios pongo por testigo de que de este año me hago con un forerunner!.

No obstante, lo que realmente me importa más allá de lo comentado es no lesionarme y seguir teniendo ganas de correr. Con esas dos premisas estoy convencido de que lo demás vendrá por sí solo.

Por último no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer de pitoniso acerca de lo que nos deparará el muy próximo ya 2013. A este respecto, como el del chiste, tengo dos noticias: una buena y una mala. La buena es que cada vez oigo a más voces reputadas decir que en 2014 comenzarán los signos de recuperación. Esto es muy positivo porque si los gurús lo pregonan a los cuatro vientos, el resto del mundo acabará creyéndoselo y volverá a producirse el fenómeno conocido como expectativa autocumplida (si todos creen que pasará, acabará pasando).

La mala es que para llegar a 2014 inexorablemente debemos superar el 2013. Es de perogrullo pero no por ello menos cierto. Tras aproximadamente cinco años de crisis económica, la cosa esta muy jodida tirando a jodidísima. Cada vez más particulares y más empresas que han resistido mal que bien desde hace tiempo, acaban sucumbiendo y son arrastrados por la mala situación de la economía. Los ERE, las reformas recortantes o los recortes reformantes, las subidas de impuestos, el paro, los desahucios, la prima de riesgo, etc se han convertido en el leitmotiv de los tiempos que corren. Como dice un amigo, ante la situación que estamos viviendo sólo tienes dos opciones: o te aclimatas o te aclimueres.

Señores y señoras, muchas gracias por estar ahí. Os deseo un muy feliz y prospero año 2013, o en angelnietense 2012+1. Llevadlo lo mejor posible y que os sea leve.

El Heredero y yo. Cala Sant Esteve -Menorca-

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Epílogo: Este texto ha sido escrito en la habitación número 222 del Parador de La Palma, en las noches del 26, 27 y 28 de diciembre de 2012. Para los que no la conozcáis, esta isla canaria es una auténtica belleza natural, repleta de senderos y rutas por las que caminar o correr. Al hilo de esto ¿será muy difícil completar la Transvulcania? Quizás algún día...

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domingo, 30 de diciembre de 2012

¿Feliz Navidad? (II)


El Roto 30.12.2012 (www.elpais.com)
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Antes de nada quiero aclarar que, a pesar de las dos últimas entradas de este blog, no estoy en contra de la Navidad. Si es verdad que ya hace tiempo que paso bastante de ella y que trato de alejarme lo más posible del significado que ha tomado (este año incluso físicamente), pero entiendo perfectamente y por supuesto respeto que haya gente a la que le guste y la disfrute.

Solo quiero hacerme eco de otro retazo de realidad captado y plasmado en una imagen por El Roto. Sus viñetas me están sirviendo para mantener vivo el blog en estas fechas y para darme tiempo a redactar la ya clásica entrada resumen de año. Espero tenerla lista y poder publicarla dentro de unas horas.

Hasta dentro de un rato.

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domingo, 23 de diciembre de 2012

¿Feliz Navidad?

El Roto (www.elpais.com)
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Traigo a esta entrada la viñeta de El Roto que publica hoy el diario “El País”, pues en cierto modo creo que ilustra lo que os quería transmitir.

En estas fechas mucha gente e instituciones varias, seguramente con toda la buena voluntad del mundo, nos desean que pasemos una feliz Navidad. Solo quiero recordaros que no es obligatorio. Al menos no más “obligatorio” que ser felices, o intentarlo, el resto de los días del año. Y más cuando está cayendo la que está cayendo.

Pues eso.

Nota: Manda huevos que esto lo diga yo, un menda que despide casi todas sus intervenciones en el blog con el imperativo “sed felices”. ¡Que le voy a hacer!

Nota 2: El Roto se acerca muchas veces a la genialidad. Sus viñetas son auténticas reflexiones sociológicas o filosóficas que deberían ser estudiadas en las universidades.

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martes, 18 de diciembre de 2012

V Cross de Patones

Por el kilometro tres (Foto: www.runnersdebarrio.com)
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Hay que jorobarse como pueden cambiar las cosas en dos semanas. De acabar chachi piruli los veinticinco kilómetros de la II Carrera de Montaña “Cerro Marmota” a sufrir como un cochino jabalí en los doce y medio del V Cross de Patones. ¿Qué por qué? La explicación es fácil. Un trancazo de tomo y lomo que me tomó un cariño inusitado y que me trajo a maltraer durante los diez días previos a la carrera.

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El sábado por la mañana llegué con tiempo de sobra a Patones de Abajo (no confundir con el turístico Patones de Arriba). Aparqué junto al frontón, recogí el dorsal y me volví al coche a pegar una cabezadita hasta el inicio de la prueba.

Cuando tras unos minutos traspuesto volví a abrir los ojos, ya solo quedaban veinticinco para llegar a las 10:30h, hora prevista para el inicio de la prueba. La temperatura era agradable comparada con el intenso frío que habíamos sufrido en la última semana. Además el sol se abría paso tímidamente a través de las nubes, lo que ayudaba a generar una sensación de más calorcito. A pesar de ello opté por salir bastante abrigado pues después de más de una semana sin correr, parecía que el cuerpo me pedía pegarse una buena sudada para expulsar los residuos que quedaran del catarro.

El ambiente antes de la salida era muy bueno. Daba la impresión de que la cita había sido aprovechada por muchos de los participantes para reencontrarse con amigos y pasar una agradable mañana. Es posible que la barbacoa ofrecida por los organizadores a la finalización de la prueba tuviera buena parte de culpa. El caso es que había numerosos grupos de corredores aprovechando los momentos previos al inicio para tirarse unas fotillos en amor y compañía.

Finalizado el tiempo para las retratos comunales, nos colocamos los aproximadamente trescientos participantes tras la pancarta que señalaba la salida. Unos momentos de espera, disparo y a correr.

