domingo, 28 de junio de 2009

Mucho orgullo pero poco ambiente

Por segunda vez en las tres ediciones celebradas hasta hoy, esta mañana me he plantado en la línea de salida de los 10 kilómetros de Orgullo. La carrera ha sido prácticamente un calco de la del año pasado, con algún mínimo cambio a peor.

Es esta una competición de las tengo calificada como “bolo de verano”: calorcito, sin agobios ni masificaciones, sin grandes pretensiones y con el único objetivo de pasar una agradable mañana de correrías. Por lo demás, que nadie espere grandes cosas. Parece ser que está mal medida (le faltan unos hectómetros), los puntos kilométricos están mal señalizados tanto por el tamaño como por la ubicación, el perfil es muy ondulado y tirando a duro y la inexistencia de alfombrilla lectora de chips en la salida no permite obtener el tiempo neto empleado en completarla (salvo el que cada uno se tome por su reloj).

Como mencionaba al principio, respecto al año pasado los pocos cambios que he percibido han sido para empeorar la prueba. En primer lugar he notado una aún menor animación, sobre todo en la línea de meta y alrededores. Parece ser que este tipo de eventos queda bastante abandonado dentro de las celebraciones del Día del Orgullo Gay. Venden mucho más y ocupan más minutos de televisión las carrozas y los disfraces, ¡qué le vamos a hacer, así es la vida! La segunda diferencia ha estado en el avituallamiento de mitad de carrera: las botellas de bebida isotónica que entregaban en el 2008 han sido sustituidas por los siempre incómodos vasos. Por último y para los amantes de las bolsas de las corredor, en la edición de este año las camiseta técnica ha dejado paso a la tradicional y superada camiseta de algodón.

En el capítulo de incidencias, la carrera comenzó con más de un cuarto de hora de retraso debido a los exámenes de oposiciones que se han celebrado esta mañana en la Ciudad Universitaria. Respecto a este tema hacer notar la cada vez menor educación de algunos de los corredores que, a la petición de los policías de respetar el carril reservado para que los vehículos de los opositores llegaran a su destino, han respondido con improperios o haciendo caso omiso en el mejor de los casos. Por favor, si queremos ser respetados y disfrutar de las calles de nuestra ciudad los domingos por la mañana, debemos comenzar mostrando a los demás el mismo respeto que exigimos para nosotros.

Poco más. Un saludo.


En capítulos anteriores...10 Kms de Orgullo II (2008)


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lunes, 8 de junio de 2009

Esta carrera se celebra en Torrejón

Habéis acertado todos aquellos que hayáis relacionado el título de esta entrada con el lema del PSOE para las elecciones al parlamento europeo que se celebraron ayer: “Este partido se juega en Europa”. ¿Y por qué este paralelismo entre las elecciones europeas y la carrera disputada también ayer en Torrejón? Pues porque lo que precedió a ambos eventos dejó bastante que desear.

La campaña que hicieron los partidos políticos fue lamentable. Que si el cachondeo de los brotes verdes, que si el Falcon de Zapatero, que si los trajes de Camps, que si yo sí pero tú más, … pero de Europa nada nada. En los quince días que duró este circo no escuché nada relativo al viejo continente sino sólo una gilipollez detrás de otra. ¿No nos podíamos haber ahorrado todo el dinero que costó la campaña y haberlo dedicado a fines más loables? Y ¿Qué me decís de los candidatos? ¿Habéis examinado las listas de los dos principales partidos políticos de nuestro país? Hacedlo. En ellas aparecían muchos de los fracasados o quemados en el territorio nacional. Véanse unos ejemplos: Mayor Oreja, López Aguilar, Carlos Itrugaiz, Ramón Jauregui, Magdalena Alvarez, Raimon Obiols, Vidal Quadras, Jiménez Becerril, … En resumen, que la conclusión que saco es que Europa les importa una mierda. Eso sí, luego nos piden que vayamos a votar, que es nuestra “obligación” ¡Anda y que los den!

Pues si mala fue la campaña electoral, casi peor fue el despiporre acaecido en la previa a los 10 kilómetros de Torrejón de Ardoz, primera de las cuatro carreras que conforman el llamado Circuito de Verano MAPOMA. De carácter gratuito si se disponía del chip apropiado o pagando una inscripción de 8 de euros si no se contaba con él (se adquiere así el chip válido para poder participar en todas las carreras que componen el circuito), las inscripciones a la prueba se debían hacer el mismo día de su celebración hasta media hora antes de su comienzo y estaban inicialmente limitadas a setecientas cincuenta. Teniendo en cuenta que el año pasado el número de participantes superó por poco el medio millar, el número de plazas parecía adecuado.

Sin embargo saltó la sorpresa. La fila para realizar la inscripción crecía según se aproximaba la hora de salida. El speaker de la prueba anunciaba por megafonía repetidamente que las plazas estaban limitadas a setecientos cincuenta, aunque parecía claro que el número de personas que aguardaban en la fila más los que ya teníamos el dorsal superábamos con amplitud esa cifra. Para evitar tensiones y complacer a los que hasta allí se habían desplazado, la organización decidió incrementar sobre la marcha el número de participantes hasta los mil. Pero ni aún así fue suficiente. Calculo que alrededor de trescientas o cuatrocientas personas se quedaron sin dorsal.

¿Se pude culpar a la organización de este suceso? Desde mi punto de vista no. Si hay que reprocharles que quizás el método de inscripción “in situ” no sea el idóneo (si se sabe a priori que ya no hay plazas la gente no se habría desplazado hasta Torrejón), pero creo que nadie podía pensar que el número de participantes se triplicaría con respecto al año anterior. Es más, a su favor hay que volver a señalar que, salvo para los que no tuvieran chip, se trataba de una carrera gratuita y que dentro de sus posibilidades y tomando prestado el lema del PP para estas elecciones “soluciones ahora”, hicieron todo lo que pudieron aumentando sobre la marcha el cupo de inscritos desde los setecientos cincuenta a los mil.

