lunes, 23 de abril de 2012

Blue Suede Asics GT-2150


Mientras las sensaciones van asentándose y a la espera de que tenga tiempo y ganas de currarme una crónica como Dios manda (Rajoy dixit) del Rock’n’Roll Madrid Maratón, voy a contaros una historia breve y colateral de esta carrera.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Esta pequeña chorrada tiene su origen el pasado sábado cerca del mediodía, cuando estaba poniendo los cordones a las blancas y relucientes zapatillas (las había lavado días antes) que debían calzar mis "pieses" en una nueva aventura maratoniana por las calles de Madrid, esta vez a ritmo de Rock’n’Roll estadounidense. No sé exactamente por qué, aunque supongo que sería por una asociación inconsciente de las palabras “zapatilla” y “rock”, el caso es que a mi pensamiento vino de pronto el título de aquella famosa canción compuesta e interpretada por Carl Perkins, aunque quizá más recordada por el publico en general por la versión que Elvis Presley hizo de ella: Blue Suede Shoes.

“¡Ondia! -pensé automáticamente- “¿Te has dado cuenta tío? Blue Suede Shoes. Eso tiene que ser una señal ¿Por qué no te haces tus propias zapatillas de gamuza azul y corres el maratón de mañana con ellas?”. A mí con estas gilipolleces se me convence pronto, así es que no hizo falta que me insistiera. Y si yo me autoconvencí rápido, no os cuento nada cuando verbalice la idea y se la expuse a The New Arganzboy ¡Le faltó tiempo para salir corriendo en dirección a los rotuladores y volver con el de color azul claro!

El resultado lo tenéis en las imágenes que ilustran esta entrada: las fabulosas, únicas e inimitables Blue Suede Asics GT-2150 tuneadas por el heredero con la dirección artística de su progenitor. Unas zapatillas idóneas para bailarse de principio a fin los cuarenta y dos mil y pico metros de un maratón rocanrolero.

Espero que sean de vuestro agrado. Saludetes.




*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Nota: Las zapas aparecen un poco guarrillas pues las fotos fueron tomadas al término del maratón.

viernes, 20 de abril de 2012

XXIX Medio Maratón de Toledo

Imagen extraida del album del C.A. San Idelfonso (https://picasaweb.google.com/100685902082169307870)

La racha de medios maratones que mantenía desde hacía casi dos meses y que me había hecho sumar siete pruebas sobre la distancia en las últimos siete domingos, se truncó hace dos fines semana. Inscrito al III Medio Maratón Canal de Castilla Ciudad de Dueñas, finalmente no asistí. El tener que viajar en el día (más de quinientos kilómetros entre ida y vuelta) y las previsiones meteorológicas que anunciaban una temperatura de alrededor de dos grados centígrados y posibilidad de precipitaciones en forma de lluvia e incluso de nieve, me hicieron entrar en razón y dejarlo para una mejor y más acogedora ocasión.

Así las cosas, estar sin competir hasta el maratón rocanrolero madrileño se me hacía muy largo, así es que decidí en contra de mi comportamiento usual participar en un nuevo medio maratón siete días antes de la gran cita. El elegido fue el XXIX Medio Maratón de Toledo.

Comenzaré aclarando que aunque se denomine Medio Maratón de Toledo, su trazado no discurre por el centro urbano de esta bella localidad, sino que la prueba tiene lugar en el conocido como Polígono Residencial / Industrial de Santa María de Benquerencia. Este es un “barrio” de la ciudad de Toledo que dista alrededor de nueve kilómetros del casco urbano y en el que se entremezclan viviendas y edificios de empresas. Resumiendo y para entendernos: esto es como si el medio maratón que todos los años se celebra en la madrileña Fuenlabrada, en vez de llamarse de Medio Maratón de Fuenlabrada se llamara Medio Maratón de Madrid. Explicado este punto, que creo de importancia, continuamos con otros aspectos.

La prueba estuvo organizada por Tolegesport, S.L., empresa concesionaria de las actividades deportivas del Patronato Deportivo Municipal de Toledo (¡ahí es ná!), en colaboración con la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Toledo y asociaciones y clubs de la ciudad.

Para completar la distancia mediomaratoniana era necesario dar una vuelta a un circuito A (de 1.929,5 metros) y cuatro vueltas a otro circuito B (de 4.792 metros). Para los que no tuvieran ganas de correr tanto también se daba la opción de, una vez completado el trazado A, pararse al finalizar cada una de las vueltas al circuito B, o lo que es lo mismo, además de los 21.097 metros se podía competir sobre las distancias de 6.721,5 metros, 11.513,5 metros y 16.305,5 metros. Sé que leído de carrerilla es un poco confuso y suena a aquello de los hermanos Marx de “la parte contratante de la primera parte”, pero si lo repasáis un poco más despacio os quedará completamente claro ¡Jodo, si hasta yo lo entendí no debe ser tan difícil!

El trazado y el perfil del circuito son también de fácil descripción. Dos largas calles rectas paralelas situadas a distintos niveles. Por una se iba y por otra se volvía. Prácticamente llanas, los únicos desniveles relevantes se correspondían con las transiciones necesarias para llegar de la una a la otra y de la otra a la una. En número de cuatro por vuelta, había dos de subida y dos de bajada, dos en los extremos del circuito y dos en el centro.

Leídos los dos párrafos anteriores es posible que saquéis la conclusión de que el recorrido no era muy atractivo. Pues estáis en lo cierto. Feo de pelotas, aburrido y sin apenas gente animando (salvo en los pasos por meta y por el avituallamiento muy próximo a ella). Lo bueno es que como había que dar cuatro vueltas era más difícil perderse que marearse. Adicionalmente, comentar que los kilómetros no estaban señalizados y que más de un tramo lo compartí con algún vehículo que abandonaba su lugar de aparcamiento y circulaba junto a nosotros durante un rato.

En lo que a los demás aspectos organizativos se refiere, pues desde mi punto de vista pueden considerarse correctos: cronometraje por chip de esos que se cuelgan en la camiseta o en el dorsal (“por antena” se le denominaba en el reglamento), un avituallamiento líquido en carrera por el que se pasaba dos veces en cada vuelta, avituallamiento final con agua, bebida isotónica, frutos secos y fruta, y bolsa del corredor con camiseta técnica bastante mala, revista atrasada y barrita de cereales.

De agradecer las carreras para las distintas categorías que tuvieron lugar antes de la absoluta. El número de participantes “menudos” casi alcanzó los cien, mientras que en los mayores, de cuatrocientos inscritos, doscientos cuarenta y nueve completamos la distancia del medio maratón.

Por último hacer mención al día tan desagradable que amaneció. Amenazando lluvia que al final no cayó, la mañana estuvo fría y con un viento molestísimo que se sufría sobre todo en la recta de “abajo” donde pegaba de cara.

Por mi parte, me tomé la carrera con tranquilidad porque el maratón estaba a siete días vista y porque arrastraba molestias en la zona del aquiles izquierdo desde el miércoles anterior. A un ritmo cómodo y constante, sin mirar el reloj en los veintiún mil y pico metros, completé la prueba en 1:42:13 y ocupé el puesto 141 de los 249 llegados a meta. El aquiles dio una guerra relativa, y aunque tuve molestias que fueron aumentando a medida que avanzó la competición, al enfriarse el dolor no fue a más. Solo me deja la duda de cómo aguantará (porque por mis santos c...... que aguantará) todos los kilómetros del próximo domingo. Para intentar que lo haga lo mejor posible, esta última semana solo he salido dos días sumando unos ochenta minutos en total.