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La carrera comenzaba con un giro a la derecha para tomar un camino de tierra no lo suficientemente ancho como para canalizar al todavía compacto pelotón de corredores. Fueron solo unos metros de estrangulamiento pues un poquito más adelante el trazado se abría y cada uno tenía ya vía libre para castigarse el cuerpo al ritmo que más le conviniera. Yo salí bastante retrasado y a un ritmo bastante más lento que en otras competiciones. El objetivo no era otro que acabar dignamente.

Todavía en el primer kilómetro alcancé a Marcos con quien hacia mucho que no coincidía en una carrera. Con él seguiría de charleta hasta casi alcanzar la señalización del punto kilométrico número cuatro. También me encontré con Yonhey que estaba en la primera parte de su doblete atlético particular del fin de semana (Patones y Guadalajara). Los cuatro mil primeros metros fueron prácticamente llanos y en su mayor parte sobre tierra. Solo los últimos hectómetros de este tramo empezaban a picar un poquito para arriba anunciando lo que vendría a continuación.

Abandonada ya la compañía de Marcos, encaré la parte más dura de la prueba: la subida que se extendía de forma ininterrumpida hasta el kilómetros seis, con rampas que alcanzaban el 12% de desnivel en su parte más exigente y que hacían ganar más de ciento sesenta metros de altura de altura en apenas dos mil de longitud. Prácticamente todo el ascenso se hacía por asfalto (ya no volveríamos a la tierra hasta que quedarán algo menos de tres kilómetros para meta). Al haber salido tan retrasado, solo con ir al tran tran adelante muchísimas posiciones.

Del kilómetro seis al siete se continuaba subiendo pero con un desnivel mucho más llevadero. Desde allí un pronunciado descenso de aproximadamente quinientos metros, un llano de otros mil ochocientos metros y una nueva bajada de unos seiscientos, nos dejaban muy cerca ya del punto kilométrico diez. A esas alturas, aunque de respiración no iba mal, las piernas si iban un poco tocaditas. La inactividad de las últimas dos semanas, la flojera normal del resfriado y la cuesta de mitad de carrera estaban pasando factura.

El último tramo del cross se hacía por un camino rural, con ligeros pero continuos desniveles y sobre un terreno bastante pesado cuando no embarrado debido a las lluvias caídas en la jornada anterior. La última larga recta de casi quinientos metros y salpicada de charcos que hubo esquivar para no mojarse los pinrrelillos, finalizaba en la animada línea de meta donde llegué con un tiempo neto de 1:04:00. Según la clasificación publicada, ocupé el puesto 144 de los 285 que acabamos.

Por el kilómetro dos con Marcos (Foto: www.runnersdebarrio.com)
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El V Cross de Patones me sorprendió gratamente y me pareció un evento muy recomendable. Posiblemente sus tres mejores aspectos fueran:

- El ambientillo. Como he dicho anteriormente, se respiraba buen rollito. Había mucha gente que se conocía, numerosos grupos de amigos, clubs con amplias representaciones y no pocos corredores que a simple vista se apreciaba que iban a pasárselo bien y no a dejarse los higadillos por una buena marca. Además los participantes arrastraron a bastantes familiares que dieron color a la salida y a la meta.

- El recorrido. Era una distancia muy asequible, por un terreno que aunque tuviera el aliciente de que discurría por el campo, no presentaba ninguna dificultad técnica. De hecho gran parte se realizaba por superficie asfaltada. Eso si, no había que olvidar la cuesta de poco más de dos kilómetros que se ubicaba más o menos en el ecuador del recorrido.

- La organización. Próxima, atenta, eficiente y generosa. Zona de aparcamiento. Cajas de galletas artesanas en la entrega de dorsales para quien quisiera “tomar un aperitivo”. El cronometraje se hizo con chip y alfombrilla lectora tanto en la salida como en la meta. Dos avituallamientos a lo largo del trazado. Recorrido bien marcado con todos los puntos kilométricos señalizados. Bolsa del corredor con bebida isotónica, barrita energética y camiseta técnica. Y a la finalización de la prueba, generosa barbacoa para todos los participantes (no puede disfrutarla). Una gozada.

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Y ya está. Con el V Cross de Patones se acaban mis carreras con dorsal por este año. La idea era despedir el 2012 con la San Silvestre por montaña que se va a celebrar en Pedrezuela el próximo día treinta, pero al quedarme sin plaza he aprovechado para no planificar ninguna competición hasta el año próximo.

Intentad ser felices. Y si el mundo se acaba el viernes, con más razón.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Papa y yo estamos en Twitter

El Papa publicando su primer tweet
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Me he resistido desde el inicio a estar en Twitter. No le veo la gracia ni la utilidad para mi vida diaria. Entiendo que puede ser de interés para aquellos que piensen que tienen algo relevante que comunicar a sus seguidores. O que también puede ser provechoso para aquellos otros que quieran conocer las acciones y “pensamientos” de los primeros y comunicarse con ellos. Reconozco también que esta visión simplista y posiblemente equivocada puede ser fruto de mi desconocimiento.

Siempre que me preguntaban por qué no me integraba en esta conocida red social, respondía lo mismo: “Yo no tendré twitter hasta que no lo tenga el Papa”. Pues hete aquí que el máximo representante del altísimo en la Tierra me ha dejado hoy sin excusa. ¿Pero es que a este hombre no le valía con la cantidad de followers que le aclamaban en cada una de sus apariciones en la ventana del Vaticano?

Como uno es hombre de palabra, unas cuantas horas después de que Benedicto XVI haya alumbrado su primer tweet bendiciéndonos a todos de corazón, me he lanzado a la aventura y me he estrenado yo también. La fecha 12.12.12 quedará en mi vida marcada como el día en que debuté en Twitter. Para ser sincero también la recordaré por ser la primera vez que el Heredero daba un concierto en público: han sido solo treinta segundos de actuación si, pero muy intensos.

Volviendo al tema central de esta entrada, aviso que no tengo ni repajolera idea de como funciona esto del pajarito, ni de para que lo voy a utilizar, ni de si lo leerá alguien, ni tan siquiera de si llegaré a publicar un segundo tweet. Pero el caso es que ya estoy ahí y que me está empezando a picar la curiosidad. ¿Qué os apostáis a que me rasco?

