sábado, 26 de mayo de 2012

XI Medio Maratón Senda del Oso

Foto by Tano González
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Voy a ver si soy capaz de ir devolviendo el blog a aquella estructura ordenada que tuvo antaño. Para ello esta vez os voy a contar mi experiencia en el XI Medio Maratón Senda del Oso disputado hace dos semanas en un bello rinconcito del provincia de Oviedo.

Como introducción os diré que esta carrera con encanto transita por la conocida Senda del Oso (de donde los más sagaces habréis intuido que toma el nombre), una pista para caminantes y ciclistas construida sobre la antigua vía de un ferrocarril minero. ¿Qué? ¿No os parece curioso? ¿No os resulta atractivo? Si queréis conocer más sobre ella no tenéis más que zamparos el tocho que he preparado acompañándolo de unas sidrinas bien escanciadas.

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1. Historia y orígenes de la Senda del Oso

La construcción de la primitiva línea de ferrocarril sobre la que actualmente se asienta la conocida como Senda del Oso, fue promovida por la Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós en el último tercio del s.XIX. Su idea era aprovechar la existencia en la zona de hierro y carbón para establecer un complejo siderúrgico que tendría los altos hornos en Quirós y una fabrica de laminación en Trubia. El ferrocarril era un elemento clave en este proyecto pues, dados los inexistentes medios de comunicación y la dificultad para ponerlos en marcha debido a la orografía del terreno, era la única opción para transportar la producción desde el quirosano pueblo de Santa María hasta su destino en la localidad de Trubia.

Tras unos lustros desde su puesta en funcionamiento (1884) en los que la producción y los resultados se alejaban mucho de las previsiones iniciales, la empresa impulsora subastó sus propiedades que pasaron entonces a manos de Fábrica de Miéres.

Si se tomaba Trubia como punto de partida, el trazado de la línea férrea remontaba el cauce del río del mismo nombre pasando por Villanueva, Proaza, Caranga y Bárzana hasta llegar a su final en Santa Marina. Posteriormente, a principios del s.XX y para dar también salida a la producción de las minas ubicadas en Teverga, se construyó un ramal que tenía inicio en el paraje de Peñas Juntas (Caranga) y final en Entrago (Teverga). Contaba en su trazado con varios puentes que fueron construidos inicialmente en madera y más tarde se “metalizaron” y con no pocos túneles excavados en la roca sin ningún revestimiento interno.

Este ferrocarril en forma de “Y” con base en Trubia y finales en Santa Marina (Quirós) y Entrago (Teverga), fue usado para el transporte del carbón y el mineral de hierro extraído de las minas de Teverga y Quirós, tanto por su propietaria (Fábrica de Miéres) como por otras empresas mineras que accedían al servicio mediante el pago de peajes. Llama la atención que, a pesar de las múltiples solicitudes de las poblaciones atravesadas, esta línea nunca fuera utilizada para el transporte de viajeros. Finalmente, a principios de los setenta de la pasada centuria, el declive de la minería en la zona y la obsolescencia de las instalaciones condujeron al cierre definitivo de la vía que había permitido un cierto desarrollo de la comarca.

Años después un grupo de cicloturistas gijoneses tuvieron la idea de transformar aquella vieja línea de ferrocarril en una senda turística. Expuesta ante el Gobierno del Principado de Asturias, el proyecto salió adelante con el apoyo de éste y de la Mancomunidad de los Valles del Trubia.

En la Senda del Oso se diferencian tres tramos. El primero, con una longitud aproximada de seis mil metros, une el área recreativa de Tuñón (Santo Adriano) con Proaza y fue inaugurado en 1995. El segundo, de Caranga (Proaza) a Entrago (Teverga), entró en funcionamiento un año después y medía aproximadamente catorce kilómetros. Este segmento fue ampliado el año pasado hasta Cueva Huerta (Teverga), alcanzando una distancia total de veintitrés kilómetros. El último tramo fue creado en 1999 y con una longitud de alrededor de cuatro mil quinientos metros une Caranga (Proaza) y el embalse de Valdemurio (Quirós).

Al paso por el puente de Villanueva (Photo by Mendalerenda)
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2. La salida en Tuñón, concejo de Santo Adriano.

El XI Medio Maratón Senda del Oso estuvo organizado por la Concejalía de Educación, Cultura y Deportes del Excelentísimo Ayuntamiento de Teverga. Sobre una distancia de veintiún mil noventa y siete metros, el recorrido seguía la conocida ruta verde desde el área recreativa de Tuñon (Santo Adriano) hasta la población de Entrago (Teverga). Allí se abandonaba la senda y se completaba el último kilómetro por carretera hasta llegar a la localidad de Teverga.

