sábado, 19 de febrero de 2011

XXVII Maratón Ciudad de Sevilla


Extraida de http://www.deporteintegral.com/
  
Hace seis o siete años no recuerdo bien, me inscribí con el objetivo de participar en el maratón que recorrería las calles de la capital andaluza. Días antes de celebrarse me lesioné y finalmente tuve que abandonar el proyecto antes de que llegara a buen puerto. Ahora, bastante tiempo después, me he podido sacar la espina de aquella lejana y pequeña decepción y por fin he podido debutar en el XXVII Maratón de Sevilla.


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1. SEGÚN COMO SE MIRE

Esta carrera puede verse desde dos puntos de vista muy diferentes. Si se observa con los ojos de un corredor que decida participar para conseguir una buena marca personal, el maratón sevillano es casi perfecto. Tiene un perfil totalmente llano, sin ningún desnivel relevante. La participación es relativamente alta con lo que es muy poco probable hacer la carrera en solitario. Discurre por anchas avenidas, de forma que es siempre posible correr al ritmo de cada uno y sin ningún tipo de apreturas. El único inconveniente que puede encontrarse viene precisamente derivado de la amplitud de las vías por las que transita, y es que es muy factible que el viento moleste en algunos tramos. Sin embargo ni siquiera este último factor pudo ponerse como excusa en esta edición, pues el día amaneció nublado, con una temperatura perfecta para correr (entre 10º y 12º) y sin gota de aire.

El otro enfoque que puede hacerse es el de aquellos participantes entre los que me incluyo, para los que el tiempo final empleado en recorrer la distancia es una simple cifra sin apenas importancia. Para nosotros los “sinmarca”, los incentivos de este maratón disminuyen considerablemente. Personalmente eché mucho de menos un recorrido más céntrico. El trazado de la prueba ignora a conciencia todo el casco histórico sevillano, privando a los corredores de la visita a las principales calles y monumentos de la ciudad. Este hecho lleva aparejadas otras dos consecuencias a valorar desde mi punto de vista en un maratón: una menor animación (en algunos casos nula) en las calles por la que discurre y hacer labor casi imposible el que los acompañantes de los atletas populares puedan seguir la prueba en distintos puntos.

Además de no ser céntrico y como mencionaba anteriormente, el circuito está plagado de largas y amplias avenidas, de rectas interminables sin ningún aliciente que acaban sumiendo la prueba en una sufrida monotonía.

Quédese cada uno con la visión que quiera y que más le guste o convenga.

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2. MUY BIEN, PERO…

La infraestructura del maratón corrió a cargo del Instituto Municipal de Deportes del Ayuntamiento de Sevilla y en este aspecto creo que, en líneas generales, la prueba estuvo muy bien organizada.

Entre el viernes y el sábado se celebró la Feria del Corredor. Instalada en el interior del Estadio "Olímpico", contaba con distintos stands de tiendas y marcas deportivas, de instituciones públicas y de servicios médicos en los que podía hacerse desde una compra de última hora a una rápida consulta podológica. Allí los inscritos en la prueba debían retirar el dorsal, el chip y la bolsa del corredor, tarea que debido a las largas colas requería un tiempo mayor al deseado. El sábado también se ofreció la ya típica comida de los hidratos gratuita para los participantes y un acompañante de cada uno de ellos.

La mañana de la carrera, todo estaba perfectamente distribuido y organizado en las tripas del estadio, a las que solo los participantes podían acceder mostrando previamente el dorsal. Había numerosos WC para atender las necesidades de última hora, calefactores para poder arrimarse y no pasar frío, sillas para sentarse y cambiarse cómodamente, zona de calentamiento y un gran espacio para el guardarropa dividido en pasillos ordenados por número de dorsal. Desde allí se accedía a la pista de atletismo donde unos carteles ayudaban a la gente a colocarse según su marca esperada.

La salida de la prueba es uno de los pocos aspectos que debe mejorar la organización. Su ubicación en el interior del estadio es incompatible con el gran número de participantes y la estrechez del túnel que conduce al exterior. El tapón que se formó no solo hizo perder tiempo a la mayoría sino que puso en riesgo nuestra integridad: un tropiezo o una torcedura pudieron echar por tierra el trabajo y la ilusión acumulados durante meses. La solución es sencilla y pasa por situar el inicio del maratón en el exterior de las instalaciones, donde hay espacio más que de sobra.

Durante la carrera todo fue correctísimo. Los kilómetros estaban bien medidos y visiblemente señalizados, había avituallamientos surtidos y muy bien atendidos por voluntarios cada dos kilómetros y medio, se instalaron varios puestos de atención médica, el tráfico nunca invadió la zona destinada a los corredores (aunque si se convivía con él en los carriles adyacentes de muchas calles), se establecieron controles de paso cada cinco kilómetros con alfombrillas lectoras de chip y hubo “guías-globeros” para distintos ritmos.