Desde hoy, el Bene y yo somos twitteros ¡Que tiemble el mundo!

Sed felices.



Mi primer tweet ¡Chispas!
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domingo, 9 de diciembre de 2012

Proyecto Corre (contra la leucemia infantil)


A los que paséis por aquí de forma más o menos recurrente no os pillará de nuevas uno de los mandamientos que rigen mi actividad atlética: huirás de las carreras masificadas. Pues bien, superando mi antipatía hacia ese tipo de eventos, hace un rato me he inscrito a uno que espero que llegue a alcanzar al menos los 100.000 participantes.

La prueba se denomina Proyecto Corre contra la leucemia infantil y la organiza Uno entre cien mil. Es una "competición" un tanto extraña ya que para tomar parte en ella puedes correr tantas veces como quieras y en los lugares que tú elijas. Basta con conseguir un dorsal a un precio muy bajo (desde poco más de 1€), imprimirlo y lucirlo en tu brazo cuando salgas a correr.

¿Qué cómo te puedes inscribir? Muy fácil. Solo tienes que enviar un SMS al número 28099 con las palabras AYUDA CORRE.

Yo soy el dorsal 2233 ¿Y tú?

Si quieres más información acerca del proyecto puedes visitar la pagina web o el blog de Uno entre cien mil.


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jueves, 6 de diciembre de 2012

II Carrera de Montaña "Cerro Marmota"

Foto de Carlos Velayos (extraída de www.elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com)
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1. Apuntes generales

El pasado domingo tuvo lugar la II Carrera de Montaña y Marcha Senderista Cerro Marmota a beneficio de la Asociación Pablo Ugarte, dedicada a lucha contra el cáncer infantil. Según lo publicado, un total de dos millares de personas nos inscribimos a esta jornada deportivo/festiva/solidaria repartidos en tres pruebas diferentes: una carrera sobre veinticinco kilómetros, una marcha larga sobre la misma distancia y otra marcha corta de once mil metros de longitud. El número de participantes fue considerado todo un éxito pues supuso doblar la cifra de la primera edición.

La mañana amaneció fría pero soleada. Cerca de -2º C marcaba el termómetro cuando a las 9:00 AM se dio la salida a la primera prueba (la marcha larga). Sin embargo el cielo despejado y el sol fueron los mejores aliados de los participantes, permitiendo que según avanzaba la matinal del domingo la temperatura fuera ascendiendo.

La organización volvió a rayar a un alto nivel mejorando incluso algunos aspectos de la edición de 2011. En este sentido cabe destacar el que los dorsales se pudieran retirar el día antes de la celebración de la prueba, lo que ayudó a reducir las esperas del año anterior. También fue un acierto el desplazar la salida fuera del Polideportivo Lorenzo Rico y otros cambios en el recorrido de la carrera que más adelante comentaré. Por lo demás el trazado estuvo bien señalizado y controlado por voluntarios, los avituallamientos bien surtidos de agua y frutas e isotónicos en su caso, los puntos kilométricos marcados por carteles visibles y las instalaciones del polideportivo disponibles para quien quisiera cambiarse o ducharse.

Adicionalmente se obsequió a todos los inscritos con una camiseta, se sortearon regalos y se ofreció la posibilidad degustar de un buen plato de cocido y un trozo de roscón una vez finalizadas las tres pruebas.

En lo relativo al trazado, recordar que a pesar del nombre del evento, no se trata de una carrera de montaña sino de correr o marchar por las tierras colmenareñas colindantes con el Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares y que tiene como dificultades orográficas más importantes los pasos por el Cerro Marmota y el Mirador de Valdeganar.

Para no repetir toda la descripción del trazado que hice en la crónica del año pasado (aquí), en esta ocasión solo me voy a centrar en las variaciones acaecidas en esta segunda edición.

Cruzando el ArroyoTejada (Foto extraída de www.runnersdebarrio.com)
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2. Las cuatro diferencias

Dos de los cambios con respecto a la primera edición estaban dentro del primer kilómetro y medio. En primer lugar la salida y la meta se situaron en esta ocasión fuera de las instalaciones deportivas Lorenzo Rico. Se evitaba de esta forma tener que dar la vuelta inicial en plan rebaño al polideportivo así como el abandono del mismo por la incomoda cuesta del parking.

El segundo cambio aconteció un poco más allá, y consistió en suprimir el paso que se hizo en la edición inaugural por los estrechos caminos de un parque próximo antes de dejar atrás el casco urbano colmenareño camino del cementerio (literal). Ambas variaciones fueron sin duda alguna muy beneficiosas, pues consiguieron una salida más limpia, más amplia y más rápida que la de 2011.

Para encontrar la siguiente variación habría que esperar hasta aproximadamente el kilómetro diecisiete. Supongo que con la finalidad de recuperar alguno de los metros suprimidos en la salida, en vez de continuar por la vía pecuaria recorrida en la edición previa allí se tomaba un desvío a la derecha. Nos introducíamos entonces en otra vía similar ubicada al oeste de la primera, a mayor altitud y que también finalizaba en el polígono industrial, aunque en este caso en la parte alta del mismo (la otra lo hacia en la baja).

¿Qué supuso este cambio? A bote pronto y si la memoria no me falla, más cuesta arriba. El año pasado se subía una larga rampa de pendiente considerable para luego, picando hacia abajo, alcanzar el área del polígono industrial. Esta vez la “nueva cuesta” presentaba una pendiente menor pero a cambio tenía una mayor longitud. Prácticamente entre el kilómetro diecisiete y el veinte todo fue una subida ininterrumpida. El efecto colateral fue tragarse un mayor tramo poligonero, pues en esta ocasión había que bajar junto a la “urbanización de naves industriales pareadas” hasta recuperar el trazado de la primera edición y desde allí rodearla de nuevo en busca de los últimos kilómetros de la prueba.

La última modificación nos esperaba en forma de traca final. Y que conste que uno ya iba sobre aviso. Muy cerca de volver a entrar en el casco urbano colmenareño, mentalmente era fácil calcular que la distancia en una hipotética línea recta hasta la meta no coincidía ni por asomo con la longitud que según los puntos kilométricos restaba para concluir la carrera. Estaba claro que nos aguardaba algún último rodeo ¡Carajo, un rodeo si, lo que no esperábamos era una “putada”!

