martes, 22 de septiembre de 2009

XXI Medio Maratón Ciudad de Valladolid

Había corrido ya el Medio Maratón Ciudad de Valladolid con anterioridad. Fue en 2006, edición que sirvió para homenajear en su retirada al atleta nacido en Palencia aunque afincado en Valladolid Isaac Viciosa. Entre los compañeros que se dieron cita para acompañarle ese día, estaba la también atleta palentina Marta Domínguez. Me acuerdo de ella porque, una vez iniciada la prueba, la campeonísima y otra chica que la acompañaba (a la que yo no reconocí) permanecieron en la acera animando durante toda la carrera. Daba igual que fueras de los primeros, del montón o de los últimos. Con una sonrisa en la boca aplaudían y repartían ánimos para todos los participantes. Quizá sea una chorrada pero es un gesto que me llamó la atención y que, junto con otros que he ido viendo a lo largo de su exitosa carrera deportiva y leyendo o escuchando en entrevistas, dice mucho y bueno acerca de su forma de ser.

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Creo no equivocarme si afirmo que el Medio Maratón Ciudad de Valladolid es una de las carreras que ha de figurar sin falta en el currículo de un corredor popular que guste de estas distancias. Lo tiene prácticamente todo: buena organización, perfil llano idóneo para alcanzar una buena marca, recorrido céntrico y animado, buena temperatura, un número de participantes considerable pero no excesivo y, para los que vamos de fuera, la posibilidad de compatibilizar deporte y turismo. Posiblemente sean todos estos factores los que hayan hecho posible que, a lo largo de su historia, esta prueba haya albergado el Campeonato del Mundo de Veteranos (2000), el Campeonato de Europa Absoluto (1995) y el Campeonato de España Absoluto.

La organización del XXI Medio Maratón Ciudad de Valladolid corrió a cargo del C.D. Atletas Populares con el patrocinio del Ayuntamiento de la ciudad y, este año, también con el de El Corte Inglés. He de confesar que esto último me provocaba un ligero temor de que la carrera estuviera mercantilizada en exceso, como ocurre en muchas de las que tiene lugar en los madriles, pero afortunadamente no fue así. De cara a los corredores la presencia de los grandes almacenes sólo fue visible en la posibilidad de la recogida del dorsal el día antes en sus instalaciones, en la impresión de su logotipo en el dorsal y en las bolsas que servían de recipiente a los obsequios para los participantes.

Todo funcionó perfectamente. La entrega del dorsal y el chip a los rezagados y foráneos (se podía recoger el día antes) se hizo sin esperas reseñables, hubo alfombrillas lectoras en la salida y la llegada para poder disponer de tiempos netos, la medición estaba homologada, se instalaron avituallamientos cada 2.500 metros y en la zona de meta el ejercito levantó varias tiendas de campaña que hicieron las veces de ropero, duchas y vestuarios. Como curiosidad y acierto, mencionar que entre el contenido de la bolsa del corredor podían encontrarse empaquetados para la ocasión dos saquitos de medio kilo de lentejas y garbanzos producto de la tierra (de Salamanca concretamente).

El recorrido consistía en dar una primera vuelta de cinco kilómetros y luego otras dos un poco más amplias sobre un circuito de alrededor de ocho mil metros. Se consigue así que la carrera discurra en su totalidad por calles céntricas de la ciudad, que la afluencia de público sea mayor y que, en consecuencia, exista más animación. Con respecto al trazado que yo conocí hace tres años, había algunas diferencias. Las más significativa es que la llegada ya no se realiza en la Plaza Mayor sino en la acera de Recoletos, lo que supone una pérdida de “encanto” en favor de un mayor espacio y comodidad.

Por poner alguna pega y tocar un poco las narices, lo que me resultó mejorable fue la “S” final que debía hacerse para acabar la carrera. ¡Parecía que la meta estaba allí mismo, pero el esfuerzo se prolongaba y el final no llegaba nunca!

Lo que se mantiene sin alteraciones es el perfil llano, llanito, llano de la prueba. Cierto es que a mí me divierte más que existan cuestas, pero he de reconocer que de vez en cuando se agradece la ausencia de pendientes. Por esta razón el medio maratón vallisoletano es una carrera idónea para conseguir buenas marcas en la distancia, más aun cuando la época del año en que se celebra suele conllevar unas condiciones meteorológicas y de temperatura muy favorables para la consecución de ese logro.

