miércoles, 18 de mayo de 2011

XX Medio Maratón Ciudad de Ávila


Foto de mi "sufrida y nunca suficientemente apreciada" santa

Acabó de cruzar meta. Estoy reventado. Pensaba tomármelo en plan tranqui, pero parece que todo se ha juntado para hacérmelas pasar canutas. Demasiado esfuerzo para tan poca recompensa. He de reconocer que el XX Medio Maratón Ciudad de Ávila me ha dado un buen revolcón. ¿Habrá revancha?

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1. Recuerdos

Hasta el sábado, había participado en el medio maratón abulense en dos ocasiones consecutivas, la última en el comienzo de siglo. Mis recuerdos de aquel entonces eran difusos. La salida tenía lugar en el casco urbano, desde donde nos sacaban rápidamente a las afueras de la ciudad para tomar una carretera secundaria, llana y solitaria que conducía a un pueblo cercano. Rodeábamos su iglesia y volvíamos por el mismo cámino. El último kilómetro de entrada a la capital estaba gravado en mi memoria a sangre y fuego en forma de cuesta salvaje que discurría paralela a las murallas y que finalizaba en la meta junto a la Plaza de Santa Teresa.

A tenor del trazado que se dibujaba en la página web de la organización, la cosa había cambiado mucho. El nuevo recorrido consistía en dar dos vueltas a un circuito que en sus puntos más distantes no se alejaba del núcleo urbano. Sobre el papel, la única diferencia entre los dos giros era que el segundo medía aproximadamente mil metros más que el primero. El gráfico del perfil parecía bastante asequible, aunque cualquiera que haya visitado con anterioridad Ávila puede deducir que cuestas iba a haber si o si.

Vamos, que a priori todo pintaba fenomenal. Mes de mayo, buen tiempo, cerca de Madrid, visita turística, comilona… un planazo para pasar un día de excursión familiar con aderezo carreril. ¡Ja, ja y ja!

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2. Antecedentes

No me levanté muy católico el sábado. Un incipiente constipado primaveral me hacía estornudar y moquear con asiduidad. Nada de que preocuparse en cualquier caso. Llegamos a la cuna de Santa Teresa sobre las 12:30h y tras reservar en el restaurante, nos dimos un paseo por el centro histórico. Las nubes negras que amenazaban lluvia comenzaron a descargar justo unos minutos antes de comer (13:30 más o menos). Habiendo visto esa misma mañana las previsiones del tiempo pensamos que se trataba de una pequeña tormenta que, anunciada inicialmente para media tarde, se había adelantado.

En la comida no pude reprimirme y me apreté entre otras cosas un buen plato de judías del Barco de Ávila y una tarta de queso casera que estaba de vicio. Sabía que no era lo más recomendable para merendarse un medio maratón, pero aun quedaban tres horas para el inicio de la carrera y me convencí de que era un plazo más que suficiente para digerir los pesados manjares.

A la salida del restaurante seguía lloviendo. Un rato después ya diluviaba. Rayos, truenos y agua a espuertas. Por las calles del centro bajaban auténticos regueros de agua que las alcantarillas no eran capaces de evacuar. Y así se mantuvo hasta prácticamente el inicio de la carrera. Si Noe se hubiera inscrito en este medio maratón hubiera estado disputando el triunfo a los etiopes.

La tromba de agua hizo que la celebración de la prueba corriera serio peligro. Algunas de las zonas por las que transcurría la carrera estaban impracticables e inundadas. Gracias a que la intensidad de la lluvia fue disminuyendo, tras inspeccionar el circuito jueces y organizadores, se decidió finalmente dar la salida a la hora prevista (se barajó retrasarla media hora).

Total que a las 17:30h estaba yo en la Plaza de Santa Teresa como un pasmarote, detrás del arco hinchable e hinchado que marcaba la salida, vestido con una camiseta sin mangas, unos pantaloncitos y sin gorra (como les debían pitar los oídos a algunos meteorólogos), y aguantando estoicamente la lluvia que seguía cayendo de forma incesante. Eso si, no estaba solo. Junto a mí, otros 340 esforzados de la ruta de los 500 que estaban inicialmente inscritos. Supongo que la “esplendida” tarde echó para atrás al resto. Tras un minuto de silencio por los fallecidos en el terremoto de Lorca, se dio el pistoletazo de salida al XX Medio Maratón de Ávila en su modalidad de duatlon.