Los mil ochocientos metros finales dibujaban un zigzag matador. Según se entraba en Colmenar Viejo se giraba a la izquierda para sobre asfalto realizar una subida mortal de poco más de quinientos metros. Luego, con una estocada ya en toda la bola, bajada sobre césped, giro de 180ª y subida por la misma cuesta (otros seiscientos metros aproximadamente), y una bajada final de otros seis hectómetros que desembocaba en la línea de meta.

En resumen, las variaciones del trazado con respecto al de la primera edición creo que en líneas generales fueron positivas y dieron una mayor dureza a la carrera.

Imagen de los "marchadores" que no marchantes (www.cronicanorte.es)
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3. Bruce y yo

Acudía a la II Carrera de Montaña Cerro Marmota acompañado de Bruce. Para él era el debut en la carrera y para mí la segunda participación. Comenzamos rápido dejándonos llevar por el favorable perfil de los primeros kilómetros. La idea era llegar a la zona de los cruces por el Arroyo Tejada en posiciones relativamente adelantadas y evitar así en la medida de lo posible las colas que se formarían si optabas por salvarlo a través de los adoquines. La estrategia resultó acertada y, aunque hubo que esperar un poco en cada uno de los cruces, fue sin duda menos que en la primera edición.

El inconveniente de salir rápido es que nos dejamos llevar por la inercia y hasta que no llegaron las primeras rampas hacia arriba (allá por el kilómetro nueve), no levantamos el pie y volvimos a ritmos más “nuestros”. A pesar de ello entre los puntos kilométricos 9,000 y 15,000, seguimos adelantando bastantes posiciones. En este tramo compartimos un rato de carrera y charla con Josito66, un galvaneropaquetil (o viceversa) que está saliendo de una lesión (sino no lo hubiéramos alcanzado). ¡A mejorarse pronto!

Con la entrada en los últimos diez kilómetros, llegó la primera cuesta exigente de veras. A punto de coronarla y al intentar adelantar al participante que me precedía, tuve que salirme un poco del camino marcado y al apoyar el pie izquierdo me resbalé. Mis ciento noventa centímetros de humanidad se desequilibraron entonces y acabaron tumbados de medio lado sobre la tierra ¡Manda huevos que me caiga también en las subidas! Estoy cogiendo la mala costumbre de rebozarme por el suelo en todas las carreras campestres en las que participo y parece que si no lo hago me falta algo. Afortunadamente solo me hice un rasguño en la rodilla y enseguida estaba en pie anunciando en voz alta “¡Ná, no ha pasado ná!” para que nadie se preocupara y para disimular un poco mi "torpegüenza".

A partir de aquí Bruce me dijo que me fuera hacia delante si quería y, dicho y hecho, en la siguiente rampa comenzamos a distanciarnos. El último tercio de carrera lo llevé bastante mejor que el año pasado a pesar de que las variantes introducidas creo que lo endurecieron. En ningún momento eché a andar, aunque no me faltaron ganas, y continué ganando posiciones hasta la meta.

Según la clasificación entré en el lugar 166 de los 664 corredores que completaron la prueba, con un tiempo neto de 2:02:02 ¡más de ocho minutos menos que el año anterior! Sin duda alguna las sensaciones fueron mejores que en aquel entonces y, de acuerdo a los tiempos que estoy haciendo últimamente, mi estado de forma también.

Para los seguidores de Bruce indicar que alcanzó la meta en 2:04:38.


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4. Conclusión

Fenomenal carrera para iniciarse en pruebas no “asfalteras”, aunque siempre teniendo en cuenta que se trata de completar veinticinco mil metros por terreno bastante exigente. Si no se tiene el fondo o las ganas para ello, siempre puede optarse por una de las marchas que la compañan.

Sed felices

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

XIV Medio Maratón de Montaña "Villa de Jarandilla"

Allá por el kilómetro nueve (Foto: Mendalerenda)

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1. Pongamos las cartas sobre las ies

Aclaremos una cosa antes de meternos en harina. El Medio Maratón de Montaña Villa de Jarandilla, con el permiso de sus bautizadores, no es de montaña. Al menos no del tipo que en el Concilio de Corricano II los representantes máximos de los corredores convinieron en denominar como tal. Es verdad que su recorrido discurre en gran parte por zona montañosa y que se suben unas buenas rampas, pero no es menos cierto que más de dos tercios de su distancia se llevan a cabo bien sobre asfalto o bien sobre hormigón. Añádase también que partiendo de una altura de poco más de seiscientos metros, se alcanza una cota máxima que ronda los ochocientos sesenta, y que la parte que se realiza sobre tierra se hace por amplios caminos que en general presentan un firme que para sí lo quisieran muchas carreteras comarcales. En resumen, que desde la ortodoxia correril podría ser considerado una herejía catalogar al jarandillano como un medio maratón de montaña.

Y mira que me gusta cuestionar los principios establecidos (salvo aquellos que hayan sido dictados por la madre de mi hijo), pero esta vez no me voy a saltar los preceptos y dentro de mi propia clasificación no voy a incluir a esta carrera en el grupo de las de montaña/trail. A grandes rasgos la razón básica y objetiva de esta decisión es que el blog lo dirijo y escribo yo y en él hago lo que me viene en gana. Y si a alguien no le parece bien, que eleve su queja al Consejo de Sabios y Ancianos Corredores pidiendo mi expulsión del gremio. He dicho.

Una vez puestas las cartas sobre la ies y los puntos sobre la mesa es el momento de comenzar.

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2. De lo que hice hasta que me puse en la línea de salida

Jarandilla de la Vera es un municipio cacereño que se levanta entre sierras y gargantas en la conocida como Comarca de la Vera. Con cerca de tres mil habitantes censados, más o menos tantos como cuestas tiene el pueblo, se ubica a unos doscientos veinte kilómetros de Madrid. Teniendo en cuenta que me tocaba realizar el desplazamiento hasta allí la misma mañana del domingo y que había que recoger el dorsal antes de las 9:00 AM, os podéis imaginar que cuando salí de casa todavía no habían acabado de poner las calles.

