lunes, 2 de enero de 2012

2011: El año que me eché al monte

Parque de El Buen Retiro (Madrid)

Bueno, pues aquí estoy de nuevo resumiendo un año que se nos ha ido hace unas pocas horas. Otros 365 días que han pasado en un suspiro, que para unos habrán sido mejores y para otros peores, pero que había que vivirlos y disfrutarlos lo más posible. Porque la vida no permite tomarse excedencias. Uno no puede dejar de existir ahora y volver en un par de años como si nada hubiera pasado. Por lo menos de momento.

Hecha esta reflexión pseudofilosófica, voy a intentar resumir lo que para mí ha sido el 2011 atléticamente hablando. Esta entrada “balance del año” se ha convertido en un clásico en este blog y, no sé muy bien por qué, pero es de las que me gusta escribir. Creo que tiene que ver con el hecho de que viene a cerrar una etapa y a abrir otra y esto es bueno tanto si el año ha ido mal, porque así intentas hacer borrón y cuenta nueva, como si ha ido bien, porque en este caso gusta recordarlo.

Entremos en materia.

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1. Año iniciático

Repasando mi vida de corredor, posiblemente el 2011 haya sido mi mejor año. La primera razón y más importante, es que no he sufrido ninguna lesión ni ha existido ningún factor externo que me haya hecho parar y perderme parte de la temporada. He tenido y tengo las típicas molestias y/o dolores con los que todos convivimos es nuestro día a día, pero nada de tal importancia que me obligara a dejar de correr y a estar un tiempo en el dique seco.

Directamente relacionado con la ausencia de lesiones, el segundo factor que convierte al 2011 en inolvidable es que ha supuesto un record personal en el número de carreras (30) y en la distancia recorrida en competición (677.030 m). Estas cifras superan con holgura las del 2009 que hasta el momento era el ejercicio con mejores números en términos absolutos (26 carreras y 519.343 m).

Pero sin duda, lo que ha marcado estos doce meses que acabamos de despedir y lo que recordaré siempre será mi ansiado debut en pruebas de montaña y “trail” (si es que se puede llamar así a las carreras en las que he participado). Es verdad que disfruto en todas o casi todas las competiciones en las que tomo parte, pero no es menos cierto que ya son bastantes años corriendo y las sensaciones difieren poco de una carrera a otra. Sin embargo, el participar en carreras de montaña me ha abierto un nuevo abanico de posibilidades, un nuevo catálogo de emociones diferentes y al menos igual de importantes a aquellas que tuve cuando completé mis primeras carreras por asfalto. He subido cuestas impensables, he trepado grandes rocas, he atravesado verdes praderas, he negociado con más miedo que vergüenza descensos empinados y sinuosos, he atravesado canchales, he contemplado paisajes maravillosos, he cruzado extensos pinares… En definitiva, ha sido mi año iniciático en la montaña, aquel en el que en plan maqui me eché al monte, en el que he descubierto una nueva faceta de este deporte que espero poder seguir frecuentando durante mucho tiempo.

Puente Romano (Mérida)
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2. Medios maratones

En la entrada en la que hacía balance del 2010, apunté la siguiente intención / previsión relativa al 2011: “(…) espero seguir aumentando la cifra de medios maratones y, si se diera rematadamente bien, poder alcanzar la centena de participaciones en esta distancia.(…)”

A la vista de los resultados, la cosa se ha dado mejor que rematadamente bien. No solo he alcanzado el centenar de medios maratones sino que lo he superado en dos más, dejando mi marca personal en 102 a cierre de año. He de decir que si bien era un hito que intuía que acabaría llegando más pronto o más tarde, según se acercaba se convirtió en una pequeña obsesión. Finalmente fue en Moratalaz, donde alcancé tan redonda cifra y donde me quité de encima el peso con el que yo solito me había cargado.

En estos trescientos sesenta y cinco días he completado veintidós medios maratones, de los que diez han sido debuts. Cuatro de las novedades han tenido lugar por montaña o “cuasi” montaña. El Medio Maratón por la Naturaleza enmarcado en la Sierra de Gredos fue una excelente toma de contacto con los senderos de tierra y los paisajes naturales. En el de los Montes de Toledo ya tocó sufrir y pagar la novatada a causa del perfil, el calor reinante y la inexperiencia. Justo a la vuelta de las vacaciones veraniegas esperaba la Carrera de las Dehesas, una deliciosa prueba por la sierra madrileña que alternaba distintos paisajes y terrenos y que creo que fue mi enganche definitivo a este tipo de competiciones. Muy variada y divertida, me atrevería a decir que ha sido mi gran descubrimiento de este año. Por último, el Medio Maratón Solidario (Somosierra) no presentó la dureza del anterior en cuanto a trazado, pero las condiciones meteorológicas reinantes (niebla densa y viento) tiñeron de épica el esfuerzo de los que allí nos dimos cita.

Otros cuatro estrenos tuvieron el gran aliciente del turismo asociado: León, Burgos, Córdoba y Rubielos de Mora Las tres primeras ciudades ya las conocía, aunque no sus medios maratones. El leones resultó ser una carrera muy bien organizada, con un recorrido que atravesaba su centro histórico y con una ciudad bastante implicada en su celebración. Al cordobés, a pesar de tener también una muy buena organización, le faltó algo de encanto: posiblemente el dejar de lado en su trazado la principales calles y monumentos de la ciudad fuera la causa. Ambos fueron eventos que concentraron a un alto número de participantes. El de Burgos, considerablemente menos multitudinario que los dos anteriores, se encuentra en una fase de renovación. Le falta todavía lograr un mayor apoyo de la ciudad y de los corredores para dar el salto de calidad, pero parece estar asentando unas buenas bases para el futuro próximo.

El Medio Maratón de Rubielos de Mora fue otro de los grandes hallazgos del 2011. Además de permitirme disfrutar de un magnífico fin de semana en compañía de mi familia descubriendo una serie de encantadoras localidades turolenses que desconocía, la carrera es una gozada. Un número reducido de corredores (menos de doscientos), un recorrido muy exigente y de gran belleza, una organización atenta y eficaz, un ambiente fantástico y el cariño de todas las poblaciones que atraviesa, lo convierten a mi modo de ver en un medio maratón muy pero que muy recomendable. Además no la olvidaré nunca, pues en una prueba infantil que se celebraba unos minutos antes que la de los mayores, debutó Arganzboy Jr (alias “el heredero”) en el mundo del atletismo.