¿Se puede culpar a los que querían participar en la carrera? Evidentemente tampoco. Si se puede pensar que en muchos hubo una falta de previsión, pues sabiendo que las plazas eran limitadas, que los diez miles madrileños últimamente están “petados” de gente y que la hora límite de inscripción eran las 9:30 h, llegaron a falta de cinco o diez minutos para que expirara el plazo de inscripción. Sin embargo, si todos hubiéramos llegado antes, el problema hubiera seguido existiendo.


Dicho todo esto, entro ahora de lleno en lo que a mi modo de ver fue el peor aspecto de la carrera y que, en este caso, si es achacable a los corredores: el egoísta, mal educado y en algunos casos vergonzoso comportamiento de muchos de ellos. Esta afirmación tiene su base en tres acciones. La primera la de los “listos” que pensaron que los que esperábamos la cola es porque nos gusta estar de pie unos detrás de otros. Los “listos” son diferentes, no tienen que esperar, les basta con echarle un morro y una sinvergonzonería que les sobra para ponerse delante de todos los que religiosamente aguardamos nuestro turno. ¡Y encima si se les recrimina aún son capaces de encararse!

La segunda hace referencia a los “sin dorsal”. El proceso de inscripción, malo o bueno, fue el mismo para todos, de forma que los que tuvimos la suerte de obtener un dorsal lo hicimos porque llegamos antes o, visto de otra forma, porque fuimos más previsores y madrugamos más. Por tanto creo que lo más razonable es que los que finalmente quedaron sin posibilidad de inscribirse se hubieran abstenido de correr. Sin embargo no fue así. Muchos de ellos decidieron participar demostrando una falta de respeto hacia el resto, pues los avituallamientos, las calles del recorrido y el número de policías, voluntarios y efectivos sanitarios estaban pensados para una participación de setecientos cincuenta corredores, no de cerca de mil doscientos o mil trescientos como al final fuimos. Voy aún más allá. Si finalmente tomaron la decisión de ponerse en la salida, lo deberían haber hecho a cola de pelotón y nunca empujando para intentar obtener un sitio en las primeras filas (como también muchos hicieron).

La tercera y última es la de ese corredor (seguro que había más) que, situado a mi derecha en la salida, portaba un chip en cada zapatilla y dos dorsales en el pecho. Este comportamiento insolidario que dejó sin dorsal a alguno de los que esperaron largo rato en la fila, presumo que tiene su origen en que la participación en tres de las cuatro pruebas que conforman el Circuito de Verano MAPOMA 2009 exime de pagar la cuota de inscripción del MAPOMA 2010. Este aspecto si creo que ha de ser subsanado por la organización, exigiendo un documento de identificación a todo aquel que desee inscribirse y limitando el número de inscripciones a una por barba.

Una vez relatado todo lo extradeportivo que rodeó al acto y centrándonos en lo que fue la carrera, decir que se disputó sobre una distancia de diez kilómetros, que se trataba de dar dos vueltas a un circuito de cinco mil metros y que sirvió como campeonato madrileño de clubs. El perfil del trazado era bastante ondulado aunque rápido (o al menos eso me pareció). Entre las incidencias, mencionar que el comienzo hubo de retrasarse media hora debido al problema de las inscripciones y que la línea de salida se desplazo unos diez metros por delante de lo que estaba previsto debido a la aglomeración de corredores. Este tapón inicial hizo que muchos corriéramos un sprint por la acera para poder obtener un espacio en el que más o menos pudiéramos movernos, aunque es justo reconocer que el resto del recorrido no presento grandes problemas para llevar un ritmo más o menos constante (por lo menos para los que acabamos alrededor de los cuarenta y cuatro minutos).

En resumen un bolo de verano para disfrutar siempre que los mal educados no joroben la fiesta.

Saludos
















martes, 2 de junio de 2009

La Liberty ¿Una San Silvestre goyesca?

Anteayer, bajo un calor sofocante, se celebró la segunda edición de la carrera Liberty Seguros. He de reconocer que, a pesar de que la primera edición me sorprendió favorablemente, mis prejuicios hacia esta carrera eran aún mayores que los del año pasado: se había doblado el número de inscripciones disponibles pasando de cinco mil a diez mil, el bombardeo publicitario había crecido o al menos a mí me lo parecía, el precio de la inscripción, aunque continuaba dentro de los parámetros que considero lógicos, se había incrementado considerablemente respecto a la anterior edición (un 60%)… En fin, me temía que la Liberty Seguros se hubiera convertido en apenas dos ediciones en una especie de San Silvestre Goyesca.

Estableciendo una estructura similar a la de la crónica que de esta misma carrera hice ahora hace un año (aquí la tenéis), voy a enumerar los que desde mi punto de vista fueron los puntos en contra y a favor de la carrera. Comencemos en primer lugar con los peros.

A MEJORAR

1. El elevado número de participantes. Como he mencionado con anterioridad, el número de inscripciones posibles ha sido este año de diez mil, siendo finalmente el número de participantes cercano a los siete mil. Estas cifras suponen duplicar el número de participantes. ¿Qué implica este elevado número de corredores?

En primer lugar supone que parte del circuito transcurre por lugares que no permiten absorber tal cantidad de gente. El lateral del Paseo de Recoletos primero y del Paseo de la Castellana después son claramente insuficientes para canalizar la marea de corredores. Desde la Plaza de Cibeles y hasta la Plaza del Doctor Marañón, muchos (entre los que me incluyo) decidimos abandonar el infestado asfalto y progresar a nuestro ritmo por la zona peatonal y ajardinada que separa el lateral de los carriles centrales. La solución a este problema parece sencilla aunque seguro que no es del gusto del ayuntamiento madrileño: habilitar además del lateral, los carriles centrales en sentido Plaza de Castilla.