Esta vez el trayecto no era complicado así es que las posibilidades de perderme no eran muchas. Aún así, al paso por Navalmoral de la Mata tuve que preguntar a un lugareño quien me indicó amablemente el camino a seguir. Prometo que algún día cogeré el navegador para el coche que duerme el sueño de los justos en uno de los cajones del salón. Finalmente llegué a mi destino alrededor de las 9:20 AM. A pesar de la hora no hubo problemas para retirar el dorsal y la bolsa del corredor, que se siguieron entregando hasta unos minutos antes de la salida.

Cuando abandonaba la Casa de la Cultura, me encontré con JK (Juancar). Bueno en realidad fue él quien me reconoció y se acercó a saludarme, gesto que le agradezco porque si tuviera que haber sido yo el que con mis dotes de fisonomista hubiera tenido que identificarlo a él mal hubiéramos ido... Tras las presentaciones, allí estuvimos unos minutillos charlando sobre dos aficiones que tenemos en común: correr y “menorquear”. JK, un placer conocerte y estaré atento cuando corra por Toledo o Extremadura para ver si coincidimos.

Desde allí me dirigí rápido hacia al coche pues tenía todavía que vestirme de romano y la hora se me echaba encima. La mañana estaba agradable y parecía que al final la lluvia no iba a aparecer, pero como desconocía la zona por la que íbamos a correr decidí salir con un chalequito cortavientos por si las flies. La verdad es que me equivoqué pues me pegué una buena sudada que seguramente hubiera evitado si hubiera prescindido de esta prenda. Por cierto, también corrí con calzado de trail pero dada la superficie por la que transitamos (y que yo desconocía a priori) que sepáis que se puede correr perfectamente con unas zapas normales.

La salida y la meta estaban ubicadas al lado del Parador de Jarandilla, el antiguo Castillo de los Condes de Oropesa, donde en 1556 el rey Carlos I de España y V de Andelamerkel se hospedó hasta poder trasladarse al Monasterio de Yuste, donde tras dieciocho meses de retiro estiraría la pata. Cuatrocientos cincuenta y seis años después, casi medio millar de corredores esperábamos en el mismo lugar la señal para dar comienzo al XIV Medio Maratón de Montaña Villa de Jarandilla.

JK y servidora antes de la carrera (Foto: Antonio, JK's friend)
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3. Hasta la mitad más o menos, que no es poco

Los aproximadamente primeros cuatro kilómetros y medio de la prueba son una sucesión de continuas subidas y bajadas con una pendiente considerable que recorren parte del casco urbano jarandillano y sus alrededores. A grandes rasgos pueden resumirse del siguiente modo: bajada continuada desde el Parador hasta la entrada a la localidad (p.k 1,000), se deja la carretera para tomar una vía pecuaria con superficie de tierra que presenta una fuerte y corta pendiente al principio, una zona de llano junto a la zona del "lago" y otra nueva pendiente corta para subir hasta el “polígonito” industrial (p.k. 1,900), de nuevo sobre asfalto descenso hasta la carretera de entrada a la localidad, desde allí fuerte subida hasta las proximidades de Parador (p.k. 3,400) y una última bajada muy pronunciada buscando el Puente Barral (p.k. 4,400). Aunque en ningún momento hubo apreturas, esta primera parte sirvió para estirar la carrera, para ir poniendo a cada uno en su sitio y para que las piernas se dieran los primeros calentones.

El paso sobre el bello Puente Parral, de hechuras medievales, gran altura y construido sobre la Garganta Jaranda supone la salida definitiva de Jarandilla, a la que no volveremos ya hasta el final del medio maratón. Desde allí la carrera transita inicialmente por una amplia calzada de asfalto que aproximadamente mil metros después deja paso a una superficie de tierra muy compacta y lisa que se interna en un precioso robledal. Aunque suave, el perfil es siempre ascendente desde que cruzáramos el puente.

Salí despacio como en mi es habitual, y hasta que no alcanzamos el primer tramo de tierra no espabilé. El continuo sube y baja “explosivo” me cargó un poco el gemelo derecho, pero nada preocupante para el resto de carrera.

Unos metros antes del punto kilométrico 7,000 llega la primera dificultad seria: la subida a Cerro Pino. Un giro a la derecha nos saca de la amplia vía forestal para meternos en un angosto camino de inclinación bastante considerable, con piso irregular de tierra en el que abundan las piedras sueltas y cubierto por un manto marrón grisáceo de hojas de roble. Es poco más de un kilómetro y medio lo que tiene de longitud, pero se hace bastante duro y no son pocos los que echan pie a tierra para negociar alguna parte caminando. Es de toda la prueba el tramo que más se asemeja a lo que tradicionalmente se conoce como una prueba de montaña.

Cuando se llevan aproximadamente ocho mil quinientos metros de carrera, se sale del bosque de robles a un terreno abierto.En un principio la subida se suaviza para acto seguido transformarse en una ligera cuesta abajo que ha de conducirnos hasta poco más allá del punto kilométrico 10,000. Es una ocasión magnífica para recuperar fuerzas y disfrutar del paisaje que puede divisarse a la derecha.

En esta parte me encontré mucho mejor. Ya metido en faena, la subida continua la llevé mejor que el "subeybaja rompepiernas". Mi ritmo era mejor que muchos de los participantes que me precedían y adelanté no pocas posiciones a pesar de pararme un par de veces a tirar alguna fotillo.

Por el robledal (Foto: Yomismoconmimecanismo)
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4. Segundas partes nunca fueron llanas

Cerca del kilómetro diez, la superficie de tierra vuelve a dejar paso a la de hormigón. La vista general que se tiene desde allí de lo que está por llegar de forma inmediata es muy clarificadora El perfil dibuja una V espectacular de unos mil setecientos metros de longitud. Situados en el extremo superior izquierdo de la V, a nuestros pies se inicia una bajada vertiginosa y, a lo lejos, justo enfrente de donde nos encontramos, puede observarse una subida igual de vertiginosa en la que los colores vivos de las camisetas de los participantes destacan sobre los tonos oscuros del paisaje. La sensación es extraña. Uno quiere que el descenso que va a iniciar se acabe lo antes posible, pues cuanto más abajo haya que llegar para alcanzar el vértice de la V, más habrá que subir después.