Completaron el capítulo de novedades mediomaratonianas el del Románico Rural y el de Palencia. El primero es una carrera pequeña en tamaño pero grande en ilusión que une varias pedanías pertenecientes a Sigüenza. El palentino, con apenas dos ediciones disputadas, ha alcanzado gran repercusión. Una buena organización, un envidiable apoyo mediático, un atractivo, animado y céntrico recorrido y un gran ambiente lo avalan.

Los doce restantes los repartí entre los clásicos de mi repertorio (Getafe, Latina, Tragamillas, Ciudad Universitaria, Moratalaz y Villaverde), los que van camino de serlo (Segovia, Ciudad Rodrigo y Burgo de Osma), los que me gusta revisitar de vez en cuando (Azuqueca y Babilafuente) y el redescubrimiento del año (Ávila).

Todo es posible, pero en 2012 parece difícil que pueda repetir la cifra de veintidós medios maratones. Si todo va bien, en esta distancia me conformaría con estar cerca de la docena y media, revisitar mis preferidos y debutar en algunos nuevos o seminuevos a los que ya tengo echado el ojo (Aranjuez, Salamanca, Cuenca,…)

Detalle monumento a Maimónides (Córdoba)
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4. Maratones

En la entrada balance del 2010 a la que hacía referencia en el apartado anterior, también hubo lugar para hacer una previsión respecto a la distancia de Filípides: ” (…) También me gustaría poder completar al menos tres maratones (…)”. Esto no he conseguido cumplirlo y me he quedado solo en solo dos. Y eso que me puse manos a la obra antes que ningún otro año.

A mediados de febrero saldé una deuda pendiente que tenía con el Maratón de Sevilla y me di el gustazo de cruzar su línea de meta en el histórico y decadente Estadio de la Cartuja. Muy bueno para hacer marca si sale un día sin viento, el maratón sevillano a mí me resultó un poco “descafeinado”: su trazado recorre amplias avenidas sin apenas animación y deja de lado las calles más céntricas y bellas de la ciudad. En cualquier caso esto último lo pudimos compensar durante el resto del fin de semana que pasamos en la capital andaluza con la excusa atlética.

El segundo llegó en abril cuando me reencontré con el Maratón de Madrid. Después de no participar en 2010 por lesión, mi octava experiencia en el maratón de mi ciudad fue de lo más gratificante. No sufrí el tan temido muro (tampoco en Sevilla) y alcance la meta muy entero y, por primera vez, de la mano de mi hijo. Por lo que parece, esta edición cerró un ciclo en lo que a la organización de la prueba se refiere. La entrada de una empresa americana se espera que suponga un cambio a mejor, una mayor proyección nacional e internacional y un creciente apoyo de las instituciones y la ciudadanía ¿Se conseguirá? La solución en apenas cuatro meses.

Con dos maratones a la espalda y con dos tercios de año por delante, todo apuntaba a que el reto de lograr completar tres estaba prácticamente cumplido. Sin embargo finalmente por unas cosas o por otras no ha podido ser. La razón principal fue que la montaña se cruzó en mi camino y me hizo perder un poco el interés maratoniano. También contribuyó mi “ansiedad” por acumular medios maratones para llegar a la centena. Así fui dejando pasar una tras otra todas las oportunidades a las que iba echando el ojo para añadir el tercer maratón (el nocturno de Bilbao, Zaragoza, Mallorca y Castellón) y el tiempo se agotó.

Realmente estuve muy cerca de conseguirlo cuando me inscribí en agosto al Maratón de Río Boedo, pero una cagada mayúscula lo impidió. Tras hacer noche en Burgos, salí del hotel a las 5:30 AM en dirección a Báscones de Ojeda, lugar donde se celebra esta carrera. Pues bien, como le ocurría a Dinio hace unos años, la "noche me confundió" y al tomar la A67 lo hice en dirección contraria. No me di cuenta de mi error hasta llegar a Palencia. Entonces intenté volver y busqué un atajo por carreteras secundarias pero el remedio fue peor que la enfermedad. Aunque ahora esbozo una sonrisa al recordarlo, no os podéis imaginar la rabia que sentí en aquellos momentos. En fin, tendré que aprender de los errores y empezar a confiar en el uso del navegador.

A decir verdad y como mencionaba con anterioridad, en estos últimos meses he perdido gran parte del interés que tenía por los maratones de asfalto, así es que no puedo dejar una intención sobre la cifra de ellos que correré en el año recien estrenado. Eso si, una de las cosas que me gustaría decir cuando el 2012 termine es que he completado un maratón de montaña. Se admiten apuestas.

Catedral de Ciutadella (Menorca)
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4. Otras distancias

En este apartado llama la atención una cuestión que no me había ocurrido hasta ahora: en 2011 no he corrido ningún diez mil o distancia inferior. Curioso.

Lo más cercano a los diez kilómetros fueron los veraniegos Trofeo de San Lorenzo (10.600 m) y la Pedestre Popular de Guadarrama (11.500 m) y, ya bastante más alejada, la Pedestre de Tres Cantos (15.000 m). El San Lorenzo, una tradicional y fenomenal carrera, vino marcado este año por: i) el recorte de parte de su recorrido. La organización no obtuvo el permiso necesario del área de movilidad y se suprimieron los hectómetros en los que otrora se visitaban la C / Alcalá y Cibeles. A mí el tema me tocó la fibra rebelde y decidí “indignarme” y completar el recorrido tradicional. No sirvió de nada pero me quedé más ancho que largo y ii) El homenaje a Óscar Menéndez “Ertumba”. Corredor popular fallecido en un accidente en la montaña unos días antes, sus amigos le rindieron un emotivo y espectacular recuerdo al principio, durante y al final de la carrera.

Las de Guadarrama y Tres Cantos cumplieron de forma correcta para pasar una buen rato pero sin nada reseñable

El resto de las pruebas han estado más cerca de la distancia correspondiente a un medio maratón (casi siempre por encima) y han tenido el denominador común de que se han disputado por montaña.