Conclusión: Evento sin grandes pretensiones. Si vives cerca de Toledo, no tienes nada mejor que hacer y no quieres hacer la tirada larga de la semana en solitario, te puede ser de utilidad. La organización cumple con lo justo, el circuito es monótono y el ambiente escaso.

Nada más. Ahora toca enfrentarse otra vez al maratón. Espero contároslo lo antes posible. Hasta entonces, sed felices que es lo que les jode.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

viernes, 6 de abril de 2012

XII Medio Maratón de Madrid

Foto de Sebas Navarrete (http://www.fotorunners.blogspot.com/)
  *-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Los que de vez en cuando deis un garbeo por las entradas de este blog ya seréis conocedores de mi aversión a las carreras multitudinarias, clase de competiciones en la que hace bastantes años está englobado el Medio Maratón de Madrid. Sin embargo, a pesar de ello, cada cierto tiempo no puedo reprimirme y, aun a sabiendas de lo que hay, vuelvo a picar. Y es que, quieras que no, la cabra tira al monte y el cabrón al Madrid Half Marathon.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

1. EL CONSEGUIDOR

Mi idea inicial era no correrla, romper la racha mediomaratonil de las últimas semanas (seis medios marotenes en los últimos seis findes) y descansar un poco de tanta competición para encarar con ganas el maratón rocanrolero de dentro de veinte días. Por ello dejé pasar alegremente el plazo de inscripción sin la más mínima intención de apuntarme.

Sin embargo hete aquí que de buenas a primeras la madre de mi hijo y el retoño de mi compañera sentimental decidieron aprovechar sus días de vacaciones y mis jornadas de curro para irse a la playa antes de que comenzara el núcleo duro de la semana santa (jueves, viernes, sábado y domingo). Viéndome “home alone” en plan Macaulay Culkin pero con pelos en los…., mi materia gris entró en funcionamiento y encajó las piezas ¿Qué hacer una mañana dominical mejor que echarse una carrera por importantes arterias de Madrid en compañía de tropecientos mil compañeros y compañeras (sindicatos dixit)? Pues quitando ir a misa, nada. Y teniendo en cuenta que mi religión me prohíbe asistir a la celebración de la eucaristía, la solución era fácil.

Tomada la decisión, el viernes por la noche me puse a buscar por internet y… ¡zasca!, unas horas después ya encontré a alguien que por lesión finalmente no podría participar y me cedía su dorsal. Como ya ocurrió hace tres años, la última vez que completé esta carrera, participaría en el XII Medio Maratón de Madrid usurpando la identidad de otro corredor. A mí la verdad es que esto me crea cierto nerviosismo pues por cerca de dos horas dejo de existir y me convierto en una persona a la que no conozco de nada. Imaginaos que por cuestiones de la vida, acabada la carrera no pudiera volver a mi antigua identidad y quedara atrapado en la de esa otra persona que me facilitó el dorsal ¿no os da un poquito de canguelo? En fin, pajas mentales mías. Volveré sobre ello en otra ocasión.

A lo que íbamos, que una vez cerrado el trato en un foro de atletismo, el conseguidor y yo acordamos que la entrega de la mercancía se haría a las 8:40AM junto a la iglesia ubicada en la esquina de C/ Alcalde Sainz de Baranda con C/ Lope de Rueda, muy cerca del Parque del Buen Retiro.

El domingo alcancé a pie el lugar del intercambio con puntualidad británica. Allí había tres personas ¿Cómo saber cual de ellas era el conseguidor? En nuestro contacto en la red, demostrando nuestra profesionalidad, no nos dimos pistas en cuanto a nuestra apariencia ni, por supuesto, intercambiamos números de móvil. Quizás hubiera sido buena idea decir que yo iba a llevar un clavel en le ojal, pero mi sudadera no tiene ojal y a mí me dan alergia las flores (concretamente su polen). Total que debía recurrir a mis conocimientos detectivescos aprendidos en los libros de los Jóvenes Castores para solventar la situación.

La primera persona que descarté fue la mujer ubicada junto a la puerta de la iglesia. De rasgos gitanos y edad avanzada, se afanaba en coger pequeñas ramas de olivo de un gran montón que tenía frente a ella y en atarlas con un cordón formando ramilletes. No me dirigió ni una mirada. O era un as del disfraz o aquella señora no era mi contacto.

Los otros dos eran hombres. El más cercano a mí adornaba su cara con un poblado bigote y estaba comiendo un plátano apoyado en un coche. Me miró cuando llegué y me detuve no muy lejos de él, pero no hizo ademán de dirigirse a mí. Lo observé durante unos largos segundos y llegue a la conclusión de que él tampoco era el vendedor del dorsal: su uniforme verde en varios tonos y el carro a su lado con dos cubos de basura, un cepillo y un recogedor me dieron la pista definitiva. Por descarte, el conseguidor debía ser la tercera persona, aquel joven que portaba una bolsa de plástico con la palabra Asics impresa en ella en una de sus manos y un dorsal con el número 12.129 en la otra.

Me acerque hasta él silbando la canción de “Caramelos” de Los Amaya para no levantar sospechas. Cuando llegue a su lado le dije como si hablara al cuello de mi sudadera (no tiene ojal, pero si cuello):
- “Ese tipo con bigote…”
- “…tiene cara de hotentote” - respondió él al instante.
Mi intuición no había fallado ¡estaba ante el conseguidor! En un gesto rápido le entregué la cantidad dineraria pactada mientras él me daba el dorsal y la bolsa de Asics.
-¡Suerte! –Me dijo
-Gracias – respondí con sonrisa nerviosa.
Tras un apretón de manos que selló la transacción, cada uno tomamos una dirección diferente. Enseguida me confundí entre los muchos corredores que se encaminaban al Retiro.

Collage narcisista
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

2. EL FUERASITIO

No voy a engañar a nadie, ni siquiera a mí mismo. Ya he corrido otras veces el Medio Maratón de Madrid y, aunque no llegaba al número de participantes de esta edición, ya sabía a lo que me exponía y seguramente lo que encontraría. También es cierto que eso no quita que a lo largo de la mañana me sintiera en un habitat correril extraño al mío, que tuviera la impresión en numerosas ocasiones a lo largo de la mañana de ser un fuerasitio.

No recordaba el Retiro tan lleno de gente desde las pasadas JMJ (o como se llamaran). Las únicas diferencias con aquel entonces era que esta vez la peña no llevaba guitarras sino pulsómetros, que los confesionarios de diseño habían sido sustituidos por modernos urinarios y por casetas para “ir a gestionar marrones” y que en vez de monjas, curas y demás especies religiosas había corredores y fitnesseros de variada condición.

La zona de meta se asemejaba mucho a la que normalmente se dispone cuando del Maratón de Madrid se trata. La larga recta con gradas que culmina en la pancarta de llegada, la zona de avituallamiento, la de fisios y allá al fondo las tiendas de campaña tipo militar que hacen las veces de guardarropa. Dieciocho tiendas, una por cada mil dorsales ¡la leche!