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3. Primera vuelta

La prueba comenzó con un corto paseo por el centro histórico culminado por un descenso vertiginoso de unos quinientos metros de longitud (C/ Vallespin), con pavimento adoquinado y mojado por la lluvia. Una oportunidad pintiparada para pegarse un buen morrón, dejarse los piños y acabar antes de tiempo la carrera. Al final de la calle cruzamos la muralla y entramos ya en la carretera de Ávila a Toledo recuperando el terreno asfaltado.

La lluvia volvió entonces a arreciar mientras transitábamos por toboganes que bajaban más que subían. Al alcanzar la rotonda ubicada al final de la C/ Burgohondo, se hacían dos “U” o tramos de ida vuelta, ambos con inicio y final en la propia rotonda. El primero recorría la recta de la Avda de Juan Pablo II dirección al Barco de Ávila. Bien asfaltado, no presentaba charcos y permitía tener una buena vista del recinto amurallado. El segundo era de lo peor de la carrera. Transcurría por el aparcamiento de la Plaza de Toros (que ya tiene narices), con el asfalto irregular, lleno de baches, conos presuntamente señalizadores difíciles de interpretar y enormes charcos ante los que tenías que decidir si rodearlos o zambullirte y marcarte unos largos.

Llegado al primer avituallamiento, tenía muy claro que mi idea de no sufrir se había ido al traste. Marchaba incómodo por la cortina de agua que nos estaba cayendo encima y no era capaz de coger el ritmo en las piernas ni en la respiración. Supongo que las judías y la tarta de queso seguían dando vueltas en mi aparato digestivo porque me sentía pesado y el aire me entraba con dificultad.

Desde el kilómetro cinco tocaba subir. En un principio el terreno picaba hacia arriba aunque con algún pequeño descanso, pero una vez alcanzada la Avenida del Dieciocho de Julio comenzaba una larguísima cuesta de aproximadamente dos mil metros de longitud con tramos realmente duros. Justo al culminar el ascenso, la lluvia decidió darnos un respiro y cedió en su intensidad.

La primera vuelta acababa con otra sucesión de subidas y bajadas, las últimas junto a la muralla y por terreno adoquinado. Alcanzada la Plaza de Santa Teresa habíamos completado nueve mil seiscientos metros. Justo un poco después dejó por fin de llover.

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4. Segunda vuelta

El segundo giro se me dio mejor. Por fin encontré un ritmo más o menos regular (con las numerosos desniveles era muy complicado) y aunque iba justito, guardé las pocas fuerzas que me quedaban con el fin de sufrir lo menos posible en la larga cuesta que ya conocía de la vuelta anterior. En cualquier caso y en función del número de participantes que iba rebasando, algunos de los cuales me habían adelantado kilómetros antes, parecía que había regulado mejor mi esfuerzo que muchos de ellos.

La segunda vuelta fue idéntica a la primera hasta alcanzar aproximadamente el kilómetro diecisiete y medio. Allí, en vez de seguir por el mismo camino que habíamos tomado en el giro anterior, nos desviaron hacia la derecha por la Avda de Madrid. Esto era lógico porque por una cuestión de metros necesarios para completar la distancia del medio maratón, la segunda vuelta tenía que ser más larga que la primera. Lo que empezó a mosquearme fue que la calle iba en descenso continuo. Teniendo en cuenta que la meta estaba ubicada en lo más alto de la ciudad, era fácil deducir que cuanto más bajáramos más tendríamos que subir al final. Mis temores fueron en aumento cuando la bajada se hizo cada vez más pronunciada y se extendió durante unos dos kilómetros. Apenas a mil y pico metros de culminar la carrera nos encontrábamos prácticamente en la base del promontorio sobre el que se asienta Ávila