La Travesía a las Cumbres Escurialenses fue un hallazgo inesperado. Se trata de una prueba no competitiva que con salida en San Lorenzo de El Escorial recorre en unos veintidós mil metros las cuatro cumbres que rodean la zona (Machota Baja, Machota Alta, Pico de San Benito y Risco Alto) y finaliza en el Monte Abantos junto a la Fuente Cervunal. Una magnífica ocasión para tomar contacto con la montaña, disfrutar de sus paisajes y engancharse.

Unos días de vacaciones por el Pirineo Aragonés me dieron la posibilidad de participar en la Carrera de Montaña Paso del Onso (23.000 m). Se disputa por el Valle del Broto, un paraje de gran belleza que presenta unos paisajes montañosos muy diferentes a los que pueden verse por tierras madrileñas. A priori iba bastante asustado pero, siendo una carrera dura, resultó no tener una gran dificultad técnica y ser una muy buena piedra toque para aquellos que estamos empezando en estas lides.

El Cross de la Pedriza fue seguramente la prueba más difícil a la que me enfrente en 2011. Fueron casi una veintena de kilómetros por paisajes pétreos, subiendo y bajando por interminables zonas de rocas más propias del habitat de las cabras que de los humanos. Aunque a toro pasado guardo muy buen recuerdo, de momento me siento más atraído por competiciones que sean más “corribles” y que no presenten tanta dificultad técnica.

Por último, la recién estrenada Carrera de Montaña “Cerro Marmota” (25.000 m) no debe asustar a nadie, pues realmente no se trata de un competición de montaña (como dice su nombre), sino que es más bien una carrera por el campo. Con unos primeros diez kilómetros muy favorables en un entorno bucólico, la cosa comienza a complicarse a partir de entonces y alcanza su máxima dificultad en el último tercio del recorrido. Muy recomendable para todos aquellos asfalteros de larga distancia que quieran probar algo diferente.

Acueducto de los Milagros (Mérida)
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5. Los proyectos

Como ya conocéis los que visitéis este chiringuito de vez en cuando, desde hace un tiempo tengo en marcha dos proyectos relacionados con esto del correr. El primero y más antiguo es el que he venido en llamar “Un país en mi mochila” y es aquel en el recojo todos los lugares de la geografía española en los que he participado en alguna carrera. En cifras, la evolución de este ejercicio recién terminado puede resumirse del siguiente modo:

- El 50% de las competiciones que he completado han tenido lugar fuera de Madrid
- En 2011 he corrido en catorce provincias: Madrid (15), Sevilla, León, Segovia, Salamanca (2), Guadalajara (2), Ávila (2), Toledo, Burgos, Soria, Teruel, Huesca, Palencia y Córdoba.
- En el acumulado, tras las cinco nuevas sumadas en 2011, ya he corrido con dorsal en veintidós provincias españolas

En cuanto al otro proyecto, "Un euro cada cinco kilómetros", creo que el primer año de funcionamiento ha superado con creces mis expectativas. Mi buen año carretil se ha traducido en donaciones por un importe total de 140,00 € que he intentado ir repartiendo por distintas asociaciones y ONG en aportaciones de 10,00 €. Soy consciente de que no es mucha cantidad, pero espero que haya contribuido a ayudar a los más desfavorecidos. Vuelvo a repetir lo que dije cuando comencé con esta idea: seguro que 100 € /año no es mucho pero si lo hacemos cinco personas ya serán 500 €/año y si somos veinte sumaran 2.000 €/año.

¿Cómo preveo que evolucionen ambos programas durante el 2012? En lo que se refiere a “Un país en mi mochila”, la idea es seguir uniendo turismo y atletismo popular (dos de mis princípiales aficiones), descubrir nuevos ciudades y pueblos de la geografía española y recorrerlos a la carrera. En este sentido, en el año que acaba de comenzar intentaré poner alguna pica más en la cornisa cantábrica, en Cataluña y en Andalucía.

En cuanto a “Un euro cada cinco kilómetros”, la ecuación es fácil: a más carreras más recaudación. Superar lo conseguido en 2011 será muy, muy complicado, pero si las lesiones me respetan intentaré acercarme lo más posible.

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7. Conclusiones, previsiones y agradecimientos

Después de todo lo expuesto, los objetivos principales para el 2012 siguen siendo los mismos que en los últimos años: que las lesiones no aparezcan, que corra cuanto más mejor y que pueda continuar contándolo en este blog. Cumplidos estos objetivos, habría dos retos adicionales que me gustaría conseguir. El primero ya lo he mencionado anteriormente, sería completar un maratón de montaña. El segundo lo veo aún más complicado si cabe y consistiría en correr una prueba de cien kilómetros o similar. Difícil si, imposible nunca.

En cuanto al blog, intentaré seguir sacando tiempo de donde apenas lo hay para mantenerlo vivo. Este diario, o atendiendo a la periodicidad de las entradas, más bien “semanario”, tiene un gran valor para mí pues me permite plasmar vivencias, opiniones, sensaciones, etc… que quedan ahí para siempre y que puedo consultar cuando lo necesito. En principio pensé que solo tendrían utilidad para el que escribe, pero por el número de entradas que recibe y los comentarios que dejáis, compruebo con orgullo y satisfacción (¿de que me suena esta expresión?) que a alguien más le sirve. Por todo ello quiero daros las gracias a todos aquellos que visitáis esta página de forma puntual o asidua, a los que os habéis registrado como seguidores o a los que enriquecéis el blog con vuestros comentarios. Sois un incentivo para seguir aquí y para continuar buscando cosas nuevas que contar.

Cuando hice el resumen del 2010, finalicé con la siguiente previsión para el 2011: "Para acabar, decir que tengo la sensación que el año que esta a punto de nacer va a ser muy duro. No sé si en lo del correr pero si en muchas otras facetas de la vida. Posiblemente esta visión derive de mi naturaleza pesimista (u optimista bien informado), pero en cualquier caso habrá que apretarse los machos y mirar al frente. Ojala me equivoque. De cualquier forma el 2010 no ha podido con nosotros y el 2011 tampoco lo hará.” Desgraciadamente lo clavé.