Dejé con tiempo la bolsa en el guardarropa (que funcionó muy bien dicho sea de paso) y me fui a calentar al otro lado del parque para tener algo de intimidad y "regar las plantas". A falta de poco menos de cuarto de hora y en vista del elevado número de participantes, decidí volver al Paseo de Coches para colocarme en la salida. Ya había bastante gente esperando, pero no me fue difícil llegar hasta el cartelito que señalaba el comienzo de la zona reservada (o más bien recomendada) para aquellos que teníamos previsto un ritmo de carrera que nos aproximara a 1h 40min. Sobre la colocación de la people en los “cajones de salida” no voy a hablar porque es un tema muy manido y no quiero aburrir más de lo necesario. Solo decir que hasta que no se coja a unos cuantos de esos que se plantan donde por tiempos no les corresponde y se les castigue escuchando el acústico de Bisbal en el Teatro Real de Madrid durante veinticuatro horas seguidas, no aprenderemos. ¡Mano dura es lo que hace falta!

Esperando allí de pie me comencé a sentir como los que personajes que solía interpretar Paco Martínez Soria, aquellos hombres poco pulidos que venían del pueblo a la gran ciudad con una maleta atada por unas cuerdas y que, tras salir a la calle desde la estación de Atocha, quedaban entre impresionados y estupefactos. Me gustaría haber visto mi expresión allí metido entre más de dieciséis mil corredores que abarrotaban el Paseo de Coches desde la altura de Florida Park hasta más allá de los jardines de Cecilio Rodríguez. Era un fuerasitio en toda regla con la identidad de un desconocido ¡Vaya tela!

Pasados por mi reloj unos minutos de la hora prevista de inicio, me pareció oír a lo lejos un disparo. Mi primer pensamiento es que los organizadores habían empezado a ejecutar a los que habían elegido un cajón de salida más adelantado del que les correspondería (“Jodo, con lo de Bisbal hubiera sido suficiente” pensé para mis adentros). Pero que va. Al ver desde mi privilegiada altura que los primeros empezaban a moverse deduje con acierto que aquel no había sido más que un disparo de fogueo para indicar el comienzo de la prueba.
En mí caso, después de seguir clavado en el sitio durante un ratito más y tras un paseíto hasta alcanzar la línea de salida, la carrera se inició cerca de dos minutos después del ¡pum! inicial. Paciencia. Si mis pesimistas presagios se cumplían, al menos lo tres mil o cuatro mil primeros metros iban a ser una masiva peregrinación en que no iba a haber forma humana de poder coger mi ritmo.

Pero no. Felizmente para mí me equivoqué de cabo a rabo. Recién abandonado el pulmón verde madrileño, me pegué al bordillo izquierdo (resultó ser una estrategia acertada) y muy pronto pude correr más o menos a la velocidad que quería. Esto no quiere decir que fuera cómodo ni mucho menos. En todo momento estaba rodeado de un gran número de corredores de movimientos imprevisibles, lo que unido a que ya no estoy acostumbrado a desenvolverme en competiciones con un número elevado de contrincantes, hizo que fuera en tensión y con los cincos sentido alerta hasta el comienzo de la subida de la C/ Santa Engracia, alrededor del punto kilométrico número cuatro. A partir de allí la amplitud de las vías y que el grueso del pelotón se fuera estirando permitieron un poco de relajación que volvía a perderse periódicamente cada cinco kilómetros con la llegada de los ajetreados y peligrosos avituallamientos. Especial atención para el ubicado en el kilómetro diez donde, para darle mayor emoción y poner a prueba la capacidad esquivatoria y los reflejos de los sufridos mediomaratonianos, en vez de entregarse las botellitas de agua por ambos lados de la calle, se hizo solo por uno de ellos.

Dicho todo esto, lo mejor de participar en el XII Medio Maratón de Madrid es que se convirtió en un ensayo perfecto para el muy cercano ya Rock’n Roll Madrid Marathon. Además de hacerme recordar lo que es correr rodeado de un sin fin de participantes, hecho que se repetirá en el maratón, también me sirvió para refrescar lo puñetera que es la orografía de la capital del reino español: la subida inicial por C/ Principe de Vergara desde El Retiro hasta C/ Diego de León (mil quinientos metros aproximadamente), el tramo interminable que va desde C/ Alonso Martínez a la Plaza de Castilla (¡cinco mil metros!) , el repecho de C/ Serrano y C/ Diego de León allá por las proximidades del punto kilométrico número catorce y el nuevo final, copiado exactamente del maratón, con la estocada de la pequeña subidita de C/ Alfonso XII desde Atocha y el descabelló de la C/ Alcalá (desde la Puerta de Alcalá mírala, hasta la entrada en el Retiro por el Paseo de Coches), fueron las principales dificultades que salpicaron el trazado y que ayudaron sin duda a minar las reservas físicas de los que completamos la distancia mediomaratonil.

Dentro de este ensayo general del maratón también estuvo incluido el factor “publico/ambiente”. En general no faltó gente animando en casi todo el recorrido, destacando el tránsito por la Plaza de Castilla, el pasillo humano formado en la esquina de C/ O’Donell con C/ Menéndez Pelayo (km 16) que, aunque entorpeció el flujo normal de los corredores, nos puso la piel de punta y los pelos de gallina, y la abarrotada larga recta de llegada. El ambiente, siendo bueno, era bastante diferente al del maratón. El domingo podía verse a simple vista a bastantes participantes novatos y otros de trazas fitnesseras que seguramente serán sustituidos por otros mas curtidos y rodados en el próximo maratón.

En resumen, que teniendo claro inicialmente lo que uno se podía encontrar, el XII Medio Maratón de Madrid fue una carrera bien organizada, con un gran ambiente, con un recorrido exigente y atractivo, con buena animación y ambiente y que sirvió como un muy buen ensayo para los que tengamos planeado enfrentarnos al renovado maratón de Madrid. Vamos, que al final fui un satisfecho fuerasitio de identidad usurpada. 

Recorrido del XII Medio Maratón de Madrid
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

3. EL NUMERÓLOGO

Novena competición del año de las que ocho han sido medio maratones, los últimos siete consecutivos en los últimos siete fines de semana. Alcanzo en total los ciento diez medios maratones, incluidos siete de Madrid de las doce ediciones celebradas hasta el momento. Según la clasificación final ocupé el puesto 2.683 de los 13.744 llegados a meta empleando un tiempo bruto de 1:40:19 y neto de 1:38:16 (4:39 min/km). A partir de todos estos datos infiero que la próxima carrera será exactamente la siguiente.

Sed felices.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


El perfil
*-*-*-*-*-*-*-*

sábado, 31 de marzo de 2012

VII Medio Maratón de Bolaños de Calatrava

Foto cortesía de la organización
 *-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Otros quehaceres de la vida civil y un apagón de internet en mi conexión domiciliaria, han hecho que está crónica sobre el VII Medio Maratón de Bolaños de Calatrava llegue con un poco de retraso a las pantallas de todo el mundo mundial. Como penitencia por esta tardanza, me impongo el ser breve y no enrollarme en demasía.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Echando la vista atrás, compruebo que después de seis semanas corriendo un medio maratón cada domingo, mi mayor racha hasta la fecha, curiosamente el de Bolaños podría ser el que completara el círculo: supuso volver a tierras ciudadrealeñas y participar en una nueva prueba del Circuito de Carreras Populares de esa provincia, características que comparte con el Medio Maratón de Valdepeñas, prueba que inició la serie.

Bolaños es sin embargo una localidad con menor tamaño que Valdepeñas y su carrera es más modesta que aquella. Organizado por la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Bolaños de Calatrava con la colaboración del Club Atletismo Bolaños, este medio maratón tenía su salida y llegada ubicadas junto al Pabellón de Deportes. En sus proximidades se pudo aparcar sin problemas y en el propio pabellón se realizó la entrega de chips y dorsales previa a la salida y la de la bolsa del corredor una vez completada la carrera, se ubicó el ropero y se pusieron a disposición de los participantes los vestuarios y duchas.