Inicialmente el límite de inscripciones estaba fijado en trescientas, pero creo que no éramos más de doscientos los que nos dimos cita en el Centro BTT Valle del Oso de Tuñón. Llegar hasta esta parroquia perteneciente al concejo de Santo Adriano es complicado si no se cuenta con un vehículo particular. Había una parada de autobús justo al lado, pero en los cerca de sesenta minutillos que estuvimos rondando por la salida no vimos pasar ninguno. Para facilitar el transporte de los corredores, la organización puso a nuestro servicio un autocar que partía de Teverga a Tuñón, volvía de Tuñon a Teverga (con las pertenencias de los atletas) una vez iniciada la prueba y, por último, regresaba a Tuñon a las 15:00 h para devolver a sus coches a aquellos que lo necesitaran.

En el área recreativa tuñonense además del parking para dejar los vehículos, también existía una cafetería en la que poder tomar un último tentenpié antes de comenzar la aventura. Dado que el número de corredores no era elevado, el dorsal “chipeado” se recogió sin esperas junto con una bolsa que incluía una pieza de fruta, una bebida energética y un “digestivo y liviano” bollu preñau que perfumó el coche hasta que dí buena cuenta de él una vez completada la carrera.

Como llegamos con tiempo, dimos un paseo por las cortas y escasas calles de Tuñón, donde pudimos contemplar la iglesia de Santo Adriano, principal construcción de esta parroquia de menos de treinta habitantes (según datos 2009). El vetusto templo fue levantado por orden del rey asturiano Alfonso III a finales del s.IX y da nombre al concejo. A una altitud de doscientos metros, Tuñón está ubicado en pleno Valle del Trubia, justo a orillas del río, rodeado de verdes montañas en un paraje precioso y bucólico.

Unos minutos antes de las 11:00 h, nos dirigimos a unos doscientos metros del área recreativa, donde una pancarta colgada de una especie de hórreo marcaba el lugar de salida. Tras un aviso mediante un toque de silbato, el disparo del juez árbitro marcó el comienzo de la prueba.

Más allá de Teverga y antes de Peñas Juntas (Photo by Arganzboy)
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3. De Tuñón a Proaza

Ya desde el principio se apuntaron dos aspectos que caracterizarían el medio maratón. El primero es que la salida estaba ubicada justo al inició de un puente que cruzaba el río Trubia. Los pasos elevados, junto con los túneles más adelante, son quizás dos elementos claves a la hora de describir la carrera. El trazado de la Senda del Oso discurre siempre junto al cauce del río y en numerosas ocasiones se pasa de un margen a otro utilizando los diversos puentes construidos.

El segundo aspecto era la superficie del camino. La vía verde se formó echando hormigón y grava sobre la caja de línea férrea, por lo que en todo el trayecto se corre sobre esta superficie. En algún tramo el paso del tiempo la ha deteriorado, pero en general es muy uniforme y cómoda para transitar por ella.

Puestos en marcha, los hectómetros iniciales sirvieron para que cada uno encontrara su sitio en la carrera. Éramos pocos pero al ser la senda tan estrecha (alrededor de dos metros y medio), en estos primeros compases no era fácil encontrar un hueco para adelantar. Ya cogido el ritmo y bien desperdigados para no estorbarnos, se alcanzaba la población de Villanueva cerca del kilómetro dos. Capital del concejo de Santo Adriano, destaca la belleza de su puente romano, sobre el que transitamos para cruzar sobre el Trubia.

Tras atravesar Villanueva, a sus afueras se cruza el puente de El Sabil sobre la carretera comarcal AS-228 y el río, alejándose el trazado de la carrera del cauce de éste y discurriendo a partir de entonces por la falda de la montaña. A esas alturas yo ya iba empapado de sudor. A pesar de la agradable temperatura (alrededor de unos 15ºC), el cielo estaba encapotado y la humedad era elevada. Había que hidratarse bien durante la carrera bien si no se quería tener algún sustito.

Alrededor del kilómetro cuatro y pico, junto al conocido como monte Fernanchín, en el límite de los concejos de Santo Adriano y Proaza, alcanzamos la zona cercada donde viven las dos osas asturianas Paca y Tola. Hubo suerte y desde nuestro camino pudimos contemplar a ambos plantígrados “descansando” en una parte acotada dentro de sus dominios. Su historia de película comienza en 1989 cuando en una cacería furtiva se abatió a su madre en Tineo (Asturias). El cazador no quiso que las crías siguieran la misma suerte progenitora y mediante una llamada avisó de que habían sido depositadas en el monasterio de Obona. El SEPRONA las recogió y comenzó entonces su cría en cautividad. Las osas fueron primero custodiadas por el Principado de Asturias y luego por FAPAS en sus instalaciones de Llanes. Como en Asturias no existía un lugar cercado adecuado para ellas, fueron trasladas a Vic (Barcelona) y posteriormente a El Hosquillo (Cuenca). Finalmente en el 1996, una vez acondicionado y delimitado un territorio mediante una doble valla electrificada, Paca y Tola regresaron a su tierra natal.