Para el 2012, mi predicción no es mucho más halagüeña. En lo personal me temo que las circunstancias que han surgido en el último año difícilmente van a ir a mejor, así es que habrá que seguir conviviendo con ellas y llevarlas de la mejor manera posible. En lo colectivo, pienso que el 2012 marcará un punto de inflexión: la primera mitad de año o incluso los tres primeros trimestres van a ser aún más duros que el 2011, pero tengo la impresión de que de una vez por todas conseguiremos tocar fondo que, aunque suene horrible, debe ser el primer paso para intentar volver a la superficie. De cualquier modo ni el 2010 ni el 2011 pudieron con nosotros ¿vamos a dejar que pueda el 2012? (todos a coro) ¡Y una mierda!

Feliz año.


Viñetas de El Roto en http://www.elpais.com/
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viernes, 23 de diciembre de 2011

XXVIII Medio Maratón Rockero de Villaverde

Llegando a meta. Extraída de http://www.forofosdelrunning.com/
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El domingo pasado participé en el XXVIII Medio Maratón Rockero de Villaverde que, o mucho me equivoco, o servirá para poner el broche de oro al año atlético 2011. Aunque poco me queda por contar de esta carrera que no haya hecho ya en ocasiones anteriores (es la octava vez que la completo), voy a dejar por aquí una pequeña referencia para que puedan leerla generaciones futuras.

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No soy imparcial cuando se trata de hablar de Villaverde. Es una prueba a la que tengo un gran cariño y en la que me gusta participar siempre que puedo. Sin embargo no creo que nadie pueda decir que exagero si afirmo que en las últimas ediciones la carrera y todo lo que la rodea va de bien en mejor.


Soy de la opinión de que el cambio en el recorrido acometido hace un par de años ha sido crucial. Este medio maratón ha ganado mucho atractivo desde que buena parte de su trazado discurre a la vera del río Manzanares. Cierto es que en determinados momentos, debido a lo estrecho de algunas zonas, pueden formarse ciertos apelotonamientos incómodos, pero la verdad es que lo bucólico del paraje compensa con creces. Y más en un día soleado y frío como fue el del domingo.

También son muy agradables los hectómetros que atraviesan el Parque de la Dehesa de Boal a la sombra de los pinos (como cantaba la Del Monte), y tiene mucho encanto el callejeo que se lleva a cabo por las estrechas rúas del antiguo Villaverde, tanto a la salida del parque anteriormente mencionado como antes de encarar la subida a la Gran Vía.

Además la organización es cada vez más cuidada. Entrega de dorsales y chips perfectamente ordenada, distancia bien medida, alfombrilla lectora de chips en salida y meta, recorrido correctamente señalizado, avituallamientos muy bien atendidos, generosa bolsa del corredor a los llegados, precio asequible, carreras para lo más pequeños y sorteos de material deportivo son factores que hablan muy bien a favor de todos aquellos que pusieron en pie este evento, tanto organizadores como voluntarios.

Otro aspecto a resaltar es el ambiente popular y acogedor que tiene la prueba. Creo que esto se consigue gracias a la buena mezcla entre el esfuerzo de los organizadores, la predisposición de los participantes que allí nos damos cita y el cariño que muchos habitantes del barrio muestran por el medio maratón. Como muestra del carácter de esta carrera basta con citar los nombres de los ganadores en categoría masculina y femenina, Roberto Álvarez y Yolanda García.

Este año el medio maratón contó con una animación extra que vino de la mano de ViniloFM. La música rockera y alguna moto Harley sirvieron para ambientar la salida y la meta ubicadas en el Auditorio de El Espinillo, así como buena parte del recorrido.

En resumen, que a pesar de los tiempos convulsos que vivimos, el Medio Maratón de Villaverde sigue mejorando año a año, innovando y tomando nota de sus posibles deficiencias para solventarlas en la edición siguiente. Un esfuerzo que se nota y se aprecia y al que respondimos un buen número de corredores (casi mil), máxime teniendo en cuenta la coincidencia en el mismo día con otras pruebas de gran tirón.

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A nivel personal, el XXVIII Medio Maratón de Villaverde resultó ser un magnífico bálsamo para mi reciente depresión atleticopopular, pues recuperé sensaciones que hacía un par de meses que no tenía. Como conozco la carrera de sobra, decidí salir un pelín rápido para coger una buena posición en el grupo y no verme atrapado en las estrecheces del tramo del Parque Lineal del Manzanares. Al llegar allí me sentí cómodo con el ritmo elegido, así es que opté por seguir hasta donde aguantara. Mi sorpresa fue que pude hasta el final.

La verdad es que me lo pase muy bien y volví a disfrutar como no lo había hecho desde hace un tiempo. Es cierto que sigo arrastrando ciertas molestias físicas. Me preocupan las del gluteo y las de la espalda, aunque seguramente las primeras tengan su origen en las segundas. Pero me demostré que estoy bien de forma y que mi agotamiento es más de coco que físico. Creo que el parón que voy a tener durante las próximas semanas en lo que a carreras con dorsal se refiere, me va a venir de perlas.

Por cierto, acabé en un tiempo neto de 1:33:19 y ocupe el puesto 164 de los 913 llegados a meta. Podía haber hecho mejor marca, pero el arrodillarme al paso frente la Polideportivo Municipal “Señor” Raúl González y recorrer unos cincuenta metros postrado de hinojos al grito de "¡Raúl selección!", lo impidió.

Y nada más por el momento. ¡Que os sean leves estas fiestas y sed felices!

Nota: En el previo de la carrera volví a encontrarme con Yonhey, que iba a hacer doblete después de participar en el Cross de Patones el día anterior. ¿Hay alguna carrera en la que no participe este hombre? ;-)

viernes, 9 de diciembre de 2011

El Camí de Cavalls


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I. El Camí de Cavalls

Menorca está surcada por numerosos caminos rurales entre los que destaca por su belleza e importancia el conocido como Camí de Cavalls, un antiguo sendero de casi doscientos kilómetros de longitud que bordea el perímetro de la isla. Su origen es incierto. Entre los lugareños está muy extendida la hipótesis de que algunos tramos ya existían en el s. XIV. Su razón de ser original estaría relacionada con un sistema de defensa ideado por los catalanes, según el cual el rey Jaime II otorgaba tierras a aquellos que pudieran mantener un caballo y disponer de armas. Los colonos estarían obligados a cambio a realizar labores de vigilancia de la costa recorriendo a caballo este sendero y a defender la isla en caso de que se produjera una ataque enemigo.