La salida para los quinientos y pocos corredores que allí nos dimos cita se dio puntual, pasándose sin agobios sobre la alfombrilla lectora que más tarde permitiría conocer el tiempo bruto y neto de cada uno de los corredores.

Se trataba de dar dos vueltas a un circuito que recorría prácticamente la totalidad del casco urbano bolañego, pasando por su centro histórico, junto a sus monumentos más destacados y también, en las partes más alejadas, por alguna pequeña zona de naves e incluso por algunos hectómetros de la denominada Ruta de Don Quijote. En su mayor parte la prueba se desarrollaba sobre asfalto, aunque existieron tres tramos en cada giro en que también se corría por la tierra de los caminos rurales, lo que daba más variedad y la hacia un más amena.

El perfil del recorrido fue fundamentalmente llano, aunque menos de lo que yo pensaba al principio. No se trató de un medio maratón exigente, pero si hay que tener en cuenta que existieron varias cuestas de bastante longitud y de suave pendiente en las que si forzabas más de lo necesario corrías el riesgo de quedarte un poquillo atragantado.

El que el trazado fuera más bien céntrico hizo posible que, a pesar de que la población bolañega no es muy numerosa (alrededor de trece mil habitantes), no faltara gente animando a las puertas de sus casas en bastantes lugares. No voy a decir que aquello fuera una fiesta, pero cierto ambientillo si tenía. Además de  los vecinos, también hay que mencionar a los voluntarios animosos que ayudaron en la organización y a los agentes de policía que, con la colaboración de los automovilistas, controlaron perfectamente el tráfico rodado.

Los avituallamientos se situaron cada cinco kilómetros y se completaron adicionalmente con los “aguadores” del Club Ciclista El Abrojo que amablemente siguieron el desarrollo de la carrera en sus bicicletas ofreciendo botellitas de agua a quien las solicitara. Tras culminar la prueba, bolsa de palomitas, rollito de bizcocho con nata, botella de agua, botella de vino y camiseta.

En resumen, el VII Medio Maratón de Bolaños de Calatrava resultó ser una carrera sin grandes pretensiones pero muy apañadita. Bien organizada, con adecuada participación, con apoyo popular, con buen ambiente, con un circuito urbano de perfil poco exigente… Vamos, que sabiendo a lo que se va, la carrera cumple con creces.


Cruzando la meta en gesto "chiquitense" (Foto organización)

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

A pesar de que durante la semana arrastré un pequeño constipado, la verdad es que el domingo por la mañana me encontraba casi perfectamente. Lo que si tenía era un poco de sueño porque entre que el destino estaba a doscientos kilómetros de Madrid, que la carrera empezaba a las diez y que justo la noche previa se había cambiado la hora adelantando sesenta minutos los relojes, no sé si llegaron a cinco y poco las horas que dormí.

La idea inicial era igual que la de las últimas semanas. Se trataba de acumular kilómetros y, sobre todo, tiradas largas de cara al Maratón de Madrid de las próximas semanas. Sin embargo una chorrada radiofónica cambió los planes.

A la misma hora de comienzo de la prueba también tenía su inició programado el Gran Premio de Formula 1 de Malasia. Mi intención era sintonizar alguna emisora en el MP4 que me permitiera escuchar la retransmisión mientras corría. Así, al darse el disparo de salida, comencé a dar varias vueltas al dial de arriba abajo y de abajo a arriba, sin encontrar en la repetida búsqueda ninguna emisora en FM (mi aparatillo no tiene AM) que lo emitiera. Visto lo visto, me enchufe los Kings of Leon a to'trapo y a seguir corriendo.

Toda esta maniobra me llevó aproximadamente los que tardé en recorrer los dos primeros kilómetros de carrera. Cuando miré el reloj comprobé que los había hecho a una media de unos 4:50 min/km. Teniendo en cuenta que suelo salir mas lento de lo que termino ¿Por qué no intentar repetir la forma de correr de otras carreras pero empezando en un ritmo unos veinte segundos más rápido por kilómetro?

Así lo hice y la verdad que la cosa salió mejor de lo que pensaba. Durante casi toda la carrera aguanté bastante bien, aunque en los tres mil o cuatro mil metros finales tuve que sufrir un poco. Completé los 21.097 metros en 1:35:15, a un media de 4:31 min/ kilómetro, y ocupé el puesto 225 de los 501 llegados a meta. Repasando datos, no me movía en esos tiempos desde el Medio Maratón de Villaverde disputado el pasado mes de diciembre. Total, que muy contento pues me sirvió para dejarme de paños calientes y demostrarme que si me esfuerzo puedo estar en las marcas de hace unos meses. Otra cosa es pensar si me merece la pena. Dicho todo esto me quedó una duda ¿estaría bien medida?

Como decía al principio, sexto medio maratón seguido, disfrutando en las carreras y en los entrenamientos, con la idea de que voy recuperando el estado de forma, con alguna pequeña molestia pero sin la ristra de dolores que me jorobaron a principios de año… Solo puedo pedir que en el ámbito del correr siga la buena racha.

Sed felices.

Posdata: Como suspendieron el Gran Premio durante un buen rato por culpa da la lluvia, finalmente pude escuchar el desenlace en la radio del coche de vuelta a Madrid. Grande Alonso que consiguió volver a lo más alto del podium subido a un cortacésped de Ferrari ¡A ver si mejoran el coche leñe!




*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

sábado, 24 de marzo de 2012

XXII Medio Maratón Ciudad de Málaga

Al paso por la catedral (http://www.diariosur.es/)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

1. La previa

El XXII Medio Maratón Ciudad de Málaga se presentaba a priori como una carrera atractiva por distintos y muy variados aspectos. Así lo entendimos al menos los tres mil quinientos participantes que agotamos el cupo de inscripciones disponibles antes de la fecha límite. Además, a estos tres millares y medio se nos añadieron otros quinientos más que, como se está convirtiendo en norma habitual en muchos eventos populares, iban a tomar parte en la primera edición de la carrera sobre cinco kilómetros que se disputaría conjuntamente con el medio maratón.

La carrera, organizada por la Asociación Deportiva Malaga Sport, comenzó para los participantes con la retirada del dorsal, chip y camiseta oficial en el Nuevo Estadio de Atletismo “Ciudad de Málaga”. El plazo para hacerlo se abrió el viernes por la tarde y finalizó el propio domingo por la mañana, aunque para los atletas malagueños el periodo no incluía la mañana dominical (solo viernes tarde y sábado).

Para los que no conozcan la capital malacitana, decir que el Nuevo Estadio de Atletismo se encuentra a las afueras de la ciudad, junto al Palacio de Deportes Martín Carpena. Digo esto porque si en años sucesivos hay que seguir acudiendo hasta allí, los que no residan en Málaga y tengan intención de acercarse en transporte público deberán tener en cuenta que se va un tiempo considerable en la maniobra.

Los que hicimos la recogida durante el viernes y el sábado, tuvimos además la oportunidad de visitar una serie de stands que en el las entrañas del estadio ubicaron los distintos patrocinadores de la carrera, los cuales iban desde una conocida marca de ropa deportiva a una empresa de mamparas de baño, pasando por un seguro privado de asistencia sanitaria o la propia Junta de Andalucía. ¡De lo más variado oiga! Además también se instaló con gran éxito de crítica y público, un castillo inflable para entretener a los sufridos retoños de los corredores.