Volviendo a la carrera, a la altura de Proaza, el Trubia vuelve a juntarse con la Senda del Oso. Sin embargo, el núcleo urbano de la población queda relativamente lejos de nuestro recorrido, a unos doscientos metros a nuestra derecha. Solo al final, una curva de la senda la acerca hasta tocar al extremo suroeste de la localidad, transitándose entonces junto a la llamativa (y discordante con el entorno) central eléctrica.

Saliendo de un tunel (Foto de Tano González)
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4. De Proaza a Caranga

Llevábamos recorridos alrededor de seis mil metros. A partir de aquí el paisaje cambió. Hasta el momento habíamos transitado por un valle amplio, junto a grandes prados y entre montañas de laderas más bien tendidas, muy verdes y sin apenas árboles. Ahora el valle se cerraba encajonando poco a poco el curso del río, la piedra caliza y cuarcítica se hacía más presente en la montaña y los árboles cada vez eran más numerosos, tanto que se convertían en un “techo natural” de la senda.

Unos mil metros más adelante nos encontramos con el primero del que sería una numerosa serie de túneles que nos acompañarían desde allí al final de la carrera. De diferentes longitudes, posiblemente fueran uno de los elementos más llamativos de todo el itinerario y un aliciente adicional para hacer la carrera más divertida y emocionante. Sin duda eran el recuerdo más patente de aquel antiguo ferrocarril minero que, a través de ellos, salvaba las zonas más angostas de los valles del Trubia y el Teverga.

Entre los kilómetros siete y ocho se encontraban dos de los túneles más largos, de alrededor de cien metros de longitud cada uno, que hacían posible atravesar el impresionante desfiladero de Peñas Juntas. Estas galerías estaban iluminadas con una luz muy tenue que no permitía ver el suelo salvo justo debajo las bombillas y que mostraban entre tinieblas unas paredes de piedras con aristas, sin pulir y sin ningún recubrimiento que las suavizara. Para evitar sufrir algún traspié que me llevara a dar con mi grácil figura en el suelo, opté por correr levantando más las rodillas y pisando como si tuviera pies planos, algo parecido a marcar el paso. Supongo que el que en esos momentos iba justo detrás de mí debió pensar que me había transformado en un pato mareado, pero ya se sabe que “ande yo caliente…”

El desfiladero de Peñas Juntas fue posiblemente el paraje más espectacular que atravesó el medio maratón. Allí las dos laderas del valle se convertían en dos paredes verticales de piedra caliza que prácticamente llegaban a tocarse y que solo dejaban espacio para el paso del río y de la carretera comarcal.

Un poco después de haber dejado atrás Peñas Juntas, alrededor del kilómetro nueve, se alcanzaba Caranga de Abajo, todavía en el municipio de Proaza. Aquí la prueba daba un nuevo giro de tuerca. Hasta entonces el terreno siempre había picado hacia arriba (se habían ascendido unos cien metros desde Tuñón), aunque habían existido zonas de bajada que permitían recuperar el aliento y las piernas. A partir de entonces la pendiente, aunque seguiría siendo bastante suave, se haría un poco más inclinada y, sobre todo, permanente: en los siguientes once mil metros todo sería subida, sin ningún respiro, sin ningún descanso.

En el tramo final de la senda (Photo by Yomismo)
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5. Subiendo hasta la meta

Esta nueva fase de la carrera me llevó a una especie de estado que no sé muy bien como definir sin que parezca que me he fumao algo ilegal. Pareciera que después de descubrir el paisaje y sorprenderme por el entorno durante la primera mitad de la carrera, en esta segunda lo interiorizara (¡os prometo que no me drogo!). La zona que atravesábamos ahora era de lo más bucólico. La senda ascendía remontando el cauce del río Teverga, afluente del Trubia, entre un denso pasillo de árboles ribereños (castaños entre ellos), pequeños pero muy cucos túneles y sin atravesar ya ningún núcleo de población. Los espacios entre los participantes se habían hecho bastante amplios y no era raro pasar largos ratos en soledad, escuchando solo el rumor del agua del río, tus pisadas y tu respiración. Solo algún cicloturista o senderista rompía la magnífica monotonía con sus ánimos y aplausos.