Otra hipótesis es que el camino fuera trazado por los franceses durante una de sus estancias en la isla de Menorca aproximadamente cuatro siglos después. Sea uno u otro el verdadero origen, lo que si es cierto es que la documentación más antigua que sobre él se ha encontrado data del "Libro de Acuerdos de 1731 a 1736" en el que ya se hacía referencia a un camino que circunvalaba la isla. En una orden del gobernador Richard Kane a los alcaldes de la ínsula se puede leer los siguiente: "El viejo Camino Real que pasa alrededor de la Isla en la Costa de la Marina se debe señalar anualmente en el mes de marzo con ramas verdes a poca distancia unas de otras; y tanto dichas barreras como el señalar será a cargo de los sujetos que habitan en el territorio por donde pasa el camino. Y sí el dicho Camino Real en alguna parte se halla muy distante del mar y que pudiese caber más cerca se le debe mudar tan confinante al mar como sea posible de pasar a caballo".

Unas décadas más tarde, en 1758, fue el gobernador francés Conde de Lannion quien ordenó su mantenimiento y ampliación. De 1780 data el primer mapa conocido de Menorca, realizado por el cartógrafo Louis Stoki d’Arc de la Rochette, en el que aparece representado su trazado. Apenas un par de años después, el gobernador español Conde de Cifuentes afirmaba: “los caminos llamados de cavallos esten abiertos y de todo libres y compuestos de poderse libremente transitar…”. Y así fue pasando el tiempo.

Hasta hace aproximadamente medio siglo, los payeses que explotaban los predios tenían la obligación de mantener el camino libre de vegetación y de señalar su trazado mediante piedras blanqueadas dispuestas estratégicamente. Desde entonces el trazado había sido abandonado a su suerte y, en muchos tramos, la maleza se había encargado de hacerlo desaparecer.

En los últimos años le reivindicación popular y el trabajo de recuperación realizado han revitalizado el Camí de Cavalls, convirtiéndolo en un camino público que da la vuelta a toda la isla menorquina y que está incluido entre las rutas de Gran Recorrido europeas (identificado como GR223)

Tiene una longitud de 185 kilómetros y está dividido en 20 etapas o tramos. Aunque su máxima altura sea sólo de 125 metros, el desnivel acumulado en todo el camino alcanza los 4.000 metros. Al tratarse de un recorrido circular se puede comenzar en cualquier punto, pero el km 0 está situado en el Puerto de Maó desde donde arranca la primera etapa. El Camí de Cavalls está señalizado con estacas cuadradas cada 50 o 100 metros (esto no ocurre en los tramos urbanos) y paneles informativos en el inicio de las etapas.

El Cami de Cavalls permite a quien lo recorra obtener una magnifica lectura de la isla, de su gran variedad paisajística y morfológica, de sus calas y playas y de la remota presencia del hombre, todo ello enmarcado siempre por el mar Mediterráneo.


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II. Mi Camí de Cavalls

Descubrí Menorca hace más de una década. Desde entonces he intentado viajar allí todos los años para pasar unos días y desconectar del mundanal ruido.

Desde la primera vez que la visité tuve referencias del Camí de Cavalls, pero entre que en aquel entonces no me generaba ningún interés especial y que encontrar información referente a él era muy complicado, estuve mucho tiempo sin prestarle atención.

En 2010, leyendo una guía para turistas mientras disfrutábamos de unas jornadas de descanso en la isla, volví a tener noticias del olvidado Camí de Cavalls. Por lo que leía, gracias a una iniciativa ciudadana había sido recuperado y lo habían señalizado para hacer más fácil su tránsito. Se me vino entonces una idea a la cabeza ¿Por qué no hacerlo corriendo? Evidentemente completarlo del tirón era algo impensable para mí, pero si podría hacer etapas sueltas cada vez que viajara allí. Así en 2010 hice la primera y este año (2011) he sumado tres más.

La intención es seguir viajando allí y continuar corriendo el resto de los tramos. Tener un nexo de unión que sirva para engarzar y dar una estructura a estas pequeñas aventuras, será el objetivo principal de esta entrada.

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III. Las veinte etapas o itinerarios

Tramo 1. Maó - Es Grau (10.000 metros)
Tramo 2. Es Grau - Favàritx (8.600 metros)
Tramo 3. Favàritx - Arenal d'en Castell  (13.600 metros)
Tramo 4. Arenal d'en Castell - Cala Tirant (10.800 metros)
Tramo 6. Binimel-là - Els Alocs (8.900 metros)
Tramo 7. Els Alocs - Algaiarens (9.700 metros)
Tramo 8. Algaiarens - Cala Morell (5.400 metros)
Tramo 9. Cala Morell - Punta Nati (7.000 metros)
Tramo 13. Cala en Turqueta - Cala Galdana (6.400 metros)
Tramo 14. Cala Galdana - Sant Tomás (10.800 metros)
Tramo 15. Sant Tomás - Son Bou (6.400 metros)
Tramo 16. Son Bou - Cala en Porter (8.000 metros)
Tramo 17. Cala en Porter - Binissafúller (11.800 metros)
Tramo 18. Binissafúller - Punta Prima (8.100 metros)
Tramo 19. Punta Prima - Cala de Sant Esteve (7.300 metros)
Tramo 20. Cala de Sant Esteve - Maó (6.000 metros)


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III. Documentación e información de interés


Gracias a la revitalización llevada a cabo en los últimos tiempos, en la actualidad es posible encontrar bastante más información del Camí de Cavalls de la que podía obtenerse hace solo unos años.

- Guía Camí de Cavalls. 20 itinerarios para descubrir Menorca. En papel. Editada por la Fundació Destí Menorca, puede adquirirse en cualquier oficina de turismo de la isla o a través de internet.
- El Camí de Cavalls (.cat). Amplia información acerca de la historia, los tramos y los lugares de interés del Camí de Cavalls.
- El blog de Ser13gio. Completó todo el Camí de Cavalls en modalidad “non stop” con asistencia. Uan aventura espectacular y muy bien documentada.
- Trailmenorca. Prueba de trail que tiene su primera edición programada para el 2012 y presenta una pinta estupenda. En ella se da a elegir la posibilidad de completar distintas distancias y diferentes recorridos, pero siempre dentro del trazado delimitado por el Camí de Cavalls.

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Nota: Esta entrada estará en permanente actualización, por lo que sus contenidos podrán variar a lo largo del tiempo.