En segundo lugar implica que la salida debería estar ordenada por cajones de tiempo. Dado que dejar el tema en manos de la educación de los participantes es, como se ve carrera tras carrera, una batalla perdida, sería aconsejable acreditar las marcas para obtener un puesto más adelantado o más retrasado en la línea de salida. He de reconocer que estas medidas no me gustan en absoluto, pero creo que sirven para aliviar el tapón de salida provocado en una parte importante por las personas mal ubicadas al comienzo de la carrera.


2. El avituallamiento. Según tengo entendido (a lo mejor estoy en un error), en una carrera a disputar sobre diez mil metros no es obligatorio que se establezcan avituallamientos. Sin embargo con el calor reinante en la mañana de anteayer o el que es previsible que haya el último domingo de mayo (fecha en la que se ha celebrado la Liberty en sus dos ediciones), creo que lo sensato y necesario es que exista. El domingo, como ya ocurriera el año pasado, el puesto de botellas de agua estaba ubicado sólo a un lado del recorrido y era claramente insuficiente para el elevado número de participantes.

Estoy seguro de que muchos corredores que transitaran por el lado izquierdo de la calle ni siquiera lo vieron, y si lo hicieron no tuvieron tiempo de cruzar hasta el otro lado a conseguir la ansiada botellita de líquido elemento. Quizás con un avituallamiento mejor instalado y más generoso se hubiera podido evitar en parte el elevado número de corredores que más adelante tuvo que recibir ayuda de otros participantes o de las asistencias sanitarias debido a mareos y lipotimias.

3. La publicación de las clasificaciones. Hasta hoy no se han dado a conocer ni la clasificación ni los tiempos brutos ni los netos empleados por aquellos que completaron la prueba. Cuarenta y ocho horas parecen muchas cuando lo medios técnicos empleados registran los datos necesarios casi inmediatamente (parece que la incidencia ha estado en los tiempos netos). Muchos ya estaban sospechando del novedoso chip en forma de rigida tarjeta agujereada.
Aclararé que a mí esto me trae bastante sin cuidado, pues me fío del tiempo que tomé con mi cronómetro y me es indiferente el puesto ocupado en la clasificación final. Sin embargo entiendo perfectamente a todos aquellos que si les importe y quieran conocerlo. Además creo que es normal exigir a la organización que preste este servicio de forma rápida y correcta.

4. La señalización de los puntos kilométricos. Reconozco que en esta observación soy un poco quisquilloso, pues este año estaban colocados a una altura adecuada y tenían un tamaño considerable. Sin embargo no sé por qué pero de los nueve puntos sólo vi dos…¡y os prometo que no soy cegato! A lo mejor fue culpa mía ¿Sería que no iba lo demasiado atento? Puede ser. ¿Mejoraría el cambiar el color de los carteles? Creo que también.


A CONSOLIDAR

1. El recorrido. Quizás sea, a mi modo de ver, el mayor atractivo de la Liberty. Es céntrico, lo que implica una gran facilidad para acceder a la zona de salida/meta y la posibilidad de correr por arterias importantes de la capital y transitar junto a importantes monumentos y construcciones. También tiene un perfil suave, con la única excepción de la dura subida de C/ Concha Espina y el último repecho de la C/ Goya. Si no fuera por la altura de temporada en la que se celebra y las temperaturas propias de estas fechas, podría ser una prueba para intentar asaltar las marcas personales de cada uno.

2. La zona de salida/meta. La infraestructura logística montada en la Plaza de Dalí junto al Palacio de los Deportes fue muy buena. Los chips se recogieron sin esperas. En el servicio de ropero se eliminaron las colas existentes en la pasada edición (¿es posible que el buen tiempo de este año en contraposición a la lluvia del año pasado tuviera algo que ver?). Se instalaron de nuevo inodoros portátiles para aliviar los apretones de última hora. Y lo más importante: a pesar de la gran participación, los atletas populares fuimos evacuados con fluidez de la zona de meta no sin antes recoger las merecidas botella de agua y lata de refresco para reponer líquidos.

3. Las carreras de los niños. Como novedad en esta edición se incluyeron cinco carreras para los más atletas más jóvenes, que fueron desde el hectómetro de los Chupetines hasta los quinientos metros de la categoría Infantil, pasando por los cuatrocientos de los Alevines, los trescientos de los Benjamines y los doscientos de la categoría Peques. Es esta una forma idonea de disfrutar de una mañana deportiva en familia y de encauzar a las nuevas generaciones hacia el mundo del deporte.

4. El cronometraje. En la crónica del año pasado enumeré entre los puntos negativos la no existencia de alfombrilla lectora de chips en la salida, lo que implicó la inexistencia de tiempos netos. Este año la organización solucionó este punto con la instalación de las alfombrillas solicitadas. Lastima que el retraso en dar las clasificaciones emborronara este esfuerzo organizativo.

5. La camiseta. He de reconocer que es punto “chorra” y que no doy ninguna importancia a la bolsa del corredor, pero la camiseta técnica con la que nos obsequiaron este año me pareció de una calidad bastante superior a la del año pasado. Así lo debieron de creer también muchos de los participantes que decidieron correr con ella dando un tono azul y “borreguil” al evento


Además de los pros y los contras enumerados, me gustaría hacer mención al ambiente que percibí. Me dio la sensación de que había mucha gente inexperta en estas lides. Que no se me malinterprete. No quiero dármelas de corredor experimentado ni dar lecciones a nadie, pero la idea que saqué era la de que había mucho “sansilvestrero”, es decir corredores que participan en dos o tres competiciones al año (la San Silvestre Vallecana, esta y, con un poco de suerte, la de Canillejas o el CSIC) ¿Consecuencias? A bote pronto dos. La primera el mal posicionamiento en la línea de salida. Durante la carrera adelanté a un elevado número de personas que habían salido antes que yo y que claramente iban a emplear un tiempo superior al mío en completar los diez kilómetros (que conste que yo salí para estar alrededor de los 5 min/km).