En estos tres años de diferencia entre mis participaciones también se ha notado un importante incremento del número de llegados a meta: si en 2006 apenas superamos los ochocientos corredores, el domingo fuimos más de mil cuatrocientos los que cruzamos la línea de llegada. En principio las calles por las que transita la carrera son lo suficientemente amplias para absorber este número de participantes e incluso unos pocos más (salvo algunos tramos contados donde sería necesario habilitar al menos otro carril), pero desde mi punto de vista si se quiere mantener el carácter de la carrera no deberían de exceder de dos mil el número de posibles inscripciones.

La espina que me queda clavada es no haber podido disfrutar más de la ciudad. Las dos veces, aun teniendo la intención de pasar el día allí, al final se han torcido las cosas y no ha podido ser. He tenido que madrugar, meterme más de doscientos kilómetros en coche, correr y desandar (o mas propiamente, “desconducir” ) los más de doscientos kilómetros para volver a casa a comer. Sólo he podido ver lo que el recorrido de la prueba me ha permitido. Espero solucionar este aspecto en próximas visitas.

Por último, llamar la atención sobre los “corredores recortadores” que se engañan a si mismos subiéndose por las aceras en las esquinas y que abundaron por las calles vallisoletanas. En este sentido, enviar desde aquí un fuerte abrazo a ese que en los últimos cinco mil metros aguantó mi ritmo a base de recortes y al que en un alarde de rabia (que uno también tiene su amor propio) adelanté y descolgué en la penúltima recta. Sin rencor, que conste.

Si todavía no lo habéis hecho, yo que vosotros me apuntaba en la agenda este medio maratón.

Un saludo

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jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Corredor o lesbiana?

Un amigo mío, después de correr el MAPOMA, volvía a su casa en metro. Iba todavía “vestido de romano”: pantalones de deporte, zapatillas de correr, camiseta y mochila apoyada en suelo y colocada entre las piernas. En una de las estaciones del trayecto, el sitio de su derecha quedó vacío y fue ocupado por una joven de buen ver. Tras unos minutos, la chica se volvió hacia mi amigo y le preguntó:

-¿Es usted un corredor de verdad?

Mi amigo quedó sorprendido por la pregunta, pero no queriendo parecer un sieso maleducado respondió:

-Bueno, llevo más de una década corriendo cuatro o cinco días por semana, formo parte de un club de atletismo y participo regularmente en carreras populares, así es que supongo que sí, que soy un corredor de verdad.

-¡Aja!-dijo la chica con una sonrisa de satisfacción- me lo imaginaba. Yo soy lesbiana. ¡Me paso todo el día pensando en mujeres! Me levanto y pienso en mujeres. En el trabajo estoy todo el rato imaginándome mujeres. Y por la noche cuando llegó a casa, sigo pensando en mujeres. Rubias, morenas, pelirrojas… me da igual. No me las puedo sacar de la cabeza. Bueno me bajo en esta parada. ¡Adiós!

Os podéis imaginar la cara de mi colega cuando la joven abandonó el vagón. Aún le duraba la sorpresa cuando el metro alcanzó la siguiente parada y el asiento en el que se había sentado la joven lesbiana fue ocupado por una madre acompañada de su hija. Al ver a mi amigo la madre le dijo a la hija:

-¡Mira un corredor de verdad!

Mi amiguete se dirigió a ella y le dijo:

-Eso mismo pensaba yo, pero acabo de descubrir que soy una lesbiana.

Pues eso.


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lunes, 14 de septiembre de 2009

Pero ¿Cual de todas era la del Tirón?


La pregunta que da título a esta entrada es la que se le ocurre a un pardillete como yo, desconocedor del callejero y orografía de San Agustín de Guadalix, y debutante en la Carrera Popular Cuesta del Tirón.

Uno esperaba que la denominación de la carrera tuviera su origen en que hubiera de subirse una cuesta que marcara y diera carácter a la prueba. ¡Qué va! No hay una cuesta que identifiques como “la principal”, que digas “esta es la del Tirón”. No. Es que los diez kilómetros de que consta la competición son una sucesión de desniveles, no muy largos en su mayoría, pero si con pendientes muy acusadas. Así es que te pasas toda la carrera comiéndote la cabeza “¿Será esta la famosa cuesta?” “Pues no debía ser la anterior, porque esta de ahora es todavía más dura…”Va a ser esta que es más empinada y más céntrica…” En definitiva, que el perfil es muy exigente, más aun si se tiene en cuenta que muchos de los participantes están en estas fechas en plena pretemporada, retomando los entrenos después de disfrutar de las vacaciones veraniegas.