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martes, 6 de diciembre de 2011

I Carrera de Montaña "Cerro Marmota"

Uno de los cruces del arroyo Tejada (by Arganzboy)
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Llevaba rondándome hace tiempo la idea de inscribirme en el II Maratón Internacional Ciudad de Castellón. Sería mi tercer maratón del año y un broche de oro para este magnífico año en lo que al correr se refiere. Sin embargo, debido a que en los últimos dos meses mis sensaciones y mis piernas no son las de antes, fui posponiendo la decisión una y otra vez. Después del XXVII Medio Maratón de Córdoba seguía con las dudas. Como la fecha límite de inscripción para ir a echar los higadillos en Castellón era el 5 de diciembre quedaba una última prueba que me ayudaría a tomar la decisión final: la I Carrera de Montaña “Cerro Marmota”.

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1. Datos generales de la Marmota

La Carrera de Montaña “Cerro Marmota” nació por iniciativa del Club Atletismo Colmenar Viejo, el Servicio Municipal de Deportes del Ayuntamiento de Colmenar Viejo y la Asociación Pablo Ugarte contra el cáncer infantil, a la que se destinó íntegramente todo lo recaudado con las cuotas de inscripción.

Lo primero que conviene dejar claro para que nadie se lleve a error es que, a pesar del nombre, no se trataba de una prueba de montaña sino simplemente de correr por la naturaleza. Había que completar un circuito de veinticinco kilómetros de distancia que discurrían casi en su totalidad por pistas, sendas y vías pecuarias sin ninguna dificultad técnica. El trazado, con salida y meta en el Polideportivo Municipal Lorenzo Rico de Colmenar Viejo, era colindante con el Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares y atravesaba el Cerro Marmota y el Mirador de Valdeganar. El desnivel positivo de la prueba se aproximó a los 400 metros.

Como alternativa a la carrera, se organizó de forma paralela una marcha senderista en la que se daba a los participantes la opción de elegir entre once o veinticinco kilómetros. Una vez concluidas ambas pruebas, la Asociación Pablo Ugarte ofreció una patatada a todos los inscritos.

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2. Diseccionando la Marmota

La I Carrera de Montaña “Cerro Marmota” puede dividirse en tres segmentos claramente diferenciados:

Los diez primeros kilómetros.- Tras dar una vuelta al polideportivo, atravesar un par de calles y rodear un parque próximo, proceso en el que se invierten aproximadamente unos dos mil metros, se entra en un camino de tierra con una pendiente claramente descendente que se va suavizando de forma paulatina y que llega a su término cerca del punto kilométrico seis. Desde allí y hasta completar los primeros diez mil metros, el terreno es prácticamente llano.

Este primer tramo es el más favorable, cómodo y posiblemente bonito de toda la carrera. El terreno es de tierra dura, uniforme y apenas presenta alguna piedra suelta. Los más llamativo y divertido son los cuatro o cinco cruces que han de hacerse del Arroyo Tejada. Caben dos posibilidades para afrontar esta dificultad acuática. La primera es, ya que el agua apenas llega a los tobillos, atravesarlo a las bravas. La segunda pasa por aprovechar los adoquines ubicados en todos los cruces para salvar el cauce sin tener que chapotear en el agua. Esta segunda opción es más lenta pues hay que aguardar las pequeñas filas de participantes que se agolpan para llevar a cabo la operación pero te evita llevar los "pinrrelillos" mojados durante le resto de la carrera. El elegir una u otra depende de las preferencias y prisas de cada uno. Yo, que soy muy "mirao" para estas cosas, elegí perder un poco de tiempo a cambio de mantener los pies secos.

Del kilómetro diez al dieciséis.- Justo pasado el segundo avituallamiento y una vez cruzado por última vez el Arroyo Tejada, se entra en una fase más “pestosilla” y exigente cuya tarjeta de presentación es una cuesta corta (calculo de no más de cien metros) con una elevado desnivel.

Desde ahí y durante casi cuatro kilómetros, el perfil pica de forma suave pero continuada hacia arriba. El ancho camino de la primera parte deja paso a otro más estrecho y más irregular que en algunas zonas presenta grandes cantidades acumuladas de arena suelta. A esas alturas de carrera se coincide con bastantes senderistas, lo que unido a lo angosto de la vía hace que haya que ir zigzagueando para esquivar a los caminantes.

Alrededor del punto kilométrico 13,500 se inicia un descenso pronunciado aunque sin ninguna dificultad técnica. Son unos dos mil quinientos metros en los que hay que prestar un poco de atención a donde se pisa y en el que los cuadriceps crujen un poquito.

En mitad de la bajada, allá por el kilómetro quince, está ubicado el tercer avituallamiento. Además de poder beber agua en vasos de plástico como en los otros tres puestos que se suceden equidistantes a lo largo del recorrido, en este también existe la posibilidad de echar algo sólido al organismo (concretamente el menú estaba compuesto de plátano y barrita de cereales).

Los últimos nueve mil metros.- Sin duda alguna son los más exigentes, dureza que se acentúa al estar situados al final de la carrera. Lo peor tiene lugar entre los kilómetros dieciséis y veinte y medio. Una subida larga, continuada y muy inclinada, que un primer tramo se desarrolla por un terreno plagado de piedras sueltas de considerable tamaño (mejor buscar los laterales de la vía) y que luego se prolonga por un camino más ancho y con muy buen firme, pone a cada uno en su sitio y hace atisbar las sensaciones y el sufrimiento que se viven en una carrera de montaña.

Mil metros de descanso sirven para recuperar el aliento y relajar un poco las piernas antes de reanudar el ascenso, esta vez más llevadero y por asfalto, que no terminará hasta entrar en el Polideportivo Lorenzo Rico y alcanzar la línea de meta.

Foto cortesía de http://www.forofosdelrunning.com/
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3. Los criadores de la Marmota y los visitantes

La organización del acontecimiento fue muy correcta, más aun si se tiene en cuenta que era la primera edición, y el destino de lo recaudado muy loable.

Las inscripciones, agotadas un día antes de cerrarse el plazo, pudieron hacerse fácilmente por internet. Se dio la posibilidad de retirar el dorsal, la tarjeta chip y la camiseta técnica de regalo la tarde del sábado o la propia mañana del domingo antes del inicio de la prueba. Los que optaron por hacerlo en la jornada dominical tuvieron que aguardar alrededor de quince minutos (en hora punta) en la fila para poder recogerlos.