La segunda consecuencia seguramente más importante que la primera, fue la de que bastantes corredores tuvieron que ser atendidos por mareos debidos a las altas temperaturas. Personalmente yo vi a cuatro, el último a escasos trescientos metros de la llegada tuvo que ser introducido en una ambulancia del SAMUR. Es evidente que esto nos puede pasar a todos, pero las probabilidades son mayores cuando se trata de atletas populares con poca experiencia y, algunos, con muy poca preparación.

En resumen, creo que la organización debe elegir qué tipo de carrera quiere, si una con una participación limitada a un número menor de participantes (alrededor de cinco mil máximo) u otra que posiblemente le reporte un mayor beneficio económico a costa de masificar el evento y convertirlo en otro de esos diez miles que trato de evitar desde hace años.

Yo lo tengo claro. Si a la Liberty. No a la San Silvestre Goyesca.

Nota: Fenomenal Chema Martínez. Fue uno de los invitados que dio la salida y permaneció allí durante la carrera y una vez acabada ésta. En el tiempo que estuve a su vera esperando la llegada de mi hermana, fueron innumerables las personas que se acercaron para hacerse una foto con él. Chema accedió a todas las peticiones con una sonrisa. Igualito que los futbolistas. ¡Un crack!

¡Hasta más ver!

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miércoles, 27 de mayo de 2009

Membrillera y volver


1. Introducción

Aviso que soy nefasto contando chistes, pero mientras corría el domingo me vino al cabezorro uno pintiparado para describir la prueba en la que estaba participando y que no me resisto a escribir. Es aquel en el que dos vascos estaban tumbados en la arena de la playa. En un momento dado el uno le dice al otro “Patxi. Te echo una carrera a nado”. Patxi se incorpora mirando al mar y dice “¿Hasta dónde pues?”, a lo que el primero responde “Horizonte y volver”.

Pues eso, el Medio Maratón de la Comarca de Jadraque en su decimotercera edición se resume en la siguiente expresión: Membrillera y volver.


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2. Un poco de historia.

Al contrario que el año pasado, esta vez no tenía pensado incluir ningún hecho histórico en la crónica de esta carrera. Pero mira tú por donde que, el viernes, leyendo el segundo capítulo del libro que José Antonio Vidal Sales dedica a las reinas de España pertenecientes a la Casa de Borbón (“Crónica íntima de las reinas de España” Editorial Planeta), encontré por casualidad un pasaje sucedido en la localidad de Jadraque.

El hecho hace referencia a la llegada a España en 1714 de Isabel de Farnesio. La nueva reina de España, casada por poderes con el enviudado Felipe V en la catedral de Parma, está a punto de encontrarse con su nuevo marido. Antes tiene lugar un recibimiento por parte María Ana de la Tremoille de Noirmoutier, princesa de Orsini (conocida en España con la castellanizada denominación de “la de los Ursinos”) y enviada por el rey Sol años atras en calidad de camarera mayor de María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V. El relato es el siguiente:

"Camino de Guadalajara - lugar fijado para encontrarse con el rey- el séquito de Isabel se detiene en Jadraque, donde la de los Ursinos y el marqués de Santa Cruz – mayordomo mayor de Felipe V- se han adelantado a fin de rendir pleitesía a la nueva reina. Recordando el retrato que de ésta hiciera Alberoni, la anciana dama apenas insinúa una leve reverencia al saludarla. Y sin poder reprimir su risa burlona, creyendo que la recién llegada no comprende una palabra de español, lanza un grosero comentario dirigiéndose al de Santa Cruz: “¡Pero qué mal formada está esa mujer! ¿Cómo podrá ir por el mundo con esa gordura?”.

Jamás lo hubiera dicho. Lívida de asombro, la soberana da una orden…en correcto castellano “¡Llevaos de aquí a esa vieja loca que ha osado insultarme! ¡Echadla de España ahora mismo!”

Poco después, cuando tiene lugar su encuentro con el rey, y tras recibir un beso de éste, le informa de lo ocurrido, y Felipe V se limita a pronunciar estas palabras: “Lo que vos hagáis, bien hecho está”.

El destierro de la princesa de los Ursinos se lleva a cabo inmediatamente


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3.La carrera

Pues transmutado un año más en Arganzid, volví el domingo a la comarca de Jadraque. Después de haber conquistado el año pasado los términos municipales de Bujalaro y Matillas, en esta nueva incursión se trataba de mantener el control sobre Membrillera, tomada con poco brillo en Mayo de 2006.

El recorrido consistía en, tras una media legua por las calles de Jadraque, tomar la CM-101, desviarse más tarde por la GU-165 y, después de alrededor de cuarenta mil pies castellanos, hacer una breve incursión de reconocimiento en Membrillera y volver sobre nuestros pasos desandando lo andado hasta ganar la línea de meta en el Parque Público jadraqueño. Recordaba yo que esta incursión pareciomé más sencilla y fácil que la llevada a cabo un año ha. Sin embargo ayer me surgieron las dudas sobre tal percepción. Si bien el trazado que conduce a Matillas tiene cuestas de gran pendiente, no es menos cierto que son menos numerosas y que permiten disfrutar de más metros en llano que el camino que lleva a Membrillera.