Pero quizá este aspecto con el que he abierto mi crónica de la XIX Carrera Popular Cuesta del Tirón fue el menos relevante de la fiesta atlética vivida ayer en la localidad madrileña. Lo principal y más reseñable fue el ambiente que desde primeras horas de la mañana se respiró en el Polideportivo Municipal, donde entre las 9:30 y hasta las 11:00 se celebraron seis carreras, cinco de ellas para los niños con edades comprendidas entre los dos y los catorce años. Fue muy divertido y emocionante poder ver correr por la pista de atletismo a ilusionados, esforzados y felices “micos” que no levantaban más de tres palmos del suelo.

Además la gente de San Agustín de Guadalix se volcó en el evento, llenando primero el polideportivo en las carreras de los pequeños y, más tarde, también las calles céntricas de la localidad por las que transcurrió la carrera de la categoría absoluta que ponía punto final a la matinal atlética popular.


Y reseñados el perfil y el ambiente, decir que el resto de lo que se le puede pedir a una carrera, fue sobresaliente: el volumen de participantes fue el adecuado (creo que alrededor de 600), el dorsal se recogió sin esperas, el cronometraje se realizó con el sistema de chip existiendo alfombrillas lectoras tanto en la línea de salida como en la de meta, en todos los cruces de calles había agentes de policía o protección civil, existieron avituallamientos líquidos de agua y bebida isotónica en mitad y al final de la carrera, se obsequió a todos los que completaron la prueba con una bolsa del corredor que contenía una pieza de fruta, una gorra y una medalla, se sortearon alrededor de cien premios de 10 euros y hubo un servicio de masaje. Y lo que más llama la atención es que todo esto fue GRATUITO. Si, habéis leído bien, todo “por la patilla”. Con los tiempos que corren en los que por un algunos diez miles madrileños ya piden más de quince eurazos, va el Ayuntamiento de San Agustín de Guadalix y monta uno en el que no hay que pagar ni un pavo. ¡Para quitarse el sombrero!

En definitiva, que el participar en la Carrera Popular Cuesta del Tirón no es más que una excusa para disfrutar de una esplendida mañana deportiva en familia. Mi agradecimiento y reconocimiento para los habitantes de San Agustín por volcarse animando a los corredores y al Ayuntamiento por organizarla.

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Notas varias:

1) Me encontré mejor de lo que pensaba, pues sin esforzarme a tope y a pesar de la dureza del recorrido acabé sólo unos segundos por encima de los 45 minutos y con buenas sensaciones. A lo mejor tuvo que ver el que esta vez no corriera con la cámara y no me parara a hacer fotos…

2) Lo de no hacer fotos no fue problema pues podéis ver un fenomenal reportaje gráfico en el álbum de Gebrelayos. De ahí es de donde están robadas las dos fotos que ilustran esta crónica. Aprovecho para darle las gracias y desearle que se recupere pronto de su lesión.

3) La carrera me permitió rencontrarme con viejos amigos. ¡Qué os salga todo muy bien en la Roncesvalles-Zubiri!

4) Para Cuesta del Tirón la vuelta al curro de esta mañana después de tres semanas de vacaciones ¡Lástima de primitiva!

Hasta la próxima

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domingo, 30 de agosto de 2009

Valdilecha en la mochila


De nuevo equipado con el disfraz de Labordeta y siguiendo con el plan “Un país en la mochila” desplegado este verano, me he acercado a darme una carrerita dominical agosteña al madrileño pueblo de Valdilecha. Situado en el sureste de la Comunidad madrileña, a unos cuarenta kilómetros de la capital, esta localidad ha sido tradicionalmente una importante productora de aceites y vinos. Se asienta en un bonito valle, circunstancia que por un lado queda reflejado en la etimología de su nombre (Valle Escogido) y por otro condiciona el perfil de la carrera, como indicaré más adelante.