Este ascenso es la segunda dificultad seria de la carrera. Son más de ochocientos metros de subida ininterrumpida con un alto porcentaje de desnivel. Toca doblarse hacia delante, acortar la zancada, sufrir y buscar como un poseso aire que meter a los pulmones. Superado el muro, se abandona la vía hormigonada para tomar un estrecho camino de tierra por el que se transita durante cinco hectómetros y que culmina en una corta bajada con piedras sueltas que, junto con la subida a Cerro Pino, resulta ser la parte con mayor dificultad técnica de todo el medio maratón.

A pesar de las cuestas me encontraba bastante bien. Me llevé una sorpresa cuando al pasar junto al cartel del kilómetro diez mi tiempo era muy similar al de una carrera urbana. A la sorpresa se le unió una sensación de cierto canguelo por si me estaba pasando de rosca y podía pagarlo en la segunda parte de la carrera.

Apenas un poco antes de alcanzar el punto kilométrico 12,000, se llega a la carretera de Aldeanueva. Desde ese momento ya no se abandona el asfalto hasta meta.

La de Aldeanueva es una carretera estrecha que discurre rodeada de árboles por la ladera la montaña. Aunque pica hacia arriba no lo hace de forma continua, presentando una sucesión de toboganes que castigan las piernas ya fatigadas a esas alturas de carrera. El paisaje que se atraviesa es de una gran belleza y recuerda en parte al de la zona norte de la península (Asturias o Cantabria). Altas montañas, valles, corrientes de agua bajando con fuerza por las laderas, nubes agarradas a los picos… ¡Hasta el sol se asomó en esos momentos para dar un mayor colorido al paisaje!

Cuando se llevan completados catorce mil quinientos metros, llega la última gran dificultad de la carrera. El ascenso al Guijo de Santa Bárbara tiene una longitud que supera el kilómetro y medio, con unos altos porcentajes de desnivel en sus rampas y sin ningún descanso que permita tomar algo de aire. Este es el verdadero juez de la carrera, el que te va a decir si has corrido de forma inteligente y de acuerdo a tus posibilidades. Si has guardado fuerzas y te encuentras bien notarás enseguida que, aunque sufras, comienzas a remontar posiciones de forma rápida. Si te has excedido en el esfuerzo previo, las cuestas te pondrán en tu sitio, serás tú el que seas adelantado de forma inmisericorde por numerosos rivales y pasarás un auténtico calvario.

¡Ufffff! En estos kilómetros tocó sufrir. Los continuos toboganes se agarraban con fuerza a las piernas y uno tenía la sensación de que avanzaba poco. Además, la aparición del sol unida a mi excesiva vestimenta me hizo sudar la gota gorda y sofocarme más de la cuenta. La subida al Guijo descojonaba al más pintado pero al tran tran sabría que no habría problema. A pesar de todo iba muy animado pues cada vez adelantaba más y más posiciones.

Culminada la última ascensión, un pequeño llano de unos cientos de metros para recuperar el aliento y avituallarse antes de iniciar el descenso final por la carretera hacia Jarandilla. Son prácticamente cinco mil metros de bajada muy cómoda en la que uno puede echar el resto y alargar la zancada todo lo que quiera o pueda. Salvo alguna curva un poco cerrada, las demás son fáciles de negociar y solo las hojas caídas de los árboles y mojadas por la lluvia de las horas previas obligaban a tener cierta precaución.

Al final de la bajada se gira a la derecha y, simplemente dejándose llevar por la inercia, se recorren los últimos cien metros hasta la línea de meta.

Prácticamente al comenzar el descenso, junto con uno que alcance y otro que me cogió, formamos un grupo de tres corredores que nos marcamos un ritmo muy alegre que pudimos seguir sin problemas (o al menos, si alguno no podía, lo disimuló bien). Cuando llegando al arco de meta ví en el reloj allí instalado por la organización el tiempo que llevábamos empleado me costó creerlo: 1:38:01 (diez segundo menos por mi reloj) Para la exigencia del medio maratón y teniendo en cuenta lo que soy, me pareció una marca fabulosa. ¡Y en el puesto 114 de los 402 llegados! ¡Cojonuo!


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5. Echando el cierre

No quiero olvidarme de los organizadores ni de los espectadores. Los primeros nos trataron muy bien. Cronometraje con código de barras, avituallamientos cada cinco kilómetros y en meta, recorrido bien marcado en las zonas que discurrían por el campo, tráfico inexistente en los tramos de carretera, comida de la pasta tras la carrera y bolsa del corredor con un cajita de pimentón de la vera, una galleta, unos bolígrafos y una camiseta. Además se destinó parte del importe de la inscripción a la adquisición de un desfibrilador y a la formación de personas para su manejo.

En cuanto a lo espectadores, su apoyo y animación fue genial en los lugares “habitados” del recorrido. En la salida, en el tránsito por Jarandilla, en el Puente Barral, en to' lo alto del Guijo y en meta, sus aplausos y sus gritos de ánimo se agradecieron sobremanera.

En resumiendo, un medio maratón exigente (no de montaña), variado, en un entorno bellísimo, con buen ambientillo y bien organizado. A mí me gusto y pienso que merece mucho la pena. Os lo recomiendo.

Y más. Solo decir que con el de Jarandilla alcanzo la vigesimosexta provincia para el proyecto "Un país en mi mochila", y que también me ha servido para batir el record personal de medios maratones en un año (van veintitrés). Creo que aplicaré el plan Bubka y no participaré en ninguno más de aquí a final de año para ver si en 2013 puedo volver a mejorar la plusmarca.

El próximo domingo toca hacer el marmota. Ya os contaré. Sed felices.