Llamar la atención sobre la camiseta de oficial de la prueba. Yo ya estoy un poco, por no decir muy harto, de recibir en cada carrera una mal llamada “camiseta técnica”, que casi siempre resulta ser una castaña de tomo y lomo. Sin embargo, esta vez era chula y tenía muy buena pinta: hay que reconocer que en las pruebas patrocinadas por la marca germana de las tres bandas todavía se suele “obsequiar” a los participantes con prendas muy decentes.

Examinando el folleto del evento que te entregaban con la bolsa del corredor, había dos aspectos que a priori me causaban cierta incertidumbre de cara a lo que podía suceder en carrera. El primero era que la salida la tomaríamos los cuatro mil desde la pista de atletismo. ¡Ufff, que miedo! Tanta gente apelotonada en lo ancho de una pista me hacía temer que el inicio sería, como mínimo, muy poco fluido.

Además, se indicaba que la zona de salida estaría dividida en dos cajones: uno delante para los federados y otros detrás para los no federados y los participantes en la prueba sobre cinco kilómetros. No sé, era la primera vez que veía este tipo de división en una salida y no me parecía la mejor medida para paliar los efectos antes comentados sobre lo estrecho de la pista de atletismo como zona de comienzo de la carrera.

El segundo aspecto hacia referencia al trazado. Como ya había visto en la página web en el momento de inscribirme, el recorrido era casi en su totalidad paralelo a la costa. Esta circunstancia tenía el riesgo de que como soplara viento, éste nos iba a tener a su merced. Y ya sabemos los que hemos corrido alguna vez que el jodío Eolo tiene la facultad de convertir una carrera placentera en un trámite pestoso.

Habría que esperar al día siguiente para ver como se resolvían ambas incertidumbres.

Entrada al Nuevo Estadio de Atletismo (http://www.diariosur.es/)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

2. La carrera

La mañana dominical amaneció soleada, con un cielo azul radiante pero con un viento fresquito y bastante molesto, que sobre todo se hizo más patente al llegar a la zona abierta donde se ubica el Nuevo Estadio de Atletismo (muy molón, por cierto). Teniendo en cuenta de donde soplaba y el recorrido estipulado, lo normal es que lo tuviéramos a favor a la ida y en contra a la vuelta (como finalmente sucedió).

Tras cambiarme la vestimenta en la zona normalmente destinada al calentamiento de los atletas (bajo las gradas del estadio) y dejar la mochila en el guardarropa, salté a la pista a falta de diez minutos para la hora prevista de inicio de la carrera. La zona de salida ya estaba a reventar. Concretamente, lo que estaba lleno de gente era el segundo cajón, pues el primero, reservado a federados, disponía todavía de un gran espacio libre. Durante los minutos que quedaban para alcanzar las 10:00 horas, la aglomeración fue haciéndose más y más grande en la zona destinada a los “corredores no federados” y solo la apertura del primer cajón unos segundos antes darse el disparo permitió una pequeña recolocación y que casi todos encontráramos un sitio en el interior de la pista.

La carrera comenzaba dando un cuarto de vuelta al anillo (en mi caso, y dada mi posición más bien retrasada, casi media), antes de abandonar el estadio por una de sus puertas. Este trayecto lo tuvimos que hacer muy lentamente y con mucho cuidado para no tropezar con el resto de los participantes. Pocos metros antes de alcanzar el acceso para dejar las instalaciones, el efecto embudo hizo que tuviéramos que volver a andar unos pasos. En resumen, que el ubicar la salida dentro del Nuevo Estadio Ciudad de Málaga la hace muy bonita y animada (en la grada había muchas personas), pero nada práctica. Quizás sería bueno valorar, si no se ha hecho ya, situarla fuera de él, ordenarla por cajones de tiempo y separar la del medio maratón de la de los cinco mil metros.

Los aproximadamente tres primeros kilómetros se realizaron por las calles próximas al estadio y al Palacio de Deportes. Son vías no lo excesivamente amplias para drenar a una marea de casi cuatro mil corredores, con lo que si como me pasó a mí salías un poco retrasado, te podías olvidar de llevar un ritmo más o menos acorde a tus posibilidades hasta no alcanzar la zona costera. Por cierto, durante esta parte de la carrera no vi ninguna señalización de los puntos kilométricos. De hecho creo que el primero que encontré fue el del kilómetro cinco. A partir de entonces, no localicé todos pero si bastantes de ellos ¿faltaban señalizaciones o es que no estuve muy atento?

Con la llegada a la C/ Pacífico comenzaba el tramo que discurría paralelo a la costa y que en una ida y vuelta de unos dieciséis mil metros de longitud representaba el grueso de la carrera. Paseo Marítimo Antonio Machado, Avenida Manuel Agustín de Heredia, Paseo de los Curas, Avenida Cánovas del Castillo y Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso (hasta dar la vuelta en el morlaco), eran las calles por la que se desarrollaba la “ida” de la carrera.. En general este parte era bastante llano aunque tenía un par de cuestecillas que picabann ligeramente hacia arriba en el Paseo de los Curas y en los últimos hectómetros del Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso. A lo benévolo de su perfil se unió que en todo este segmento tuvimos el viento a nuestro favor.

La “vuelta” fue similar a la “ida” con dos variaciones. La primera es que cerca de la Plaza de Toros de la Malagueta el trazado se internaba tierra adentro, rodeaba la hermosa catedral malacitana y volvía de nuevo hacia el litoral. Teniendo en cuenta que el anuncio existente en la página web de la carrera decía textualmente “este año nuevo recorrido por el centro histórico de Málaga”, pues hombre… un poquito optimista ya era ya. La segunda variante es que en este caso se enfilaba hacia el estadio de atletismo de forma directa, sin el callejeo que se hacia en el salida. En esta segunda parte del recorrido, el viento sopló en sentido contrario al de la marcha de los corredores, aunque no con mucha intensidad.

La entrada al Nuevo Estadio de Atletismo y la vuelta que se da a su pista antes de cruzar la meta fue una verdadera gozada. La plasticidad del entorno y el ambiente que había en la grada hicieron de la llegada posiblemente uno de los mejores momentos de la carrera. Es justo reconocer que, aun siendo el punto con más animación, a lo largo del recorrido no faltó gente aplaudiendo y vitoreando el paso de los corredores.

Antes de disfrutar del verde césped para descansar y estirar los músculos, la organización obsequió a los llegados con una medalla conmemorativa, unas piezas de fruta, una botella de bebida isotónica y un grifo de cervecita. Este último “piscolabis” completó los avituallamientos de agua e isotónicos instalados cada cinco kilómetros, además de los puestos intermedios en los que solo se ofrecía agua.

Por último, quien así lo quisiera y no tuviera problema en cambiarse y ducharse rodeado de tropecientos tíos, pudo hacerlo en los vestuarios del estadio. Supongo que el de fémeninas debía estar un poco más desahogado, pero no me permitieron comprobarlo.

Ya de vuelta, allá por el kilómetro 12  (By My Saint)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

3. Mi experiencia
 
En lo que a mí se refiere, sigo en la línea de los últimos meses, aunque esta vez acabé con mejores sensaciones. Salí muy lento, no porque quisiera, sino porque me era imposible ir más deprisa por falta de espacio. Tanto es así que los primeros kilómetros los cubrí cerca de los seis minutos cada uno (sin contar el primero, que con cambio de agua al canario incluida se me fue bastante más allá).