Con el grandioso y elevado castillo como presencia casi permanente (a la siniestra a la ida y a la diestra a la vuelta), las continúas subidas y bajadas fueron un duro castigo para las piernas. También contribuyeron la gran humedad provocada por el nublado cielo y, en la primera mitad de la carrera, los rayos picones del astro rey que se colaban por entre las nubes y caían inmisericordes sobre los esforzados de la ruta. En mi caso el sufrimiento viose incrementado por la tardía hora en la que había recalado en mis aposentos la noche anterior (alrededor de las 2:30 para levantarme a las 6:45) y el exceso de lambrusco con el que regué los gnoquis de la cena sabatina y que no cese de destilar a través de los poros de mi piel durante todo lo largo y ancho de la prueba.

La dureza psicológica de que casi todo el recorrido transitara por carreteras desiertas, se vio compensada ligeramente con la circunstancia de que este año coincidiera en carrera con más participantes que el año anterior, cosa curiosa teniendo en cuenta que el número total de corredores fue menor que en el 2008. Logré finalmente mi mejor clasificación en una media maratón a pesar de empeorar mi tiempo respecto al año pasado en casi minuto: llegué el quincuagésimo tercero, tres puestos mejor que la clasificación obtenida hace ahora un año.


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4. ¿Y por qué Jadraque?

Y llegados a este punto se preguntaran vuesas mercedes ¿Qué me mueve a visitar la Comarca de Jadraque año tras año para dejarme las vísceras corriendo por un carretera desierta y con muy escasa compaña? Pues pequeñas cosas que la hacen especial y entrañable.

Pequeñas cosas como caminar por las prácticamente vacías calles jadraqueñas en las tempranas horas del domingo, tirar fotos en sus rincones y entrar en la panadería que huele a dulce para mercar unas tortas de chicharrones que degustaré durante los días siguientes.

Pequeñas cosas como sentir que el pueblo se vuelca en la celebración de la carrera. Emociona ver a los jadraqueños animando desde las puertas de sus casas y como los voluntarios, de edad avanzada la mayoría, nos indican el camino agitando sus banderas rojas (como si de aterrizar un avión se tratara).

Pequeñas cosas como cuando llegando a Membrillera, justo delante de la casa consistorial y sentados en una larga hilera de sillas dispuestas al efecto, los lugareños vitorean y aplauden el paso de todos y cada uno de los ya fatigados mediomaratonianos.

Pequeñas cosas como sentirse especial cuando en el avituallamiento ubicado en el desvío a la GU-165 pido la botella de agua mineral con tapón y el voluntario corre hasta la mesa para atender mi solicitud. O como sentirse aún más especial cuando de vuelta y en el mismo avituallamiento, el mismo voluntario, al verme a lo lejos, se dirige a la mesa donde se agrupan las botellas y toma una con tapón. Unos segundos antes de llegar a él, extiende el brazo ofreciendome en su mano la botella taponada y con una sonrisa me pregunta “¿Con tapón verdad?”

Pequeñas cosas como la naturalidad de la locutora de meta que por megafonía anunciaba los nombres de los que cruzábamos la meta, y que salpicaba sus intervenciones con comentarios únicos y espontáneos: “Entre los árboles llega el siguiente corredor. ¡Otro que viene sin camiseta y sudoroso!” ¡Genial!

Si ya lo decía el juglar catalán Serrat:

Uno se cree que las mato el tiempo y la ausencia.
Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta
Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón, en un papel o en un cajón.
Como un ladrón te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan a su merced como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí
que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos
cuando nadie nos ve.



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Nota: Enhorabuena a Corredor de Cañamares por su "Elefante de Alabastro" y por la triple corona obtenida brillantemente por el Barça futbolero

¡Muchas gracias Jadraque y hasta la próxima!

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jueves, 7 de mayo de 2009

Mapoma 2009. Estados de ánimo

Por séptima vez me encuentro en la madrileña Plaza de la Cibeles un último domingo de abril a primera hora de la mañana. Hace bastante fresco, el cielo está más negro que el sobaco de un grillo y sopla un vientecillo tocapelotas. No tengo ninguna gana de correr, sentimiento no muy acorde con lo que he venido a hacer: mayormente participar en la trigésimo segunda edición del Maratón Popular de Madrid (MAPOMA).

Llevo toda la semana previa dándole vueltas al coco. Hace tiempo que me encuentro cansado. Compatibilizar las largas e intensas jornadas laborales, con la familia y las correrías me exige cada vez un esfuerzo mayor. Además este invierno han pasado por este cuerpazo un amplio elenco de enfermedades menores y la creme de la creme de la clase viral. Si al cansancio acumulado lo coronamos con la guinda de la ya conocida ansiedad de los días previos a la carrera (aunque no se tenga ningún objetivo, como es mi caso), obtenemos un estado de ánimo muy alejado del que se espera tenga un aficionado a emular a Filípides.

En cualquier caso, ya he acumulado cierta experiencia en estas lides y sé de buena tinta que una vez se dé la salida los sentimientos negativos irán desapareciendo paulatinamente con el paso de los kilómetros. O tal vez no.

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Bruce y yo formamos ya parte de la multitud de corredores que estamos esperando la salida. Como siempre, estamos situados a hacer puñetas del punto de partida, pero no nos importa.

Quedan cinco minutos para las nueve y comienza a llover ¡Lo que faltaba para arreglar mi estado de ánimo! Acordándome estoy de los progenitores del dios de la lluvia cuando se oye a lo lejos el disparo de salida. Tardamos tres minutos en traspasar la línea de salida. Esta vez no siento ese agradable escalofrío de ediciones anteriores, ese calambre que me recorre de arriba a abajo y me pone los pelos de gallina y la piel de punta. Y es que, cuando estoy en plan negativo, no me aguanto ni yo.