Nada más cruzar la meta en la vieja y desgastada pista de atletismo, se volvía a las entrañas del estadio. Atendido siempre por agradables voluntarios y siguiendo una especie de “línea de montaje”, sucesivamente y a medida que avanzabas te ponían una toalla sobre los hombros, te ayudaban a quitar el chip, te colgaban la medalla de “finisher” al cuello y te entregaban una surtida bolsa con viandas para recuperar calorías e hidratarte. Quedabas ya la altura del guardarropa donde recogías la bolsa con tu ropa sin esperas y, un poco más allá y para poner la guinda final, unos grifos de cerveza y de refrescos completaban la fiesta.

Una vez se abandonaba el estadio, llegaba otro aspecto que creo que debería ser solventado de forma más satifactoría. La salida y llegada de la carrera están muy alejadas del centro de la ciudad. Esto no fue problema para aquellos que accedieron con su vehículo privado y aparcaron en las numerosas plazas de parking disponibles. Sin embargo, para los que fuimos en transporte público (muchos de nosotros de fuera Sevilla) regresar a nuestros hoteles o residencias era una labor muy complicada. No se podían encontrar taxis y la línea de autobús que pasaba cerca estaba cortada. Solo unos buses gratuitos que salían desde un sitio sin señalizar y sin orden ni concierto aparentes te devolvían al centro urbano, desde donde cada uno ya se podía “buscar la vida”. Desde mi punto de vista esto debería estar mejor organizado pues una vez acabada la prueba, lo que más te apetece es poder volver a tu alojamiento lo más rápida y cómodamente posible para poder ducharte, comer y descansar.

En resumen, que al margen de la salida de la carrera y del transporte para volver desde la Cartuja hasta el centro urbano, la organización estuvo a una gran altura.

Con Silvestre, Landes y Sandp (Foto: Gebrelayos' Wife)

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3. LO QUE ME LLEVO

Todo lo escrito hasta aquí está muy bien, pero… ¿Qué me llevo de mi decimosexta participación en un maratón? ¿Por qué recordaré el de Sevilla 2011? Uno siempre asocia una carrera a alguna vivencia, curiosidad, persona, anécdota, etc. Transcurrida casi una semana, son cuatro los recuerdos especiales que me llevo, aunque es posible que el tiempo los erosione y en algún caso hasta elimine.

El primero es la visita a las gradas del estadio "olímpico” sevillano. La mañana de la carrera llegué con una antelación de más de hora y media al horario previsto de salida. Como a pesar de haber recogido el dorsal y el chip en las mismas instalaciones del estadio no me había asomado a su interior a echarle un vistazo, decidí acercarme entonces al ver las puertas abiertas. He de reconocer que la primera visión impresiona. Es fácil darse cuenta de que ha vivido momentos mejores y más gloriosos, pero su decadente majestuosidad, sus gradas completamente vacías, la pista allá abajo preparada para lo que ocurriría en las horas siguientes y el absoluto silencio reinante, me atraparon y me dejaron allí plantado sin reaccionar. Fue una sensación parecida a esa primera que se tiene cuando uno traspasa la puerta de una catedral, entra en su interior y se detiene absorto a contemplar su inmensidad recorriéndola con una mirada asombrada.

Todavía no repuesto de mi particular “efecto Stendhal”, al encaminarme hacia el exterior de las instalaciones llegó mi segunda vivencia especial de la mañana. Casi en la salida me crucé con otro corredor tocado con una gorra que me miró un par de veces por debajo de la visera. Nada más pasar a mi lado dijo mi nombre con tono de interrogación. Me volví y no supe quien era hasta que con una sonrisa se quitó la gorra y pude observar su rostro. Habían pasado veinte años, pero enseguida pude reconocer a aquel compañero del instituto que al terminar COU (¿sigue existiendo eso?) se trasladó de Madrid a Sevilla y del que, por circunstancias de la vida, nada volví a saber hasta el domingo. Dos décadas apenas le han cambiado. Sólo tiene un poco menos de pelo que en aquel entonces y, sobre todo, un acento sevillano que me llamó mucho la atención pues evidentemente, mi recuerdo de él no estaba asociado a esa forma de hablar. Como es de rigor, repasamos un poco nuestras vidas y las de los compañeros de entonces con los que en algunos casos hemos seguido manteniendo el contacto. Luego y hasta poco antes de la salida, estuvo haciéndome de cicerone, presentándome a sus compañeros de club y guiándome por las tripas del estadio. ¡Gracias Javi!