En Valdilecha se celebraba esta mañana la XXIV Carrera Popular Vuelta al Monte. A pesar de su elevado número de ediciones disputadas, yo no había oído nunca de su existencia hasta que hace apenas diez días me la encontré navegando por internet. En cualquier caso la información era escasa y únicamente mencionaba la distancia a recorrer, la hora de comienzo y su carácter gratuito. Quizá esta falta de datos y publicidad sirva para mantener el carácter del evento.

Se trata de una carrera de las que clasifico como "artesanales". Os cuento. Unos minutos más tarde de las 9:00 a.m. han sacado dos mesas, unas cuantas sillas y un equipo de megafonía del interior de un edificio marcado en su fachada como Escuela de Música. Allí se han sentado cuatro voluntarios y han esperado pacientemente a que llegara una quinta persona que traía con cierto retraso un taco de dorsales. Nos han inscrito gratuitamente a todos los que nos habíamos dado cita (poco más de cien personas calculo) y, con el dorsal ya colocado, nos hemos dirigido a la inexistente línea de salida. Al intentar dar la señal de comienzo, la pistola se ha encasquillado y, tras varios intentos, se ha desistido de este “avance tecnológico” recurriéndose al ancestral “preparados, listos ¡ya!”. Lo que os decía, artesanal…

El perfil de la prueba es exigente. La carrera comienza con una subida continuada de alrededor de tres kilómetros que sólo se suaviza en los últimos quinientos y que conduce desde el valle a una gran planicie de tierras de cultivo. Tras el primer avituallamiento líquido (hay un segundo allá por el kilómetro siete), siguen unos cinco mil metros de falsos llanos, con largas y tendidas subidas y bajadas, y donde el sol pega de lleno. Aproximadamente los últimos tres mil metros son de un descenso vertiginoso en el que lo mejor es alargar todo lo posible la zancada y no tratar de retener la marcha bajo la amenaza de sobrecargar los cuádriceps. En este último tramo, si se busca la cuneta, es posible realizar muchos metros a la sombra de la vegetación que se asoma a la carretera. Los once kilometros recorrido finalian al cruzar la inexistente línea de meta que coincide exactamente con la invisible línea de salida.


¿La bolsa del corredor? Una botella de agua y tres piezas de fruta. ¡Quien quiera camisetas y otros objetos inservibles que se vaya a las rebajas! Por mi perfecto. Yo soy de la idea de que si el quitar la bolsa del corredor implica que la carrera sea más barata o incluso que sea gratuita (como es el caso), pues mejor que mejor. ¿La clasificación de la carrera? Pues no lo sé. No me he fijado mucho pero no recuerdo haber visto a nadie apuntar los dorsales de los que llegábamos. Y chip no llevábamos… Algún sistema tendrían por lo menos para los primeros de cada categoría pues al parecer existían premios económicos para ellos.

Se me olvidaba apuntar que, a pesar de que el nombre de la carrera pueda llevar a otra conclusión, la prueba se disputa íntegramente por asfalto, más concretamente por carreteras comarcales no cortadas al tráfico. Como todo hay que decirlo, los escasos conductores con los que nos hemos cruzado han tenido un comportamiento muy cívico y comprensivo, bien parando sus coches en la cuneta bien ralentizando considerablemente su marcha.

En resumen, carrera exigente, con escaso número de participantes, gratuita y muy recomendable para las fechas en las que estamos. Desde mi punto de vista sería recomendable poder obtener una mayor información previa de la prueba (en internet no la había y contactar con el Ayuntamiento era, a tenor de los comentarios leídos en algún foro de atletismo, prácticamente imposible), así como que la salida y la meta se marcaran con una pancarta o que se publicara la clasificación completa de los participantes con sus tiempos.

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Acaba aquí un mes y medio de carreras diferentes, alejadas de las grandes ciudades, con un número de participantes muy reducido, pero con sus organizadores y con las poblaciones donde se celebran volcadas en que todo salga bien y en que el corredor quede contento y satisfecho. Ha sido un periodo ideal para descansar del tipo de pruebas que me temo volveré a encontrar a partir de septiembre. Después de la Vuelta al Monte viene la vuelta al cole, pero en cualquier caso ya tengo a Valdilecha en la mochila.