Para intentar protegernos en lo posible de la cada vez más intensa lluvia, avanzamos por el lado derecho del Paseo de la Castellana y vamos aprovechando el efecto paraguas de los arboles. Al llegar a la altura del Santiago Bernabeu, de la Meca del futbol, de la Casa Blanca, encontramos el primer cambio “inesperado” en el recorrido: abandonamos la Castellana, antiguamente Avenida del Generalísimo (¿existe este grado en el escalafón militar? ¿Y el de coronelísimo? ¿Y el de cabísimo?), para tomar la C/ Concha Espina, rodear el coliseo blanco por la subida de C/ Padre Damián y volver al Paseo de la Castellana por la Avenida de Alberto Alcocer. En este tramo no hay árboles que valgan y en apenas unos minutos nos ponemos como sopas.


Abro aquí un paréntesis. Cuando a lo largo de esta entrada mencione lo de cambios “inesperados” en el trazado, no quiero decir que fueran improvisados por la organización. El adjetivo “inesperado” hace referencia a que yo, en mi pasotismo, ni siquiera me he preocupado de mirar el recorrido de este año. Sólo sé que ya no se llega a la meta por C/ Menéndez Pelayo, sino por C/ Alfonso XII y la C/ Alcalá. Cierro el paréntesis.

Una vez abandonamos el Paseo de la Castellana para tomar la vía que lleva el nombre del hispanista francés Mauricio Legendre, la lluvia cesa. Han sido alrededor de cuarenta minutos cayendo agua, pero finalmente el dios de la lluvia ha atendido mis plegarias. Estamos bastante mojados y, con el viento racheado que sopla, la sensación de frio se acrecentar. Ahora la tarea más importante es no meter los pies en ninguno de los charcos que se han formado, pues aunque las zapatillas y los calcetines están húmedos por la lluvia, no han llegado a empaparse.

Con este panorama llegamos al kilómetro diez, ubicado este año en la C/ Principe de Vergara y por el que transitamos con un tiempo de 58:33 (5:51 min/km), 2 min 39 seg más que en la edición anterior. La lluvia y el negativismo parece que están haciendo mella.

Apunte de culturilla general: Que sepáis ustedes vusotros que la calle Príncipe de Vergara lleva este nombre en honor del general y regente de España Don Joaquín Baldomero Fernández Espartero Álvarez de Toro (1793-1879). Este general vino a ser como la Duquesa de Alba actual en lo que a cantidad de títulos nobiliarios se refiere: además de Príncipe de Vergara, fue también Duque de la Victoria, Duque de Morella, Conde de Luchana y Vizconde de Banderas. ¡Ilustrarsen coño que no todo va a ser correr y de correr!

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Por el puente de C/ Raimundo Fernández Villaverde, el cielo comienza abrir y nos llegan los primeros rayos de sol. Para mi endeble estado de ánimo es una gran alegría.

A partir de la Glorieta de Cuatro Caminos, comienza la que quizás sea la parte más favorable del maratón. El continuo descenso por C/ Bravo Murillo, Avenida de Islas Filipinas y finalmente por la animada C/ Guzmán el Bueno, desemboca en C/ Alberto Aguilera. Unos hectómetros más allá, llega la segunda variación “inesperada” en el recorrido. En vez de tomar la angosta C/ Fuencarral en la Glorieta de Bilbao, seguimos hasta C/ Mejia Lequerica y alcanzamos la Gran Vía a través de la C/ Hortaleza.

Las obras que asolan la Puerta del Sol (Maleni, ay Maleni, tanta paz lleves como descanso dejas ¡Tiembla Europa!), hacen que la calzada se estreche y corramos con apreturas pero, sobre todo, impide la presencia de público en uno de los tradicionales puntos de mayor animación. Como no hay mal que por bien no venga, los espectadores se han apostado en masa en los primeros metros de la C/ Mayor, convirtiendo la adoquinada vía en un pasillo de aplausos y gritos de ánimo que te llevan en volandas hasta el Palacio Real.

El kilómetro veinte se encuentra en la C/ Ferraz, poco más allá de la Plaza de España. Por allí nuestro crono marca 1:53:09, lo que supone una media en estos segundos diez mil de 5:27 min/km o, lo que es lo mismo, una mejora por kilómetro respecto al primer parcial de 24 segundos. Si tomamos como referencia el conjunto de los veinte kilómetros la media es de 5:39 min/km. En estos últimos diez mil metros mi cuerpo y mi mente se han entonado y la camiseta y las zapatillas se han ido secando a la vez que yo también entraba en calor. En el cielo se alternan nubes y claros pero no hay amenaza de lluvia inminente y la temperatura es fabulosa para correr. Todo parece ponerse de cara.

Bruce me dice que tire, que me vaya solo para adelante. Sus rodillas se están quejando y prefiere disminuir el ritmo. Le deseo suerte, avivo ligeramente la marcha y me preparo para afrontar el resto de la carrera en solitario.

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Por la media maratón paso cinco segundos antes de que el reloj marque la 1:59:00. Desde allí, la sucesión de “paseos” (Moret, Pintor Rosales, Camoens y Ruperto Chapí) con perfil muy favorable, me conducen hasta el inicio de la siempre monotona y sosa recta de la Avenida de Valladolid. Ya en la Glorieta de San Vicente, una cuesta muy pronunciada y con el firme en mal estado por las obras, enlaza con el Puente del Rey, a sólo unos metros de entrar en la Casa de Campo. En mi cabeza, el indicador de nivel de canguelo sube rápidamente. El trayecto que transcurre por este antiguo lugar de caza de la realeza, es uno de los tramos que menos me gusta del MAPOMA y que suele atragantárseme invariablemente.