Desde entonces mi ritmo y yo seguimos una progresión positiva, aunque totalmente olvidados del cronómetro, al que no volví a consultar hasta la última parte de la carrera. Acabé bastante rápido para intentar acercarme lo más posible a la 1h 40min, finalizando en un tiempo neto por mi reloj (la organización no lo ofreció al no existir alfombrilla lectora de chips en la salida) de 1:40:21. Si hacemos caso a la clasificación oficial, empleé un tiempo bruto de 1:41:22 ocupando el puesto 929 de los 3.016 llegados a meta. Se deduce de aquí que el nivel medio de los que completamos la distancia mediomaratoniana fue inferior al de otras carreras populares.

Pero más allá del XXII Medio Maratón Ciudad de Málaga, lo mejor de todo fue el pasar tres días allí con un tiempo bárbaro y una dieta a base de pescaito frito y cervecitas ¡peazo de vida! ¡Como envidio a los jubilados alemanes e ingleses! Esas comidas en las terrazas junto al mar de los restaurantes de La Carihuela os juro que no tienen precio.

Lo malo han sido los efectos secundarios. Por un lado mi peso se ha incrementado hasta los 86 kilogramos, cifra que no veía en la báscula desde hace alrededor de tres o cuatro años. No estoy ni mucho menos gordo, pero por mi espalda y mis rodillas conviene que vuelve a situarme en la banda de los 82 o 83 kilos. Ya me he puesto a ello.

Por otro, el paso de los veintimuchos grados malagueños del lunes a los dos o tres de la mañana del martes al ir a currar, me han traído un catarro del que a día de hoy sigo renqueante y que me ha hecho renunciar a un par de entrenamientos. Los peajes de la buena vida supongo.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-* 

4. Conclusión y próxima parada
 
El XXII Medio Maratón Ciudad Málaga, resultó ser una carrera razonablemente bien organizada, con un recorrido que si bien no es céntrico permite disfrutar de la cercanía del mar, expuesta al viento, con un nucleo neurálgico (Nuevo Estadio de Atletismo) demasiado alejado del centro pero muy espectacular como salida y llegada de la prueba, con una buena animación y con una muy variada participación (niveles, paises…). Y sobre todo es una excelente excusa para disfrutar de unos días de una bella ciudad, de sus alrededores y de sus placeres.

Este domingo, si el catarro y la autoridad lo permiten, toca el Medio Maratón de Bolaños de Calatrava. Me da la sensación que será bastante diferente al andaluz de la semana pasada. Ya os contaré.

Sed felices

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

martes, 13 de marzo de 2012

XXXII Medio Maratón de Ciudad Universitaria

Llegando a meta entre la polvareda (imagen cortesía de la organización)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Lo malo de participar en las mismas competiciones un año tras otro y de tener un blog en el que tratas de contar todo lo relacionado con tus peripecias runeras, es que corres el riesgo de repetirte más que un bocadillo de ajos. Porque ¿Qué carajo os digo yo sobre el XXXII Medio Maratón Ciudad Universitaria que no hubiera quedado plasmado ya en la crónica que sobre la misma carrera hice el año pasado? Pues poco la verdad, por no decir nada. Y es que todo sigue igual, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad... ¡como un matrimonio como Dios manda! (que diría aquel).

Por darle relleno a esta entrada y no finiquitarla en dos palabras, diré que el día fue muy bueno meteorológicamente hablando. Soleado pero no caluroso, sin viento y con un cielo azul en el que no se percibió ni el más mínimo atisbo de alguna pequeña nube que nos anunciara la llegada de la ansiada lluvia. Vamos, que como esto siga así, en breve podréis ver ranas con cantimplora a la espalda.

También os puedo contar que ahora que el número de concentraciones ciudadanas en el centro de las principales urbes es algo bastante común, lo nuestro fue algo parecido pero con la diferencia de que estábamos numerados, que habíamos pagado por tomar parte en ella y que al final no hubo unos cuantos que la montaron (o al menos yo no tengo constancia). Allí había más gente que en el primer día de rebajas: cuatro mil y pico compañeros y compañeras según la organización. Si a esto unimos que me coloqué bastante retrasado, el resultado es que pasé por la línea de salida 1min 27 seg después del disparo y que en la primera vuelta no hubo forma de correr a un ritmo medio por debajo de los 5:45 min/km, y eso a base de aprovechar los pequeños huecos que iban quedando y jugándote tener un tropiezo que diera con tus huesos y posiblemente con los de alguno más en el suelo.

Seguro que ya lo sabéis pero también os recordaré que en este evento se da la posibilidad de que des por finalizada tu participación al completar una, dos o tres vueltas al circuito (siete, catorce o veintiún kilómetros respectivamente). Esta triple posibilidad hace que la prueba sea “la carrera para todos (y todas)”, como reza su lema marquetiniano. ¡Ah! y el circuito es bastante exigente, como por otro lado es prácticamente obligado para todas aquellas carreras que en la ciudad de Madrid se disputan.

Y enrollándome mucho y pensando siempre en mis fans más incondicionales puedo incluso hacer referencia a que conseguí un tiempo final neto de 1:40:20 (¡pabernos matao!) entrando en el puesto 599 de los 1.915 que optaron por completar las tres vueltas al circuito. O incluso mencionar que las sensaciones personales estuvieron en algún punto intermedio entre las muy malas de hace dos semanas en Latina y la más mejores del pasado domingo en Salamanca, con una piernas demasiado agarrotadas y posiblemente fatigadas. A ver si me acuerdo y descanso un par de días.

En resumen, que para los que queráis conocer un poco más del Medio Maratón Ciudad Universitaria, os leéis si tenéis ganas la crónica del año pasado de la que a buen seguro sacareis más conclusiones que de la “entrada trámite” que me he marcado esta vez.


¡That’s All Falks! Si todo va bien, el próximo finde toca estrenarse en el Medio Maratón de Málaga. ¡Que ganas tengo! Ya os contaré.

Sed felices y no muráis en el intento.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

jueves, 8 de marzo de 2012

I Medio Maratón Ciudad de Salamanca

Al paso por la Plaza Mayor (by Arganzboy)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

La Comunidad Autónoma de Castilla León se constituyó en 1983 y es la de mayor extensión de nuestro país. Está compuesta por nueve provincias: Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora. Hasta el pasado domingo solo una de las capitales de las provincias mencionadas no tenía un medio maratón propio. Esta carencia fue resuelta con la celebración del I Medio Maratón Ciudad de Salamanca.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

1. El nacimiento de un nuevo medio maratón

Lo primero que hay que hacer en estos casos es agradecer que una nueva carrera se ponga en pie. En los tiempos en que vivimos en que los que todos hemos hecho ya sin quererlo un master en economía, en el que oímos de forma continúa términos como déficit, recortes presupuestarios, desempleo, ERE, concurso de acreedores, etc.., en el que muchas de las competiciones populares en las que participábamos van desapareciendo del calendario atlético popular (esperemos que de forma transitoria), el que haya surgido “el brote verde” del Medio Maratón de Ciudad de Salamanca es todo un logro que debemos reconocer.

Según la página web de la carrera, los responsables de la puesta en marcha de esta nueva aventura han sido un Comité Organizador Independiente (¿?) y el Club Deportivo Cazabaches, que han contado con la inestimable colaboración del Excelentísimo Ayuntamiento de Salamanca, la Excelentísima Diputación Provincial de Salamanca y la Policía Local.