Saludos

domingo, 23 de agosto de 2009

IV Carrera del Esquileo o de como ir a por lana y salir trasquilado


Ayer se celebró en la segoviana localidad de Torrecaballeros la IV Carrera del Esquileo. Esta prueba es la primera de las cuatro que forman la edición 2009 del Circuito de Carreras Pedestres Provincia de Segovia. Dada la ausencia de pruebas atléticas por los madriles y la posibilidad de aprovechar la jornada para hacer un poco de turismo en familia, allí me planté vestido de romano. Estas fueron mis impresiones.

Apuntes socioculturales. Como no sólo de correr vive el hombre, comenzaré con una pequeña introducción sociocultural que sirva para conocer un poco más el marco de la prueba.

Torrecaballeros está situado a apenas diez kilómetros de Segovia y está formado por cuatro núcleos de población: El propio Torrecaballeros, Aldehuela de Torrecaballeros (unida físicamente y dependiente de la anterior), Cabanillas del Monte y Caserío de la Torre. Gracias a su cercanía a la capital de provincia y al desarrollo del sector inmobiliario, entre los años 2000 y 2007 su población se duplicó alcanzando los 1.151 habitantes.

Históricamente fue paso de la trashumancia a través de la Cañada Real Soriana y zona de esquileos (acción o efecto de esquilar, según la R.A.E.), actividad de la que se conserva la Casa del Esquileo. Ubicada en Cabanillas del Monte, esta construcción data del siglo XVIII, es una de las más antiguas y mejor conservadas de toda la provincia y es la que (supongo) da nombre a la carrera. También destacó Torrecaballeros por el trabajo de sus herradores, conservándose aún tres potros de herrar en la población.


Los prolegómenos. Después de sufrir en el Maratón de Valtiendas hace dos semanas y en el Medio Maratón de El Burgo de Osma allá por mediados de Julio, volvía yo a territorio castellano-leonés muy confiado para disfrutar de una “carrerita” de poco más de doce kilómetros. Tanto es así que decidimos salir a media mañana y patearnos Segovia y Pedraza, lugar este último donde de manera irresponsable, me metí para el cuerpo un pedazo plato de Judías de la Granja del que todavía me relamo.

Llegamos a Torrecaballeros con tiempo para recoger el dorsal y disfrutar con las carreras de los más pequeños. El sol, como todo el día, era de justicia y la temperatura rozaba los cuarenta grados. A las 19:00 tomamos la salida los aproximadamente ciento cincuenta participantes (calculados a ojímetro) en la categoría absoluta. Yo salí tranquilo, con mi cámara de fotos en la mano, dispuesto a disfrutar de una carrera tranquila y sin sufrimiento. ¡Qué equivocado estaba!

Ir a por lana y salir trasquilado. Apenas abandonamos del casco urbano, empecé a darme cuenta de que no iba a ser tan cómodo como preveía. La carrera discurre por ramales y por la Cañada Real Soriana, por lo que el terreno es muy irregular, lleno de piedras sueltas y “agarradas”, tierra, polvo y continuos desniveles. Hay que estar muy atento para no acabar besando el suelo o con alguna torcedura de tobillo. Baste decir que los caminos por los que se disputa el Maratón de Valtiendas son auténticas autopistas comparados con los senderos de Torrecaballeros.

El entorno es un auténtico secarral. La vegetación de la zona esá compuesta mayoritariamente por pastizales, arbustos espinosos y alguna especie aromática como el tomillo que dejaba escapar su esencia al ser golpeada por los pies de los corredores. Los únicos árboles que recuerdo haber visto (encinas creo) estaban en los alrededores de Cabanillas del Monte, a unos dos kilómetros de la llegada.

Si a la sequedad del terreno, a la dureza del perfil y a la falta de sombras unimos el sol que caía a plomo y los treinta y muchos grados de temperatura que marcaban los termómetros, os podéis hacer una idea de lo que era aquello: una especie de pequeño Maratón des Sables en versión castellana. Alrededor del kilómetro tres yo ya estaba asfixiado, me faltaba el aire, la garganta estaba tan seca que me costaba tragar y las Judías de la Granja que había tomado en la comida amenazaban con salir de mi organismo por donde habían entrado. Dadas las circunstancias decidí buscar un ritmo más lento y esperar al primer avituallamiento líquido de los dos anunciados. El agua fresca me permitió recuperar ligeramente y acelerar la marcha, adelantando incluso algunas posiciones.