Yo llevaba muy buen ritmo. Había salido quizás un pelín rápido pero estaba manteniendo e incluso incrementando paulatinamente la marcha. La referencia de los puntos kilométricos pintados en el suelo no parecía muy fiable, pues cada uno de ellos estaba pintado varias veces en el suelo, supongo que de anteriores ediciones, con lo cual no sabía exactamente de que marca fiarme. En cualquier caso y para ser sincero, me daba exactamente lo mismo: las sensaciones eran buenas, claramente iba recuperando posiciones y, sobre todo, estaba disfrutando como un enano. El único punto un poco negativo era la excesiva humedad reinante que me provocaba una ligera sensación de agobio.

Cálculo que unos dos mil y pico metros antes de llegar a Entrago, fue cuando alcanzamos el túnel más largo de todo el recorrido. Según un cartel que estaba clavado en un poste delante de la entrada, su longitud superaba los trescientos metros. Este si estaba bien iluminado tanto por las pequeñas lamparitas como por la luz natural que penetraba por una amplia abertura en forma de terracita natural sobre el Teverga, situada hacia la mitad de la galería.

A la salida de la gruta, el número de árboles comenzaba a descender y su lugar era ocupado por grande masas pétreas, hasta llegar al estrecho paso marcado por las imponentes Peña Gradura a la derecha y Peña Sobia a la izquierda. Unos setecientos metros una vez superado este punto se alcanzaba el pueblo de Entrago, donde se localizaba el punto kilométrico número veinte.

Aquí se abandonaba la Senda del Oso para recorrer el último kilómetro hasta Teverga. Estos últimos mil metros fueron sin lugar a dudas lo peor de la carrera pues, además de ser los de mayor pendiente, se realizaban por la cuneta derecha de la estrecha carretera comarcal AS-228. Aunque el tráfico no era muy abundante, los vehículos te pasaban muy cerca y a esas alturas los reflejos de los corredores no estaban ya para muchas florituras.

Tras un último giro a la derecha apareció la larga recta final, abarrotada a ambos lados por los familiares y amigos de los participantes y por los animosos teverganos. Como un último sorbo de un buen vino, aminoré la marcha para degustar los metros finales y cruzar la meta en un tiempo de 1:36:50 (puesto 57 de los 187 llegados a meta).

Saliendo de uno de los tuneles (http://www.gabiramos.com/)
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6. Conclusiones

El Medio Maratón Senda del Oso es una carrera encantadora, que discurre por un entorno de una gran belleza natural y que aporta muchos más alicientes que una prueba convencional sobre esa distancia.

A pesar de que el nombre pudiera en un principio llevar a pensar en un medio maratón de montaña, no hay que asustarse pues no es así ni de lejos. Es cierto que recorre un valle y una zona montañosa, pero siempre por una superficie de hormigón y sin los desniveles y dificultades propias de una carrera de ese tipo. No hay que olvidar sin embargo que si presenta cierta exigencia. Aunque de forma tendida, su perfil es sierpe ascendente, pasándose de una altura de unos 145 metros en la salida a unos 450 metros en la llegada. Conviene tener en cuenta que de los 305 metros de desnivel unos 200 se superan en la segunda parte de la carrera, claramente más dura que la primera.

En definitiva, una carrera muy, muy, muy recomendable que os ánimo a que conozcáis en próximas ediciones. Y si no lo hacéis, allá ustedesvusotros

Sed felices.


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6 comentarios:

Guillermo dijo...

Oye, pues tiene una pinta cojunada.
Me la apunto, sí señor, me la apunto.

Salu2
G

Arganzboy dijo...

Merece muuuuuuuuucho la pena. Y si aprovechas para pasar el fin de semana por la provincia, ya ni te cuento ;-) Saludos

Manuel Moreno Villares dijo...

Entiendo perfectamente lo de poner un poco de orden en el blog,...

Con tu permiso te sigo.

Mi blog anterior era http://motivacionrunner.blogspot.com. Pero lo estoy migrando a http://desafiorunning.blogspot.com

Un abrazo

Fran González dijo...

Vaya fotos más chulas! tiene que ser toda una gozada correr por ahí.
saludos

Arganzboy dijo...

Sigo tu migración Manuel.

Fran, la verdad es que es una gozada. Vaya si lo es.

Saludos

Victor Guerra Garcia dijo...

Aquel grupo de cicloturistas gijoneses era esencialmente Victor Guerra, que presento un anteproyecto que asume el Gobierno de Pedro de Silva que nos encarga un trabajo de definición que fue el proyecto de recuperación de la Senda de los Valles del Trubia, lo del Oso vino más tarde.
Un saludo
Victor Guerra (victor.guerra@gmail.om