Al alcanzar el punto kilométrico número veinte el trazado se desviaba a la izquierda. Justo entonces tuve un desgraciado “deja vu”: ante mis ojos apareció aquella cuesta adoquinada que había sufrido once años atrás. Allí estaba tal y como la recordaba, como si por ella no hubiera pasado el tiempo. El Paseo del Rastro creo que la llaman. Unos doscientos cincuenta metros que acaban en un giro a la izquierda. No tocaba otra que bajar la cabeza y sufrir. Y así lo hice. La sorpresa llegó al tomar el giro. Otro tramo de subida criminal (este no lo recordaba en absoluto) que no creo que llegara a los cien metros de longitud y aun más empinado que el anterior, me dio la puntilla. Juro que estuve a punto de echar a andar como estaban haciendo algunos de los que me precedían, pero al final tire de amor propio y logré coronarlo a muy duras penas. Posiblemente fueron de los segundo más duros que he vivido en un medio maratón, y que conste que ya llevo unos cuantos..

Después de esto, los últimos seiscientos metros de continua subida junto a la muralla y hasta la Plaza de Santa Teresa, se hicieron hasta “llevaderos”. Aunque fue lo de menos, el tiempo final se fue por encima de 1h 40 min.

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5. Organización

Para hablar de la organización hay que partir de la base de que la tarde del sábado se dieron unas circunstancias meteorológicas excepcionales que influyeron sin duda en el desarrollo de la carrera. Por ello hay que agradecer más que nunca el esfuerzo de los voluntarios que montaron la meta, entregaron los chips y dorsales, atendieron los avituallamientos, estuvieron pendientes del tráfico y nos recibieron amablemente en la línea de meta. A todos ellos, muchas gracias

Dicho esto, hay varios aspectos que necesitan un análisis detenido.

El primero de ellos es el recorrido. Por lo que leído, en esta edición se estrenaba un nuevo trazado que buscaba no alejarse mucho del casco urbano con el objetivo principal de lograr una mayor animación e implicación de los vecinos. La verdad es que para saber si la modificación conseguirá su efecto habrá que esperar a próximas ediciones, pues la lluvia no incentivó para nada la presencia de público en las calles. Salvo en los pasos por la Plaza de Santa Teresa (salida, mitad de prueba y meta), prácticamente no hubo nadie animando, y supongo que la mayoría de los que allí se encontraban eran acompañantes y/o familiares de los participantes.

Lo que si se ha conseguido sin lugar a dudas es una prueba de gran dureza, con numerosos desniveles, algunos de ellos de gran longitud y pendiente. No debe extrañar esto a nadie. Si se quiere un recorrido céntrico por una ciudad con la orografía de la abulense, o se chupa uno cuesta tras cuesta o no hay forma. Ahora bien, esto no debe ser óbice para que haya algún tramo que debería ser suprimido y sustituido por otro. Me refiero concretamente al paso por la zona del aparcamiento de la Plaza de Toros. Mal asfaltado, mal señalizado y con coches que estacionaban y “desestacionaban”, pienso que no es apto para que por él discurra la carrera.

Un segundo punto de importancia es el tráfico. He de reconocer que la presencia policial (y de voluntarios en algunos casos) en los múltiples cruces y rotondas fue numerosa. Sin embargo y a pesar de ello, en mi caso encontré hasta tres coches en marcha intercalados entre los corredores durante la celebración de la prueba, concretamente a lo largo de la segunda vuelta. Además, en algunas de las calles los corredores íbamos en uno de los sentidos y los vehículos venían en el otro, con la única separación de las líneas viales pintadas en el asfalto. Esto era aun más peligroso si se tiene en cuenta que la fuerte lluvia que cayó durante buena parte de la tarde dificultaba la visibilidad tanto para los corredores como para los conductores. El aspecto del tráfico rodado fue sin lugar a dudas lo peor del evento.