Con aproximadamente tres cuartos de la carrera disputados, parecía que me había hecho con el terreno y con el ritmo adecuado. Entonces, al coronar un pequeño repecho, apareció a lo lejos una cuesta de unos trescientos metros, con un desnivel de caballo y en la que, o ya no veía bien o todo el mundo subía andando y doblado hacia adelante. Recorrido el trecho que me separaba de ella y consumido el tiempo para hacerme a la idea, alcance la base de la “Cuesta de los Cojones” (desconozco si tiene otro nombre más políticamente correcto, pero así la recordaré) y tras un intento vano de superarla corriendo que apenas duró unos metros, decidí “echar pie a tierra” y atacarla andando.

A pesar de llevar ya una buena estocada, el ligero descenso posterior a la gran subida, el segundo avituallamiento y los poco cientos de metros sombreados al paso por Cabanillas del Monte, me sirvieron para volver a recuperar el aliento y encarar con el ánimo suficiente los alrededor de dos kilómetros restantes. Sin embargo aun quedaba la traca final en forma de cuesta, más tendida aunque también bastante más larga que la anterior y que desembocaba muy cerca de la plaza donde estaba la meta. Allí un bollo preñao, una camiseta, un zumo y tres botellitas de agua que me metí del tirón para recuperar el liquido perdido. Después había sorteos y entrega de trofeos, pero nosotros ya estábamos camino de casa.

Conclusión. Carrera rural-campestre, de perfil exigente, muy dura para quien no esté acostumbrado a correr por caminos irregulares (como es mi caso) y más dura aun si el calor aprieta, circunstancia bastante probable dadas las fechas de celebración. En cualquier caso muy recomendable como contrapunto a las carreras urbanas por asfalto que son aplastante mayoría durante el resto del año.

Nota final de palo para la organización. En el primer avituallamiento cogí una de las últimas botellas de agua. Supongo que dada la cantidad de personas que venían detrás de mí, hubo bastantes que se quedaron sin agua. Con el calor reinante creo que es un error de bulto que emborrona una por lo demás correcta organización.

Otras imagenes


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sábado, 22 de agosto de 2009

De marcha por Berlín


Pues ese de la foto, el de la gorra, el de cara afilada y barba de tres días, el de gesto mezcla de felicidad, asombro e incredulidad, ese del que mi madre diría que le hace falta una “lluvia de filetes”, ese es Jesús Ángel García Bragado. Muchos han oído su nombre alguna vez, pero seguramente son muy pocos los que puedan ponerle cara. Más fácil sin duda, es reconocer en un segundo plano la Puerta de Brandeburgo coronada por la diosa Victoria dirigiendo una cuadriga de bronce.

De bronce es también la medalla conseguida ayer por este atleta español en la prueba de los 50 km marcha. García Bragado, nacido en Madrid hace casi cuarenta años, sumó así un nuevo hito a una carrera llena de éxitos: Campeón del mundo en Stuttgart (1993), subcampeón del mundo en Atenas (1991) y Edmonton (2001), subcampeón de Europa en Gotemburgo (2006) y medalla de bronce en los europeos de Munich (2002). Dieciséis años en la élite del atletismo mundial en los que, además de las seis preseas, ha participado en cinco JJOO y nueve mundiales.

Posiblemente, el cuarentón marchoso ponga punto final a su carrera tras los europeos de Barcelona de 2010. Esperemos que Paquillo recoja entonces el testigo.

¡Enhorabuena y muchas gracias!

Foto EFE

viernes, 21 de agosto de 2009

El gen Domínguez


Un equipo de investigadores españoles ha descubierto el bautizado como gen Domínguez. Según parece quien lo posee se caracteriza por un envidiable tesón, por una gran capacidad sufrimiento, por un afán de superación sin límites, por no poner excusas ante los errores y por no fallar en las grandes ocasiones. Además, también tiene una incidencia sobre los músculos faciales, provocando en sus portadores una sonrisa continua.

Este descubrimiento desmonta la teoría poco creíble pero hasta hoy vigente de que esos rasgos tenían su origen en el simple hecho de portar de manera continuada una cinta rosa en la cabeza.

Ahora el gran reto de los científicos es conseguir aislarlo y poder implantarlo en la clase atlética (y la no atlética) española.

¡Felicidades MARTA!

Foto: AFP. Tomada durante la final de los 3.000 metros obstáculos de los mundiales de atletismo Berlín 2009.