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domingo, 18 de noviembre de 2012

II Medio Maratón Ciudad de Cuenca

Por el carril bici de la carretera a Tragacete (Foto: Organización)
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1. Introduccion

Tengo un poco abandonado el proyecto que bauticé en su día como “Un país en mi mochila”. No es que haya dejado de correr fuera de Madrid, todo lo contrario. Lo que ocurre es que no actualizo las cifras desde hace más de un año, de forma que lo que aparece actualmente publicado se ha quedado más anticuado que los chistes de Arévalo.

Digo todo esto porque el pasado fin de semana me desplacé a la tierra del alajú, de José Luis Perales, de las casas colgadas que no colgantes, del resolí, del morteruelo y del desaparecido José Luís Coll para disputar el II Medio Maratón Ciudad de Cuenca. Sumé así una nueva provincia a las que ya tenía en el macuto (van veinticinco creo) y completé con ella todas aquellas que son fronterizas con Madrid. ¿Apasionante verdad? Venga, pues no os perdáis la emocionante y trepidante crónica del evento ¡Os va a encantar! Anda mira, que bien traído: encantar, encantada, Ciudad Encantada

En fin, no me tengáis esta introducción muy en “cuenca”. Vamos al grano.

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2. La carrera

Llegaba yo a las horas previas del medio maratón conquense con muy poquitas ganas de jarana la verdad. Por un lado la información sobre la carrera que aparecía en la página web, que dicho sea de paso no había leído antes de inscribirme, no me digáis por qué pero no me transmitía buenas sensaciones. Me preocupaba un poco que la salida y la llegada no se ubicaran en el mismo lugar (así a golpe de plano, debían estar a más de dos mil metros de distancia), más aun cuando no conocía la ciudad y no iba a llegar muy sobrado de tiempo. Por otro lado la previsión meteorológica anunciaba frío, viento y lluvia para la mañana dominical. A todo esto había que añadirle que aparte de los veintiún kilómetros corriendo, me tenía que chupar otros cerca de trescientos cincuenta en coche. En resumen, que cuando a las 6:40 AM del domingo sonó el puñetero despertador tuve que dedicar unos segundos a rebuscar las ganas necesarias para abandonar el cobijo de las sábanas.

He de reconocer que cuando arribé a Cuenca mi ánimo cambio. Enseguida encontré el lugar donde su ubicaba la meta y, siguiendo por la misma calle y con un poquito de atención, tampoco me fue difícil subir hasta la parte alta de la ciudad y alcanzar el mirador de la Hoz del Huecar. Allí en menos de una hora se daría la salida de la prueba. Recogí el dorsal junto con el que me entregaron una barrita energética y volví a bajar en coche hasta el "polideportivo" Luis Yufera, situado junto a la llegada. Señalar que la organización puso a disposición de los corredores un autocar que hasta treinta minutos antes del inicio de la carrera hizo varios viajes para acercar a los participantes que así lo quisieran desde la meta hasta la salida.

Yo opté por aparcar mi coche en las inmediaciones de la meta, no utilizar el servicio de autobús ofrecido y subir al trote a modo de calentamiento los dos kilómetros y medio que separaban las instalaciones deportivas del mirador de la Hoz del Huecar. La verdad es que las vistas desde allí eran dignas de contemplarse. Tanto es así que no importó que la salida se diera con unos minutos de retraso.

Llegando a meta (Foto: Organización)
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Ataviado con gorra y chubasquero que me vinieron de lujo para protegerme del frío y la lluvia intermitente que nos acompañaron, me coloqué en la parte trasera dentro del pelotón que formábamos los cerca de seiscientos cincuenta corredores que allí nos dimos cita. Tras la señal que indicaba el comienzo de la prueba y que no oí, tome la cuneta izquierda para intentar coger sin demoras un ritmo cómodo.

El primer kilómetro presentaba un perfil en V, con una cuesta abajo pronunciada que conducía hasta el barrio del Castillo y, tras desviarnos a la derecha para tomar el Camino de San Isidro, con una subida posterior que nos introducía en la bella Hoz del Júcar. La panorámica desde allí era aun más espectacular que la que se tenía en el mirador de la vecina Hoz del Huecar. Comenzaba entonces un tramo de descenso a veces más tendido a veces más inclinado, que habría de conducirnos hasta la misma orilla del Júcar allá por el punto kilométrico 4,500.

Con una curva de 180º a la izquierda se abandonaba la carretera y se entraba en el camino Fuente Martín Alhaja. Con superficie de tierra, la vía flanqueada a ambos lados por árboles discurría bordeando el Júcar durante cerca de tres mil seiscientos metros. Presentaba un perfil de dientes de sierra, con continuos toboganes que a veces deparaban alguna sorpresa. Cerca de su punto medio el camino abandonaba la orilla del río durante alrededor de un kilómetro, se acercaba a las paredes de piedra del cañón natural y se estrechaba convirtiéndose en una senda sinuosa. Desde mi punto de vista, posiblemente este fuera el tramo más gozoso de todo el medio maratón.

El camino Fuente Martín Alhaja se dejaba al llegar a la altura del conocido como Recreo Peral, alrededor del punto kilométrico 8,000 de carrera. Allí se cruzaba al otro lado del río por un puente y se tomaba el carril bici de la carretera a Tragacete. Seguíamos corriendo junto al Jucar, trazando sus meandros, pero ahora por su margen derecho y en sentido opuesto al que habíamos llevado con anterioridad. El perfil de esta parte también era ondulado, pero la carretera hacía más suaves las pendientes. Fueron cerca de cinco mil seiscientos metros antes de volver a cruzar el río por el puente de Valdecabras.

Superado el cruce se giraba a la derecha para entrar en un nuevo tramo asfaltado conocido como Camino del Agua que, para no ser que menos que los anteriores, discurría también junto al cauce del Jucar. Tras unos mil seiscientos metros alcanzamos y recorrimos de nuevo el camino Fuente Martín Alhaja. Sin embargo en esta ocasión, en vez de cruzar por el puente una vez llegados a Recreo Peral, había que seguir recto en dirección al casco urbano conquense. Si mis cuentas no me fallaban quedaban poco más de dos kilómetros para alcanzar la línea de llegada.

