viernes, 14 de octubre de 2011

IV Medio Maratón del Románico Rural

Cartel y podium masculino de la prueba
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El pasado domingo se celebró en tierras seguntinas el IV Medio Maratón del Románico Rural. Se trata de una carrera modesta, artesanal, exigente en su perfil y que, a pesar de los tiempos convulsos que vivimos, parece que se va consolidando en el calendario atlético popular. ¿Ávidos de conocer más detalles de esta prueba? Si es así, os recomiendo seguir leyendo. En caso contrario podéis ir en paz.

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2. Su corta historia

Con la de este año, el Medio Maratón del Románico Rural ha vivido ya cuatro ediciones. Su origen y existencia se deben fundamentalmente al empeño puesto por la Asociación Cultural Maestro de Pozancos, un grupo de vecinos de las pedanías de Pozancos y Ures que afirman encaminar sus esfuerzos a lograr dejar de ser parte de la mal llamada “España profunda” para pertenecer a la “España emergente”.

En los dos primeros años el medio maratón partía de Sigüenza, atravesaba las pequeñas poblaciones de Palazuelos, Pozancos y Ures y retornaba a la capital de la comarca donde se encontraba ubicada la meta. En 2010 se diseñó un nuevo trazado más rural si cabe, que obviaba el transito por Sigüenza y ponía un mayor énfasis en el paso por las tres pedanías antes mencionadas y en poder disfrutar del característico paisaje del Alto Henares. Este circuito se ha mantenido en 2011 aunque invirtiéndose el sentido de la marcha y el lugar donde se situaban la salida y la meta.

Una característica que se ha mantenido desde el principio ha sido el terreno mixto por el que se disputa. Aproximadamente la mitad de la carrera se hace por el asfalto de carreteras secundarias y la otra mitad por zahorra o tierra prensada dura de pista forestal.

Junto con la distancia de medio maratón también se ha venido celebrando una carrera popular sobre seis kilómetros para atraer a otros corredores que no tengan tanta preparación o simplemente que prefieran disputar una prueba más corta. El número de participantes en el conjunto de las dos competiciones fue un poco más alto en la primera edición pero desde entonces se ha estabilizado en alrededor de un centenar y pocos (unos cien para el medio maratón).

Esperemos que con el esfuerzo de sus organizadores, la atención de sus voluntarios, el cariño de las poblaciones que atraviesa y la incondicionalidad de muchos de sus participantes, la prueba pueda mantenerse en el tiempo y tenga una larga historia.


Perfil de la carrera (extraido de http://www.carreradesiguenza.com/)
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2. Aqueste año

En esta edición la salida de la carrera estaba ubicada en Ures, una de las veintiocho pedanías que están incluidas dentro de territorio seguntino. A sus afueras, alrededor de trescientos antes de llegar a la zona habitada, habían habilitado un espacio para se aparcaran los coches, y en su plaza se repartieron los dorsales y se ofreció café y chocolate para quienes quisieran desayunar.

Ures es muy pequeño pero con cierto encanto. Alrededor de su iglesia románica del s.XIII (¿entendéis ya de donde viene el nombre de carrera?) se agrupan unas cuantas viviendas que pueden contarse con los dedos de las manos. De hecho, creo que solo hay once habitantes censados. Para que os hagáis una idea de su tamaño, la pancarta que marcaba el principio de la prueba estaba en la plaza, éramos unos ciento veinticinco participantes y los que se colocaron en los últimos puestos de la “parrilla de salida” estaban ya fuera del casco urbano de la pedanía. ¡Y no estoy exagerando!

La salida se dio a las 10:30 entre los aplausos y gritos de ánimo de los lugareños y de los acompañantes de los corredores. Tras un pequeño descenso que conducía hasta el cruce con la CM-110, alcanzamos un llano por el que transitamos hasta llegar a Palazuelos (51 habitantes), un conjunto medieval amurallado desde el s.XIV en el que se ubica el castillo construido por el Marqués de Santillana.

Entramos en el antiguo municipio transformado en pedanía en la época franquista por una de las cuatro puertas de la muralla. Allí nos esperaba una pancarta de bienvenida y los aplausos y vítores de unos pocos pero animosos palazueleños. Después de cruzar su amplia plaza mayor donde se encuentran los restos de un rollo de justicia o picota (para ajusticiar a los reos condenados), enseguida abandonamos Palazuelos por otra de las puertas de su muralla. Apenas habíamos recorrido alrededor dos mil y pico metros desde el inicio.