El nacimiento y esperemos consolidación en los años venideros de este medio maratón, ayudará sin duda alguna a que la capital charra tenga una mayor notoriedad en el calendario de carreras populares que a lo largo de nuestra geografía se celebran. Es cierto que hasta el momento ya existía el Medio Maratón de Babilafuente que, con salida en la localidad del mismo nombre, finalizaba en las calles de Salamanca, pero aun teniendo mucho cariño al babilafonteño (lo he corrido en sus dos últimas ediciones), creo que la capital salmantina se merecía tener una carrera propia sobre esta distancia.

Yo en la Plaza Mayor (by My Saint)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

2. La organización: Muy buenos padres primerizos

A muchos de los que llevamos ya unos cuantos años corriendo, la experiencia nos dice que ante una primera edición de una carrera debemos ir con cierta precaución y con una dosis mayor de paciencia y comprensión hacia posibles incidencias o carencias. Tengo que decir que en el caso del I Medio Maratón Ciudad de Salamanca evidentemente hay cosas que pulir, pero la organización en líneas generales fue muy buena.

Comenzar diciendo que la página web de la carrera permitió acceder puntualmente en las semanas previas a toda la información que acaecía en torno a la prueba. Además en ella había enlaces que te ayudaban a conocer distintos aspectos del medio maratón y a las pocas horas de haber finalizado la competición ya era posible acceder a la clasificación.

La inscripción (10€) pudo hacerse cómodamente por internet a través de la central de inscripciones Orycronsport. Como ya os conté en una entrada anterior, con la mía hubo una pequeña incidencia: había hecho el pago pero no aparecía en la lista de corredores apuntados. Puesto en contacto tanto con la organización y con Orycronsport, el problemilla se resolvió rápida y felizmente.

El dorsal y el chip se pudieron recoger a lo largo del sábado y en la propia mañana del domingo en el Pabellón de Deportes Julián Sánchez “El Charro” (junto al Corte Inglés), cuyas instalaciones fueron el centro neurálgico de la prueba durante todo el fin de semana. Esto permitió que el reparto se hiciera de forma más escalonada pues muchos salmantinos y gran parte de aquellos que aprovechamos para pasar el fin de semana allí los retiramos en la jornada sabatina, mientras que los que venían de fuera de la ciudad el mismo Día del Señor tuvieron la oportunidad de hacerlo justo antes de la carrera. Como sugerencia para la organización, creo que podría ser buena idea que en próximas ediciones, junto con el dorsal y el chip, se entregara también la camiseta y el resto de los obsequios de la bolsa del corredor (las lentejas y las revistas en este caso), dejando solo para la meta lo relativo al avituallamiento (agua, bebida isotónica, pieza de fruta y barrita energética).

Como decía anteriormente, las instalaciones del moderno pabellón deportivo cumplieron a la perfección para dar servicio a los participantes. El sábado, allí tuvieron lugar charlas relacionadas con el atletismo popular. El día de la prueba en su interior ubicaron el ropero, los vestuarios, las duchas, el servicio de fisioterapia para los llegados, el podium para la entrega de trofeos… ¡y un servicio de guardería para atender a los niños mientras durara la carrera! Además teniendo en cuenta lo desagradable que había amanecido la mañana (viento y fina lluvia a ratos), sirvió de refugio y zona de calentamiento hasta el comienzo de la prueba.

La zona de salida se distribuyó por cajones de tiempo de cinco minutos de intervalo señalizadas con un cartelito y por los globeros que se colocaron en su sitio unos minutos antes de la hora de comienzo de la prueba. Los distintos tramos fueron acotados por cintas de plástico que fueron rotas en los momentos previos al disparo de salida. He de decir que contrariamente a lo que ocurre en la mayoría de las carreras, los participantes llegaban, miraban el cartelito que señalizaba cada cajón y se dirigían a la zona que les correspondía. ¡Es verdad, os lo juro! ¡A mí casi se me saltaban las lágrimas! De hecho gracias a esta muestra de civismo los primeros momentos de la carrera fueron más fluidos y más cómodos para todos.

Ya en carrera, las zonas de avituallamiento fueron largas y con el número suficiente de voluntarios para atenderlas correctamente. Adicionalmente algunos colaboradores siguieron la carrera en bicicleta ofreciendo botellas de agua a quien la necesitara. Los puntos kilométricos se ubicaron en lugares que los hacían perfectamente visibles y, salvo que alguien con más medios que yo diga lo contrario, creo que estuvieron bien colocados en cuanto a la distancia de unos a otros. El tráfico rodado fue perfectamente controlado por la policía local y no hubo coches (o al menos yo no los ví) que entraran en el circuito. El cronometraje se hizo mediante chip “raro”, de esos que no necesitan alfombrilla lectora, y que al menos en mi caso restó algunos segundos al tiempo neto que tomé con mi reloj. Hubo además liebres globeras para los distintos ritmos que sirvieron de guía y de referencia para los participantes.

En lo que se refiere al recorrido, aspecto que tocaré de forma más extensa en el próximo apartado, discurrió por calles o zonas lo suficientemente amplias para absorber el flujo de corredores (salvo quizás en el acceso a la Plaza Mayor y en el tránsito por el Puente Romano). Su señalización creo que fue insuficiente, no porque te fueras a perder, sino porque había numerosos giros en los que exactamente no sabías por donde trazarlos, lo que dio muchas oportunidades para realizar unos "peazo" de recortes que ríete tú de los que está llevando a cabo el gobierno en materia presupuestaria. En cuanto al paso por el casco histórico, tuvo demasiadas "trampas": bolardos, papeleras y demás mobiliario urbano quedaba oculto entre el grueso del pelotón y había que andarse con ojo para no llevarse un susto.

En meta, la bolsa del corredor pudo recogerse ágilmente y el ropero funcionó a la perfección. Solo observé una considerable fila en el acceso a las duchas.

En resumen, que a pesar de tratarse de una primera edición, la organización alcanzó un nivel alto y cumplió de sobra con los aspectos básicos que han de exigirse a una carrera así. Con la experiencia obtenida en el debut, seguramente el año próximo se solucionen las pequeñas deficiencias acaecidas en esta.

Cruzando el Puente Romano (by Arganzboy)
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

3. El recorrido: El neonato es más bien feote…

Desde mi punto de vista, el recorrido fue posiblemente lo menos atractivo del I Medio Maratón Ciudad de Salamanca. Su perfil era bastante exigente, con numerosas pendientes tanto ascendentes como descendentes. Esta circunstancia, bastante lógica y previsible en una ciudad como la salmantina con una orografía marcada por los múltiples desniveles, endureció la prueba pero también la hizo más variada y divertida. Ningún problema.

Los veintiún mil noventa y siete metros discurrieron en su mayor parte por asfalto, pero también hubo largos tramos por carril bici y algunos hectómetros por tierra y por superficie adoquinada. Tampoco en esto hubo ningún inconveniente, pues prestando la atención debida a cada superficie es otro aliciente que, como en el caso anterior, contribuye a amenizar y a hacer más variada la carrera.

Sin duda lo peor del trazado fue que al menos en tres cuartas partes recorrió las afueras de la ciudad o, en el mejor de los casos, zonas muy alejadas del centro. Esto restó atractivo monumental, animación y ambiente a la carrera, amén de que al transitar por zonas no construidas el viento nos tuvo a su merced durante toda la mañana (nos dio por todos los lados).