El cronometraje y el control de paso por cuatro puntos ubicados a lo largo de los veinticinco kilómetros, se realizó mediante el sistema de tarjeta chip. Como uno aprende se sus errores, al ver la tarjetita y el trozo de goma elástica a ella unido, enseguida me vino a la cabeza mi sonrojante "novatada chipera" acaecida en el XXI Cross de la Pedriza y me la coloqué sin dudarlo en mi muñeca izquierda. A la vista de donde ubicaron el transpondedor (alias chip) algunos de los participantes, concluí que mi novatada no fue nada original.

Hubo cuatro puestos de avituallamiento que se ubicaron aproximadamente cada cinco mil metros. En todo ellos se ofreció agua en vaso y en el tercero también existió la posibilidad de degustar un trozo de plátano o de barrita de cereales. Aunque sin duda alguna fue suficiente, creo que sería buena idea de cara a ediciones futuras contemplar la posibilidad de que en los dos últimos (o al menos en el penúltimo) se pudiera contar con bebida isotónica.

El itinerario estuvo bien señalizado y en el pequeño tramo sobre asfalto el tráfico rodado estuvo perfectamente controlado por la policía. En meta, refresco y botella de agua, posibilidad de ducharse, sorteo de jamones y "patatada" final para el que aguantara allí hasta las 14:00h.

En cuanto a los “visitantes” la participación fue considerable. Unos 1.125 participantes disfrutamos de una fresca y soleada mañana invernal, repartiéndonos entre la marcha larga (500), la corta (125) y la carrera propiamente dicha (500). En categoría masculina el vencedor fue Jesús de la Morena, mientras que en féminas la victoria fue para Nerea Martínez.

Dejar aquí constancia de la mala educación de algunos de los participantes que con su comportamiento perjudican la imagen de todos. Durante la carrera encontré tres envases de geles deportivos tirados en el suelo. Señores, esto no es el casco urbano de una ciudad donde con periodicidad los servicios de limpieza barren y limpian las calles. Esto es la N-A-T-U-R-A-L-E-Z-A y si nosotros no tenemos cuidado y cumplimos unas mínimas normas de civismo, nos ganaremos a pulso que carreras como esta dejen de celebrarse. He dicho.

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4. En pocas palabras…

La Carrera de Montaña “Cerro de la Marmota” es una buena alternativa para aquellos que quieran a probar a correr fuera del asfalto pero sin enfrentarse a la dureza de una prueba de montaña al uso. Aún así ha de tenerse en cuenta que se trata de una prueba “larga” y de cierta exigencia, por lo que hay que tomársela con las debidas precauciones.

El perfil
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4. El amarmotado

Pues si, resulté estar "amarmotado" por partida doble. Primero porque apuré tanto para inscribirme en la prueba que finalmente se agotó el cupo de plazas disponibles sin que lo hubiera hecho. Gracias a que Dragonkik55 ofreció un dorsal de un compañero suyo que finalmente no pudo correr, pude hacerlo yo usurpando la identidad de un santo varón de iniciales P.D.V.

Por otro lado, al más puro estilo Bill Murray sigo “Atrapado en el tiempo” en el Día de la Marmota. Las sensaciones siguen siendo las mismas que en las últimas carreras. Noto las piernas cansadas, pesadas y como si estuvieran hinchadas. Para más inri, además el glúteo derecho me fue dando pinchazos durante gran parte del recorrrido.

Y eso que me tomé la carrera de forma muy tranquila. Salí a lo que me pidiera el cuerpo, que tenía la idea de que no iba a ser esforzarme más de la cuenta. Los primeros kilómetros resultaron plácidos pues el terreno acompañaba. Sin embargo a partir del kilómetro diez la cosa empezó a torcerse y, a pesar de que solvente bastante bien el tramo más exigente (del dieciséis al veinte y medio), los últimos cinco mil metros se me hicieron interminables física y mentalmente. Solo espero que el aguantar sin arrugarme (del todo) sirva para que mi cuerpo y mi mente sean capaces de asimilar lo jorobado que lo pasé y me hagan más fuerte cuando en otras carreras lleguen momentos complicados y de sufrimiento.

Finalmente cruce la meta en el puesto 184 de los 474 que completamos la prueba con un tiempo neto por mi reloj de 2:10:15. Si a esto uno que en la segunda parte de la carrera adelanté a bastantes participantes y creo que únicamente fui sobrepasado por dos o tres corredores, llego a la conclusión de que si bien las sensaciones no son buenas los resultados no están tan mal (para lo que soy yo).

En resumen, que retomando el principio de la entrada, decir que la prueba definitiva no fue satisfactoria y que finalmente decidí no acudir al II Maratón Internacional Ciudad de Castellón. A día de hoy y salvo que las cosas cambien, mi idea es que de aquí a final de año solo participaré en el Medio Maratón de Villaverde. Veremos si lo cumplo.

Hasta la próxima. Sed felices.

El recorrido
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viernes, 2 de diciembre de 2011

Camí de Cavalls (10): Punta Nati - Ciutadella

Al comienzo del tramo. Punta Natí al fondo.
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- Longitud: 10.500 metros
- Salida: Punta Nati / Llegada: Ciutadella
- Tiempo estimado recorrido andando con parada en puntos interesantes: 4 horas
- Dificultad: Fácil
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Este tramo del Camí de Cavalls tiene dos partes perfectamente diferenciadas. La primera va desde Punta Nati hasta pasado Pont d’en Gil (aprox. 4.700 metros) y discurre por caminos de tierra y roca desnuda. La segunda se extiende desde Pont d’en Gil hasta Ciutadella (5.800 metros) por carreteras asfaltadas que, bordeando el litoral, atraviesan varios núcleos urbanos.

En este itinerario la piedra tiene un papel principal, aunque en general los caminos por los que se transita son cómodos. El perfil del terreno es bastante llano, solo alterado por los canales excavados en la roca que conducen al mar y por la subida hasta la Punta de sa Falconera.