Inicialmente continuamos durante unos cientos de metros más no ya junto al cauce del río, sino sobre el río mismo: corríamos sobre una pasarela de madera que nacía junto a la pared de roca y se extendía elevada por encima del agua. Había que tener un pelín de cuidado porque las hojas caídas de los árboles mezcladas con el agua de la lluvia podían dar un susto en forma de resbalón.

Llegados a tierra firme nos encontramos con la primera de las dos sorpresas que nos aguardaban esta última parte del medio maratón. Y es que para hacer el transito desde la zona del río al asfalto del casco urbano había que salvar una escalera. Si, no uno ni dos escalones, una escalera hecha y derecha. Uno ya se ha metido entre pecho y espalda un par de cientos de carreras y, a decir verdad, no recuerdo ninguna en la que hubiera que negociar una escalera. Pero como suele decirse, siempre tiene que haber una primera vez. Total que me lo tomé con filosofía, me enchufé mentalmente la música de Rocky (nunca olvidaré a Stallone subiendo la escalera del Museo de Arte de Filadelfia) y ascendí los escalones de dos en dos. Alcancé la parte alta prácticamente sin resuello y con las piernas "tontas". Tardé unos cuantos metros en recomponer la figura.

Desde allí y tras un pequeño callejeo, se alcanzaba lo que estaba señalizado como el kilómetro veintiuno. Segunda sorpresa. Uno levantaba la vista desde aquel punto y percibía con claridad meridiana que la recta continuaba más allá de cien metros y sin rastro de la meta. Volví a tomármelo con filosofía y a aguantar lo que viniera, que debieron ser cerca de trescientos metros en vez de los noventa y siete esperados. A mí no me importó en demasía, pero imagino que a los participantes que tomaran la decisión de esprintar en los últimos metros les sentó a cuerno quemado.

Cruzada la meta, visita al pabellón (o “nave deportiva”) Luis Yufera donde te hacían entrega de una medalla, un forro polar, una botella de agua y una lata de bebida isotónica. Y acto seguido y sin detenerme, de ahí al coche a cambiarme, a sufrir el pequeño atasco para poder salir de la ciudad y a tomar camino a casa. Había caído el medio maratón número ciento veinticuatro.

Por el Camino Fuente Martín Alhaja (Foto: organización)
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3. Valoración personal

En líneas generales la carrera me sorprendió gratamente sobre todo por el recorrido. La prueba discurre por un entorno natural de gran belleza, primero con una vista panorámica de las hoces del Huecar y del Jucar, para descender después hasta el cauce del segundo y disfrutar del correr por sus arbolados márgenes.

El ambiente también fue bueno. En cuanto a los corredores, allí nos juntamos seiscientos y pico llegados en buen número de las provincias que circundantes a Cuenca. Respecto a los espectadores, debido al tipo de recorrido y a las condiciones meteorológicas era de esperar que no hubiera mucha animación. Sin embargo los irreductibles amigos y familiares de los participantes y algún que otro curioso se concentraron en la salida, en meta y en los lugares “habitados” del trazado (donde había un restaurante o una zona de ocio).

La organización corrió a cargo del Club de Atletismo Cuenca con la colaboración del IMD del Ayuntamiento de Cuenca. Creo que hay que darles tiempo pues solo estábamos ante la segunda edición de este medio maratón, pero desde mi punto de vista tienen cosas que mejorar. En las cuestiones fundamentales como puedan ser el control del tráfico y los avituallamientos, los organizadores cumplieron. Solo en la carretera de Tragecete compartimos vía con los coches, pero el carril bici era lo suficientemente ancho para que no hubiera ningún problema. Los avituallamientos también fueron los habituales en este tipo de carreras (cada cinco mil metros aproximadamente) y creo que nadie se quedó sin agua. También es de agradecer el servicio de autobús que pusieron a disposición de los corredores para hacer los traslados entre las zonas de salida y meta.

Pero como decía, hay bastantes aspectos mejorables: i) parece que los carteles que señalaban los puntos kilométricos no estaban en los sitios correctos. Había kilómetros que medían más de mil metros y otros que no los alcanzaban, ii) El tiempo en meta se tomó dictando el dorsal de cada uno de los competidores cuando alcanzábamos la carpa situada unos metros más allá de la línea de llegada. Llevábamos un código de barras en el dorsal que yo pensé que estaba allí para ser leído y recoger así nuestro marca. Pero o estaba en un error o aquello no funcionó. El caso es que, a modo de ejemplo, en la clasificación aparecemos tres llegados en el mismo segundo cuando entré más solo que la una, iii) Los vestuarios y duchas del “polideportivo” ubicado junto a la meta presentaban un estado un tanto deficiente y a nada que los llegados los utilizaran (yo no lo hice) eran insuficientes, iv) Si no conocías la carrera e intentabas guiarte por la página web, la información que aparecía no era completa y, en algunos aspectos, estaba desfasada (el reglamento era el del año pasado). Creo que es un factor a cuidar pues no transmite una buena imagen.

En lo personal, yo me lo pasé muy bien. Empecé conservador pero tras los primeros kilómetros, el perfil favorable unido al frío y a la lluvia me hicieron acelerar la marcha. Me encontré bastante bien durante toda la carrera y acabé con un buen tiempo para lo que soy yo. Por mi reloj tomé 1:35:41 y según los organizadores acabé el 204 de los 628 llegados a meta.

Con el II Medio Maratón Ciudad de Cuenca, alcanzó este año la cifra de veintidós carreras sobre esta distancia e igualo la marca del ejercicio 2011.

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4. Salutación y despedida

En el previo de la carrera volví a coincidir con Alfonso, corredor/bloguero con el que me voy encontrando a lo largo y ancho de la geografía española. Compartimos una agradable conversación sobre carreras que tenemos en mente o que ya hemos corrido mientras esperaba el autocar que le acercara hasta la salida. Su visión del medio maratón conquense podéis leerla aquí.

Y esto es todo. Hasta la próxima. Sed felices.

¡Ojo, el recorrido está tumbado! (Norte a la derecha)
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