Al margen de los “contras” mencionados, la organización del Club Puente Romanillos fue buena: i) Se pudo hacer la inscripción cómoda y rápidamente a través de internet, ii) a pesar del imprevisto diluvio, la carrera pudo celebrarse y todo estuvo montado y preparado en tiempo y forma, iii) el cronometraje se realizó mediante chip con alfombrillas lectoras en la salida, en el paso intermedio y en la línea de meta, iv) se dispuso de avituallamientos líquidos cada cinco kilómetros, v) para los amantes de la bolsa del corredor, ésta fue muy rica y variada: dos bollitos, botella de bebida isotónica color azul, una camiseta técnica, una barrita energética, una bolsita de frutos secos, unos parches para evitar ampollas, liquido para masajes, un sobre de Cola Cao, una cajita de pinturas y un trofeo en plástico azul feo de pelotas (digno acompañante en cualquier estantería kitsch de la muñeca folklórica y la concha pintada en vivos colores y rotulada con la leyenda “recuerdo de Benidorm”) y vi) a la llegada a meta nos obsequiaron con un avituallamiento sólido a base de bollos y yemas de Santa Teresa ¡Todo un detallazo!

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6. Conclusión

Pasados unos días de la carrera y ya en frío, la principal conclusión que saco es que en esto del correr no te puedes confiar nunca. Participar en un medio maratón sin preocuparte por conocer el recorrido y el perfil, poniéndote ciego a comer dos o tres horas antes y sin tener en cuenta las condiciones meteorológicas que te puedas encontrar, son razones más que suficientes para llevarte una desagradable sorpresa. Como decía al comienzo de esta entrada, el XX Medio Maratón Ciudad de Ávila me dio toda una lección y un buen revolcón. Es esta una buena excusa para volver a enfrentarme a él y tomarme cumplida la revancha. Volveré.

Saludos.

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6 comentarios:

Luisito el turista dijo...

Ayer hice la media de Almansa. No tuvimos los problemas metereológicos de Ávila, pero me paso lo mismo que a ti en todo lo demás, quedamos con unos amigos a comer un maravilloso gazpacho marinero, y aunque no abusé lo pague con creces por la tarde. Así que como dices, hay que ser previsor

Carlos dijo...

Jajaja... Al menos espero que esas judías estuvieran en su punto...

No pude ni correrla ni hacer fotos, como me hubiera gustado, y sí pensé a la hora de la salida en esa criminal bajada por la calle Vallespín a cuatro pelaos y con sus adoquines mojados.

A los amiguetes con los que he hablado les quedó el mismo regusto de incertidumbre sobre si los cambios han sido para mejor. Mi opinión personal es que sí, aunque falta mucho para tener una media similar a la de Segovia, que evidentemente es referencia. Principalmente el apoyo de las instituciones.

Un saludo. ;-)

Arganzboy dijo...

Hola Luisito: La gastronomía local es uno de los principales riesgos de la carreras vespertinas fuera del lugar de residencia. De todas maneras, si en una carrera hay que sufrir por algo que sea por una buena comida ;-)

Arganzboy dijo...

Hola Carlos: ¡Las judias estabán de escandalo!
Es muy dificil valorar el cambio con la condiciones meteorológicas que acontecieron. En cualquier caso yo creo que la base está puesta y haciendo algunas modificaciones se puede mejorar aún más. Tu lo conocerás mucho mejor que yo, pero efectivamente da la sensación de que no hay un gran apoyo de las instituciones. Saludos

Isabel dijo...

Gran reportaje! Hoy, 2 semanas después de correr esta media, he leído tu cronica y he disfrutado el recuerdo a esta carrera, que me hizo entrar con los antebrazos dolidos por los puños que había formado subiendo ese dichoso último km y no pararme, porque supe que habría sido mi perdición. Llegué frita pero feliz y buscaré mejorar para la siguiente edición, pués ahora sé lo que me espera....¡Gracias por este estupendo relato de un sufrimiento anunciado!

Arganzboy dijo...

Hola Isabel: Gracias por tus palabras. Me alegra que te haya gustado. El año que viene nos toca tomarnos la revancha y doblegar las rampas abulenses. Saludos