Las primeras veces que corrí el maratón madrileño, el tránsito por la Casa de Campo era de refilón y más corto, aunque tenía como inconveniente el que llegaba con la carrera más avanzada y después de haber transitado por las aburridas Ciudad Universitaria, Avenida de Valladolid e incluso unos metros por la M -30 (¡tié huevos!). En las últimas ediciones, aunque el paso por este pulmón verde de la capital llega antes (alrededor del kilómetro veinticinco), también es bastante más largo. Además mentalmente se hace más duro, pues tras recorrer el Paseo del Embarcadero, el Paseo Azul y el de Torrecilla, la carrera se interna en la Casa de Campo hasta el final del Paseo de los Plátanos desde donde se inicia la vuelta hacia el lago. Para más inri, existen un par de puntos en los que los que van se cruzan con los que vuelven ¡y eso jode!

El año pasado, durante los kilómetros casacampiles, me sobrevino un incomprensible bajón en forma de cansancio, mareillo, mal cuerpo e incluso dolor de cabeza. Por esta razón desde que cruzo la en proceso interminable de remodelación Puerta del Príncipe, me voy chequeando de forma continua. Sin embargo los metros van pasando, me encuentro bien y no ceso de adelantar corredores. Tanto es así que cuando me doy cuenta ya estoy enfilando las empinadas rampas del Paseo Puerta del Ángel que me llevan a la cuesta abajo de la Avenida de Portugal.

Hace poco he pasado por el kilometro treinta (Paseo del Robledal), y el crono ha marcado 2:46:58 lo que da una media de 5:33 min/km . El tiempo es prácticamente clavado al de la edición anterior, cuando pase por la treintena con quince segundos menos. También como ocurrió hace ahora un año, el tercer diez mil ha sido el más rápido de los tres, con un tiempo de 53:50 (5:22 min/km).

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C/ Marqués de Monistrol y la Glorieta del Puente de Segovia están repletos de gente animando. Esta vez me da la sensación de que, a pesar de que la mañana no parece estar para muchas coñas, el número personas que se ha echado a la calle para empujarnos con sus palabras y aplausos es muy superior al de ediciones anteriores. Muchas gracias a todos pues aunque no lo creáis nos ayudáis sobremanera.

Justo al inicio del Paseo de la Ermita del Santo están mi padre y mi hermana. Es la última vez que los veré hasta que cruce la meta, así es que me cargan las alforjas con dos pastillas de glucosa, una botellita de Aquarius y una novedad en mis participaciones maratonianas: el MP4. Esto es un pequeño experimento ya que como he perdido hace tiempo la compañía de Bruce, voy a buscar en la música un compañero/aliado que me ayude en los últimos kilómetros. Me pongo lo auriculares, pulso el on (ondesenciende) del aparatito, doy al play y subo el volumen. En unos segundos el Losing Touch de The Killers entra por mis oídos

Console me in my darkest hour
Covince me that the truth is always grey
Caress me in your velvet chair
Conceal me from the ghosts you cast away…

La música ha sido un chute de adrenalina en vena y tengo que contenerme para no pegarme un peazo sprint que pueda pasarme factura unos kilómetros más adelante. Como el volumen está bastante alto, la sensación es curiosa. Veo a la gente aplaudir y animar, pero sus aplausos y sus voces son sustituidos en mis tímpanos por la música del grupo estadounidense. Es algo así como estar dentro de un videoclip o de un resumen de esos que ponen en la tele y que ambientan con una canción que hace las veces de banda sonora ¡Mooooooola!

Tras ver como un corredor de los que me precede se pega un trompazo al pisar el envase vacio de un gel y después de dejar a la derecha el sentenciado estadio del Atleti, alcanzo el tercer cambio “inesperado” del recorrido. En vez de tomar el Paseo de los Melancólicos (joder, con ese nombre me hubiera vuelto a entrar el bajón), bajamos hasta el Paseo Virgen del Puerto. Esto obliga a subir la C/ Segovia desde el puente del mismo nombre hasta la Ronda de Segovia. Muchos corredores andan en los últimos metros de la cuesta pero The Killers y yo subimos como motos y adelantamos posiciones con una facilidad pasmosa. Estoy camino del kilómetro treinta y seis y todavía no he pasado ningún mal momento. Sé y estoy concienciado de que llegará, porque la experiencia me dicta que no hay maratón sin momento jodido. ¿O si lo hay?

La subida muy tendida del Paseo Imperial y la ligera bajada de C/ Dóctor Vallejo Nágera me sirven para seguir adelantando a decenas de corredores y motivarme de cara a los últimos kilómetros. Al llegar al Paseo de las Acacias me llevo el alegrón del día. El cuarto cambio “inesperado” del trazado consiste en no continuar por Vallejo Nágera para ir a buscar más tarde la C/ Ferrocarril , C/ Bustamante y C/ Méndez Álvaro, sino que este año nos toca ascender por el propio Paseo de las Acacias hasta la Glorieta de Embajadores ¡Esto significa que me libro del Vía Crucis que trescientos sesenta y cuatro días atrás me supuso la subida de Méndez Álvaro! ¡No tengo que pasar de nuevo por ese tramo de infausto recuerdo en el que el tío del mazo se me subió a la chepa y me estuvo dando collejas durante un buen rato! ¡Quitense del medio que ya no hay quien me pare!

La subida la hago todavía bajo los efluvios del alegrón y con los ánimos de un gran número de personas apostadas a ambos lados de la calle (¿Quizás ayude que el rastro está por allí cerca?). Mi cabeza está ocupada pensando que con seguridad este es el mejor trazado de todas las ediciones mapomiles en las que he participado y, cuando me quiero dar cuenta, estoy ya junto a la estación de Atocha. ¡Quedan alrededor de dos mil quinientos metros y el mal momento de todo maratón sigue sin llegar! Empiezo a pensar que ya no vendrá.