La prueba tuvo su salida en la Avda Federico Anaya, frente al moderno edificio de El Corte Inglés. Desde allí, siempre en suave cuesta abajo, se entraba en la céntrica zona peatonal y, tras dar una vuelta a la hermosa Plaza Mayor, se descendía de forma más pronunciada por la adoquinada C/ San Pablo. A su término se giraba a la derecha en dirección al vetusto Puente Romano por donde se abandonaba el centro urbano de la ciudad. Sin duda alguna estos aproximadamente tres mil primeros metros fueron lo más atractivo del recorrido. La lástima es que al ser justo al principio de la carrera, el apelotonamiento inicial no permitiera el disfrutar tanto como se debiera de la belleza monumental: había que estar al tanto para no llevarse por delante algún elemento del mobiliario urbano y de no tropezarse en el embudo que se formó en la entrada a la Plaza Mayor.

Entre los kilómetros tres y doce estaba posiblemente el peor tramo de toda la carrera. La primera subida dura (aproximadamente mil quinientos metros) al barrio de Vistahermosa, se continuaba de un descenso muy pronunciado que desembocaba en la solitaria carretera de Aldeatejada, donde tras llanear durante poco más de un kilómetro se acometía la segunda cuesta importante que nos conduciría a la zona de chalets de Zurguén. Una vueltecita por allí y a desandar nuestros pasos por la carretera de Aldeatejada y a tomar posteriormente el carril bici que nos llevó hasta aproximadamente el kilómetro doce. En este último tramo el viento se volvió bastante incómodo y molesto.

Tras volver a cruzar el Puente Romano en sentido contrario a como se hacía en el primer paso, se entra en la que seguramente sea la zona más bonita junto la travesía por el centro histórico: el Paseo Fluvial. Se trata de unos dos mil quinientos metros llanos en los que por el carril bici se corre junto a la orilla del Tormes, pasando bajo el puente de hierro, el del Príncipe Felipe y el del ferrocarril. El bonito paseo acaba abruptamente con una subida repentina y pronunciada de unos quinientos metros que te deja geográficamente al lado de unas naves industriales y físicamente con un buen meneo en el lomo.

Los últimos seis kilómetros son un callejeo con continuos desniveles por la periferia de Salamanca, en el que lo más destacable es una larga cuesta de aproximadamente setecientos metros que gana pendiente a medida que avanzas en ella. Su inicio se ubica alrededor del punto kilométrico dieciséis.

Photo by Atletas Veteranos
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

4. El ambiente: …pero muy simpático y amigable (el neonato me refiero)

A pesar de que el domingo amaneció fresquito, con lluvia fina a ratos, encapotado y con un viento bastante desagradable, la verdad es que la gente respondió en la calle al paso de la carrera. Evidentemente en las zonas no habitadas no había ni Cristo, pero en el resto de los tramos que discurrieron por lugares con viviendas siempre hubo alguien aplaudiéndonos y dándonos palabras de aliento. El punto de más animación fue, además de la salida y la meta, la Plaza Mayor donde a los propios vecinos de la ciudad se unieron turistas, familiares de participantes y una concentración motera. También hubo bastante gente en el barrio de Vistahermosa y en esa última subida allá por el kilómetro dieciseis.


Además del buen ambiente externo, también hubo un muy buen ambiente interno. No lo sé, a lo mejor es cosa mía, pero el clima humano que encuentro en estas carreras es muy diferente al de las pruebas multitudinarias que tienen lugar en Madrid. No sabría describirlo, ni decir exactamente a qué se debe (¿predisposición mía?), pero me gusta más.


En total fuimos cerca de mil setecientos cincuenta los que nos dimos cita en la línea de salida de la Avenida Federico Anaya, de los que según la organización unos seiscientos nos desplazamos desde fuera de la provincia. A tenor de las camisetas de los clubs que portaban los corredores, su origen provenía de localidades salmantinas próximas a la capital, de toda Castilla León (sobre todo fueron visibles vallisoletanos, burgaleses y abulenses) y también de los madriles. Como mencioné en un apartado anterior de esta crónica, me llamó la atención que una gran parte de los participantes hicieran caso a los cartelitos situados en la zona salida que trataban de distribuirnos por tiempos. Creo que es la primera vez que veo esa muestra de educación en una carrera. Para que no todo sean halagos, también diré que los recortes fueron algo generalizado. Es cierto que se callejeaba bastante y que había algunos puntos en los que la escasa señalización podía llevar a error a la hora de trazar algún giro pero… ¡lo normal es tratar de seguir por el asfalto y no subirse a la acera o echarse por el medio de un descampado! No miento si digo que ví algún recorte en el que se ahorraron cerca de cincuenta metros.


Por último mencionar que, como toque curioso y retro, la organización dispuso que junto a la señalización de cada punto kilométrico se situara un “automóvil de época”, entendiendo por época perteneciente a las décadas sesenta y setenta del pasado siglo (¿o es que eso no es ser de época?).

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

5. El testigo del alumbramiento: Osease el menda lerenda.

Después de la experiencia del domingo anterior en Latina, iba con yo con la mosca detrás de la oreja. “Oye -me dijo otro corredor en la salida- , tienes una mosca ahí, justo detrás del oreja”. “Lo sé, no te preocupes –le respondi- La traigo puesta de casa”. ¡Teníais que ver la cara de asombro que se le quedó al hombre!

¡Festival del humor! En fin…¿Dónde estaba?...¡Ah si! Que no tenía ganas de pasarlo mal como había sucedido apenas siete días antes. Total, que me propuse ir al ritmo que en cada momento me apeteciera sin preocuparme lo más mínimo por el tiempo empleado en cada kilómetro. Así lo hice. Parece que el planteamiento fue bueno pues volví a recuperar las buenas sensaciones. Las piernas funcionaron bien, fui de menos a más y acabé muy entero bajando de los cien minutos, circunstancia que no se producía desde el Medio Maratón de Getafe (bastante menos exigente que este).

Al final marqué un tiempo neto de 1:38:55 (4:41 min/ km), ocupando el puesto 709 de los 1605. Satisfecho por la carrera y esperando que suponga volver a la senda de lo que viene a ser mi nivel atlético medio en los últimos dos años.

En tres días toca volver a la universidad (concretamente a la Complu) a dejarse los higadillos, que no los codos. Será el cuarto medio maratón de la serie inciada en Valdepeñas y que no tengo muy claro donde acabará. Iremos viendo.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

6. Conclusión

Ha nacido un nuevo medio maratón que si se sigue cuidando por parte de los organizadores, si recibe el apoyo de la ciudad y sus habitantes y si se gana el cariño de los corredores, tiene los mimbres suficientes para convertirse en una carrera referencia.

Exigente, muy bien organizado, con ambientillo del bueno y excusa perfecta para visitar Salamanca, ganaría mucho si consiguiera variar su trazado haciéndolo más céntrico, incluso aunque ello supusiera tener que dar dos vueltas a un circuito.

Venga, sed felices. Hasta la próxima.

Autorretrato con catedral al fondo
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Agradecimientos:

A Alfonso que se pegó la palizilla de ir desde Madrid en la misma mañana del domingo para participar en la carrera y que tuvo el detallazo de acercarse a saludarme. Encantado de conocerte.

A Alberto, del Club Ecosport de Ávila, con el que ya coincidí en la pasada edición del Medio Maratón de Babilafuente y con el que el domingo compartí una pequeña charla y unos cuantos hectómetros de carrera.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*