El inicio de la etapa se sitúa a unos cien metros tierra adentro de donde se levanta el faro de Punta Nati, al parecer construido a raíz del hundimiento del barco de vapor francés General Chanzy. Se cuenta que en esta zona ya se habían producido históricamente varios naufragios debido a los fuertes vientos y a las corrientes marinas, hasta que el 9 de febrero de 1910 ocurrió el acontecimiento más grave e importante: el barco francés General Chanzy que había partido de Marsella camino de Argel con 87 tripulantes y 70 pasajeros a bordo, se partió en dos frente a la costa menorquina hundiéndose acto seguido. Solo uno de sus pasajeros, Marcel Baudez, pudo sobrevivir y dar aviso del accidente. Esta tragedia parece que fue el impulso definitivo para la construcción del faro, que fue inaugurado en septiembre de 1913.

Junto al faro pueden admirarse dos construcciones defensivas levantadas durante el periodo de la Guerra Civil que presentan un buen estado de conservación.

Defensas de la Guerra Civil

En la primera parte de este itinerario, el Camí de Cavalls atraviesa la conocida como Menorca Seca. A la derecha del caminante queda siempre el mar mediterráneo, al que se percibe desde una perspectiva que hace adivinar los altos acantilados existentes en esta zona. A la izquierda se puede observar el paisaje de mosaico, en el que las fincas se delimitan y separan unas de otras mediante largas “paredes secas”, que reciben este nombre por estar construidas por piedras que se sujetan unas contra otras sin ningún tipo de argamasa.

En estas propiedades que forman el mosaico es muy común la cría de ganado y la existencia de barracas y puentes, dos construcciones diferentes destinadas ambas a servir de albergue temporal a las reses. Las barracas tienen planta circular y se forman con la superposición de volúmenes de diámetro decreciente que se cubren mediante un falso techo y que pueden tener una altura de hasta diez metros. El puente es más sencillo y menos vistoso. Es un recinto de planta rectangular, con paredes hechas de piedra seca y con una cubierta de losas planas que se acostumbran a impermeabilizar con una capa de tierra.

Barraca menorquina
Todo esto se puede observar muy de cerca pues en el periplo se atraviesan varias fincas (acordaos siempre de volver a cerrar las barreras), se pasa al menos junto a una barraca y, en la época del año en la que yo lo hice (septiembre), es fácil cruzarse con varios rebaños de ovejas que se retiran temerosas protegiendo a sus crías cuando pasas a su lado.

La ausencia de vegetación, en contraposición con gran parte de la isla, es prácticamente total. Desde el camino puede uno dar una vuelta de 360” grados sobre si mismo escrutando el horizonte y no será capaz de ver un árbol. Si quizás algún matorral aislado nacido junto a una pared que le proteja del viento. Lo que si se encuentra en este trayecto y en gran número es el alcaparro (Capparis spinosa). Es curioso ver como sobre el marrón de la tierra, el blanco de las rocas calcáreas y el color tostado de las hierbas secas (recuérdese que realicé este tramo a principios de septiembre), las hojas verde intenso del alcaparro y sus delicadas y bellas flores blancas salpican el paisaje.

Vista desde Punta Sa Falconera
La subida a Punta Sa Falconera (km 3,800 aprox.) es lo más exigente del recorrido. El terreno se pone cuesta arriba y las piedras van creciendo en número y tamaño hasta hacer en algunos puntos desaparecer la senda de tierra. No es muy larga pero su relieve accidentado resulta un tanto incómodo para la marcha. Desde allí las vistas son espectaculares, pudiéndose apreciar los cortantes y desnudos acantilados que delimitan esta parte del litoral menorquín. Esta elevación supone una ligera variación en la vegetación, donde además de los alcaparros también surgen pequeños rodales de acebuches. En sentido hacia Ciutadella, el descenso desde Punta Sa Falconera tiene su dificultad para hacerlo corriendo, pero prestando atención a no tropezarse es muy divertido.

Al finalizar la bajada se abandona la parte solitaria del recorrido y a lo lejos empiezan a vislumbrarse algunos núcleos urbanos. Aún así todavía quedan 1,5 kilómetros de disfrute por la naturaleza antes de alcanzar la Cala des Corbetar, punto a partir del cual la etapa se desarrollará ya por asfalto.

Corderitos asustados
En Cala des Corbetar merece la pena parar unos segundos para apreciar una relevante construcción de importancia histórica y un curioso y espectacular “accidente” paisajístico. La primera, ubicada tierra adentro sobre una ladera es la atalaya conocida como Torre del Ram. Es una de las torres cilíndricas levantadas entre los siglos XVI y XVII cuya función era la de vigilar y defender de la isla de las incursiones tanto piratas como militares de la época. Este conjunto de torres estaban ubicadas de forma que existiera una buena visibilidad entre ellas, comunicándose a través de señales de fuego. De forma troncocónica, sus muros son muy gruesos y en su interior se podía instalar una pequeña guarnición para afrontar un hipotético ataque del indeseado invasor.

El “accidente” paisajístico, mas llamativo e impresionante que la Torre del Ram, es el Pont d’en Gil. Se trata de un puente de roca natural modelado por la erosión marítima, en cuyas inmediaciones se localiza la cueva de Sa Cigonya de 300 metros de longitud y 12 metros de profundidad, muy popular entre los aficionados al submarinismo.

Pont d'en Gil
Desde Cala des Corbetar la etapa discurre durante poco más de cinco mil metros por carreteras asfaltadas que se adentran en los núcleos urbanos de Calespiques y Cala en Blanes hasta alcanzar el puerto de Ciutadella. Recomiendo seguir el itinerario marcado y no buscar siempre las zonas colindantes con la zona costera. Yo lo intenté y me encontré con varios tramos que si bien transcurrían paralelos al mar, recorridos unos hectómetros no tenían salida. Esto me supuso completar unos cuantos miles de metros más de los inicialmente previstos.

La llegada a Ciutadella es muy bella, sobre todo si se hace al atardecer como fue mi caso. Disfrutar primero de la vista de la catedral en todo lo alto coronando la ciudad y después bajar hacía el puerto poniendo fin a la etapa es una verdadera gozada.

Ciutadella

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- Fecha de realización: 07.09.2011
- Tiempo empleado: 1:32:26
- Como dije anteriormente, la distancia que finalmente debí recorrer fue bastante superior a los 10,5 kilómetros que en principio tiene este itinerario. El empeñarme en intentar seguir corriendo junto al mar en las zonas urbanizadas provocó que tuviera que volver sobre mis pasos en más de una ocasión.

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