Desde la salida del recinto amurallado hasta aproximadamente el kilómetro siete, el trazado de la prueba seguía la llamada Ruta de Don Quijote (Tramo X). Se trataba de una larga recta, con pequeños y abundantes desniveles, y con una superficie de tierra en la que, debido a la existencia de piedras sueltas, convenía buscar las rodadas de los vehículos para encontrar el firme en mejor estado y más “limpio”. La ruta estaba flanqueada por el típico paisaje alcarreño en esta época del año: campos segados de color amarillo tostado (¿existe esta tonalidad?) y algunas plantaciones de girasoles cabizbajos. Ni un árbol que pudiera protegernos del sol y sobre todo del incómodo viento que nos acompañó durante toda la mañana y que en este tramo soplaba de cara.

Llegados a la altura de las salinas de Olmeda de Jadraque, con un giro de 90º hacia la derecha dejamos atrás la Ruta de Don Quijote y nos internamos en el asfalto de la carretera local que, un poco más allá del kilómetro diez, había de desembocar en la CM-110. Salvo los primeros cinco hectómetros que picaban hacia abajo, esta nueva etapa de la carrera se desarrollaba en una continua cuesta arriba con algún repecho bastante duro. Para acentuar la exigencia, el viento seguía haciendo de las suyas y entraba ahora con fuerza por el lado izquierdo.

Un nuevo giro en ángulo recto pasado el segundo avituallamiento nos puso en la maltrecha carretera CM-110. Fue un autentico respiro. Ahora Eolo nos empujaba en la buena dirección y encima el trazado presentaba una ligera tendencia hacia abajo. Lo único malo era que había que tirar de fortaleza mental: habíamos entrado en una recta interminable de cinco kilómetros (paralela a la Ruta de Don Quijote) en la que, debido a la baja participación, los corredores estábamos muy espaciados y raro era encontrar un grupo de dos o tres componentes. Estaba visto que en este medio maratón ya fuera por una razón o por otra nos iba a tocar sufrir en todas sus partes.

El desvió hacia Ures situado poco antes de llegar al kilómetro quince, marcaba el inicio del último tramo de la carrera, sin duda alguna el más duro y el más bello. Allí se tomaba un camino de tierra que se internaba en un valle rodeado de montes no muy altos, con presencia de abundante vegetación y que nos protegía totalmente del viento. Un repecho corto pero de gran pendiente no era más que un anticipo de lo que nos esperaba. Después de un pequeño descanso comenzaba una interminable cuesta de aproximadamente unos dos mil metros de longitud y con bastante inclinación que puso contra las cuerdas al más pintado. Si no habías reservado fuerzas para este momento te podías dar por jodido fastidiado. Más de uno tuvo que “echar pie a tierra” y hacer parte de la subida andando.

Al final del duro ascenso, alrededor del kilómetro dieciocho, se cruzaba la pedanía de Pozancos (39 habitantes), que presidida por su iglesia románica del s.XIII está ubicada en mitad del encantador valle. Desde allí y hasta la meta en Ures, el camino de zahorra continuaba por un bonito paraje natural describiendo pequeñas subidas y bajadas para disfrutar y sufrir a partes iguales.

Cruzar bajo la pancarta de llegada escuchando tu nombre y el tarro de miel incluido como obsequio en la bolsa del corredor, ponían el dulce punto final a este medio maratón románico, rural, exigente, artesanal, entrañable, seguntino y minoritario.

El recorrido (extraído de http://www.carreradesiguenza.com/)
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3. Malas sensaciones

Para ser sincero, he de reconocer que apenas disfruté del IV Medio Maratón del Románico Rural. Con esto no quiero dar a entender nada negativo sobre la carrera, al revés: cada vez me gustan más este tipo de competiciones. Sin embargo se dieron una serie de factores que me mellaron física y mentalmente y me hicieron sufrir más que pasarlo bien.