Tras superar el kilometro cuarenta en 3:41:44 (5:32 min/km), ya veo al fondo la monumental puerta, mandada construir por Carlos III (el mejor alcalde de Madrid según dicen) allá por el siglo XVIII. Un último esfuerzo para subir hasta la entrada al Retiro y confirmar que, al menos esta vez no habrá momento malo. Ya sólo me queda dejarme llevar y disfrutar con alegría de la recompensa de los dulces últimos metros.

Nota 1: Hacer mención a la buenísima organización, resaltando la novedad de los avituallamientos cada dos mil quinientos metros a partir del kilómetro diez.

Nota 2: Mi tiempo neto final fue de 3:53:57, con una segunda media casi cuatro minutos más rápida que la primera. Como curiosidad y dato representativo, los datos provisionales dicen que en el kilómetro diez mi posición era la 6.545, mientras que en la línea de meta entré en el puesto 4.569. ¡En poco más de treinta y dos kilómetros adelanté a dos mil participantes!

Nota 3: Las foros que ilustran esta crónica están sacadas de mi cosecha propia, de www.maratonmadrid.org, www.forofosdelruning.com y www.portalatleta.com


S'acabó. ¡Hasta la próxima!

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sábado, 2 de mayo de 2009

Feliz día mamá


Argumentario maternal ante el noble arte del correr

- ¿Otra vez a correr? ¡Pero si ya corriste ayer!
- ¡Te estás quedando en los huesos! ¡Pero si no tienes culo!
- ¡Cómo vas a ir a correr con el frio que hace! (en invierno)
- ¡Cómo vas a ir a correr con el calor que hace! (en verano)
- ¡Cómo vas a ir a correr con la que está cayendo! (cuando llueve)
- ¡Cuarenta y dos kilómetros corriendo! Tú estás loco…

- Acuérdate de que estas mal de la espalda y no tienes que correr tanto…
- ¿Tú te has visto como vienes de barro? ¿Te has ido metiendo en todos los charcos o qué?
- Pero si todavía estás constipado, ¿Cómo vas a ir a correr?
- ¿No será malo eso de correr de tanto?
- ¡Otra camiseta!, ¿pero cuantas camisetas tienes ya?
- ¡Mírate, si vienes sofocado y sudando como un pollo! Si es que…
- Tienes cara de cansado ¿Por qué no dejas de correr una temporada?

- Pero, ¿También tienes carrera este domingo?

¡FELIZ DÍA MAMÁ!

domingo, 19 de abril de 2009

Redecora tu vida


Pues no. Lejos de lo que podáis pensar, la foto que abre esta entrada no está tomada en la sección de running del Decathlon o de El Corte Inglés. La imagen la he obtenido en mi casa y recoge las zapas de atletismo de las que soy propietario actualmente. Bueno, en realidad falta un nuevo par de Asics Cumulus (modelo de hace unos años) que adquirí hace dos semanas por 30 euros y que no aparecen en la “foto de familia”. ¡Diez pares de zapatillas! Y si parecen muchas en número voy a añadir otro dato relevante a tener muy en cuenta: la talla de cada una de ellas es el 13 USA o 47,5 - 48 si hablamos en el lenguaje de tallas europeas. ¡Os podéis imaginar lo que ocupa eso!

Teniendo en cuenta que el piso en el que habitamos no es grande y que somos una familia de tres miembros… perdón, quería decir de tres componentes (miembros, lo que se dice miembros, sólo dos), o nos salíamos de casa para que cupiera tanta zapatilla o buscábamos una solución imaginativa. Y, tras mucho pensar, se hizo la luz ¡Redecorar nuestra vida! Ahí van algunas ideas:

1. Sujetalibros Culturën Siokupag Sitium. Vistoso sujetalibros fabricado en goma, tela en rejilla y relleno de gel. Su gran flexibilidad le permite adaptarse a distintos espacios y aguantar grandes pesos. Ideal para lectores pronadores.

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2. Trono Principotëg. Silla de mimbre para los más pequeños de la casa. Sus peanas confieren al conjunto un cierto aire rococó y protegen el suelo de tu vivienda de los arañazos en el suelo debidos al arrastre. Pensada para infantes incansables, especializados en “tiradas largas”, desgaste de fondo al progenitor y maratones de desobediencia.

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3. Recogemandos Tolosmandek Juntäg. ¿Cansado de buscar el mando a distancia de la tele por todo el salón? ¿Harto de encender la cadena de música cada vez que te sientas encima del mando al dejarte caer en el sofá? El recogemandos Tolesmandek Juntäg es la solución que estabas buscando. Mantén todos los mandos controlados depositándolos en este fabuloso y deportivo invento. Especialmente recomendado para los a mandos a “larga” distancia o “mandos de fondo”

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4. Minicadena Chumjden-Chumjden 09. Excelente aparato de música compacto, de fácil manejo y con lector de CD, MP3 y radio (AM y FM). Cuenta con una potencia de 100W repartida en dos altavoces de la reconocida marca Creative. Con respecto a la versión anterior (Chumjden-Chunjden 06), se ha eliminado la doble pletina de casette auto-reverse, reduciéndose así considerablemente el tamaño y el peso del equipo. De diseño moderno y deportivo, la minicadena ocupa un espacio reducido y cuenta con mando a distancia (el cual puede guardarse en el recogemandos Tolosmandek Juntäg).

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5. Complejo Lúdiko Tópälkinder. Desarrolla la imaginación de los más pequeños de la casa. Una zapatilla deportiva en manos de un niño puede convertirse en la barca de Mickey Mouse, el coche de Daisy o la cama de Mr Potato. No hay límites a su creatividad. El complejo lúdico puede tener el tamaño que tu elijas, aumentando o disminuyendo el número de unidades (zapatillas) que lo compongan, aunque siempre de dos en dos. Para todo tipo de pisadas y pesos.

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Total, que aquí estoy, creando catálogos y esperando al MAPOMA.
Saludos
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