Físicamente el domingo no tuve buen día. A poco de empezar notaba las piernas doloridas, cansadas y pesadas ¿Quizás debería haber descansado alguna jornada más tras el esfuerzo llevado a cabo en la Pedriza una semana antes? Tardé mucho en romper a sudar y no encontré nunca un ritmo cómodo. Si bien iba rebajando el tiempo empleado en cada kilómetro de forma paulatina como hago en casi todas las carreras, esta vez no salía de forma natural, no me lo pedía el cuerpo, sino que tenía forzar la máquina y poner un interés especial para que se cumpliera. También supongo que influyó el viento que, debido a mi altura, sufro en mayor medida que otros corredores. No sé, el caso es que no me encontré bien y que el esfuerzo que hice me está pasando factura en los días posteriores a la carrera: estoy cansado, me duelen ambas rodillas y tengo molestias en el aquiles de la pierna izquierda. Vamos, que estoy "pa’l arrastre".

Mentalmente tampoco estaba fino. Creo que andaba (y ando) un poco saturado de carreras, madrugones dominicales y viajes en coche para llegar y volver de ellas. Y no estar fino de cabeza influye y mucho cuando te enfrentas a una prueba como este medio maratón, en el que tienes que pasar gran parte del recorrido en solitario recurriendo a “tu vida interior” para intentar llevarlo lo mejor posible.

En cualquier caso he de quedarme con lo positivo. A base de estrujarme más de lo que convenía fui capaz completar la carrera en progresión, destacando sobre todo mi comportamiento en las duras rampas comprendidas entre los kilómetros quince y dieciocho donde adelanté no pocas posiciones (al menos ocho). Al final marqué un tiempo de 1:37:19 y ocupé el puesto 30 de los 102 llegados a meta.

En resumen, que otro medio maratón para la buchaca y que ya solo quedan tres más para llegar a la centena. Para el próximo habrá que esperar al menos hasta el de Somosierra, porque este finde me lo tomo de descanso de carrera con dorsal para recuperarme y afrontar con ganas las rampas del puerto de montaña madrileño.

Nota 1: Para valoración de cada uno ¿Aporta algo al Medio Maratón del Románico Rural el gratificar económicamente a los primeros clasificados?

Nota 2: Antes de la carrera tuve el placer compartir una pequeña charla con Sideuvol, con quien suelo coincidir en todas las carreras que en Guadalajara se celebran, y con Yonhey cuyo blog sigo y al que hasta el momento no conocía en persona. Desde aquí, un saludo para ambos.

Os seguiré contando. ¡Hasta la próxima!

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7 comentarios:

luis dijo...

Como siempre ha sido un relato muy entretenido y divertido. Descansa y recupérate.

Arganzboy dijo...

Gracias Luís. Este finde no hay dorsal, el siguiente voy a Somosierra y "el siguiente al próximo" creo que tampoco iré a ninguna carrera. Espero que sea suficiente para oxigenar cuerpo y mente :-) Saludos

josemayo2 dijo...

Iván, descansa! La verdad que me sorprende tu capacidad, pero no solo de correr y escribir, sino de madrugar domingo tras domingo, y creo que has identificado perfectamente "tu mal", necesitas oxigenar y para eso, mi modesta recomendación sería que hasta final de año, te conformes con un par de carreras por mes no más.

Arganzboy dijo...

Uff, pues esta mañana me sentía muy raro. Tanto que mientras veía la F1 me he puesto un dorsal antiguo que tenía por casa y me he hecho unas rectas del salón a la cocina y vuelta ;-D. En diciembre suelo parar un poquillo. Lo de noviembre dependerá de lo que pida el cuerpo (y la cabeza).

Este año, después del medio maratón de Ávila tuve sensaciones muy similares a las que tengo ahora. Descansando un poquillo se pasaron. Espero que la cosa se repita. Saludos.

yonhey dijo...

Buena crónica Arganzboy, yo era el 2º año que iba a esta carrera y procuraré no perdermela, aunque toque perfil duro como el de este año, y mas duro aún por la presencia de aire en contra justo en las cuestas arriba.
Encantado de conocerte, veo que nos veremos en Somosierra.
Salu2

Arganzboy dijo...

Gracias Yonhey. Efectivamente, si todo va bien coincideremos el domingo por Somosierra. A ver como se da la cosa. Saludos.

Javier HG. dijo...

Muy buena crónica, la descrita... coincido en casi todo con respecto a la zona y carrera... volveremos, sin duda.

un saludo.