El tercer “momento especial”, aunque éste con un tono diferente, llegó al recorrer los primeros kilómetros de la carrera que transcurren por la Isla de la Cartuja. En estos últimos años he estado en Sevilla en varias ocasiones, pero siempre de paso. Mi recuerdo de esta ciudad estaba unido hasta el pasado fin de semana a aquellos días del verano de 1992 que pasé visitando la Expo. Muchas veces he vuelto a ver las fotos de aquellas jornadas y a recordar aquel recinto que en mi memoria ha quedado grabado como algo mágico, espectacular y único. Al pasar corriendo el domingo por aquel mismo lugar, ahora triste y solitario y en el que aun quedan algunos vestigios de aquella época dorada (algún pabellón reutilizado como sede empresarial o una triste y vieja esfera bioclimática en mitad de ningún sitio), no pude evitar un sentimiento de cierta desolación y nostalgia.

Por último, la cuarta pincelada que seguramente nunca olvide sea la entrada en el estadio olímpico y la vuelta final a la pista antes de cruzar la línea de meta. Es inevitable que pasara por mi cabeza cuando allá por 1999 puede ver por televisión como Abel Antón recorría ese mismo camino para alzarse con el título de campeón del mundo de maratón. Muchas cosas eran ahora diferentes a aquel momento. El soriano hizo su entrada al recinto con unas gradas repletas de gente aplaudiéndolo y con un estadio y una pista en su máximo esplendor y en inmejorables condiciones. El domingo pasado no debía haber más de una décima parte de las localidades cubiertas, el tartán de la pista estaba totalmente descarnado y las gradas un tanto descuidadas. A pesar de ello estoy seguro que muchos de los que alcanzamos la meta vivimos unas sensaciones parecidas a las que Antón tuvo en aquel momento.

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4. Y YO ¿QUÉ?

Afrontaba este maratón un poco de rebote, pues hasta dos semanas antes no decidí que finalmente iba a correrlo. Realmente no era más que una excusa para disfrutar de un fin de semana en tierras sevillanas con la familia (¿o no sería lo del fin de semana una excusa para poder participar en el maratón?)

De acuerdo a las marcas que estoy haciendo en los últimos medios maratones, pensaba que si el día se daba bien y me esforzaba un poco, podía rondar las 3h 40min. Sin embargo pronto desestimé este escenario pues no me aportaba nada y no me apetecía ni salir pensando en tiempos de paso ni sufrir más de la cuenta. Decidí finalmente afrontarlo a un ritmo tranquilo y acabarlo como vengo haciendo en mis últimas incursiones en la distancia entre las 3h 50min y las 4 horas.

Tras un primer kilómetro en el que muy fui por encima de los siete minutos debido al tapón de la salida del estadio y a una parada para una micción interminable, cogí de forma natural una marcha cómoda. Alrededor del kilómetro cinco, alcancé a tres componentes de la paquetería de elatleta.com, Silvestre, Lander y Sandp, en cuya agradable compañía hice los aproximadamente veinte kilómetros siguientes. Su objetivo era terminar en 4 horas y para ello iban clavando los tiempos de paso. Así alcanzamos el medio maratón en prácticamente 1h 59 min, a 5:36 min/km.

Alrededor del kilómetro veinticinco y viendo que me sentía bastante bien, decidí probarme. En muchos medios maratones he salido lento y he apretado en los últimos cinco o seis kilómetros llegando perfectamente entero ¿Ocurriría lo mismo en un maratón o tendría que darme de bruces inevitablemente con el archiconocido tío del mazo? Era el momento de salir de dudas. Aumenté ligeramente el ritmo y abandoné a los que habían sido mis compañeros de fatigas durante gran parte de la carrera. Los kilómetros seguían cayendo y ahora no cesaba de adelantar corredores que hasta entonces me precedían.

De respiración iba bien pero las piernas comenzaban a notar que la tirada más larga de los últimos dos meses había sido el medio maratón de Getafe. Cambié entonces la zancada levantando menos los pies del suelo y economizando esfuerzos. Tras un corto periodo de adaptación, enseguida comencé a sentirme mejor y pude aumentar un poco más el ritmo. Había pasado el kilómetro treinta y cinco y continuaba sobrepasando más y más corredores y aumentando mi estado de ánimo..

Alrededor del kilómetro treinta y nueve, pensando que aunque apareciera algún bajón ya estaba muy cerca de la meta, di una nueva vuelta de tuerca y aumenté la marcha. Al llegar al cuarenta y uno me enchufé a Sinatra y su My Way en el MP3 y eché el resto. Entre en meta con un tiempo neto de 3:51:42 y con un parcial en los últimos cinco mil metros de 4:59 min/km. ¡Prueba superada!

Analizando ahora mis tiempos de paso, deben ser de los más raros de todos los participantes en la carrera. Hice la segunda mitad del maratón casi siete minutos más rápida que la primera y mis parciales más rápidos medidos cada cinco kilómetros fueron el penúltimo (5:19 min/km) y, sobre todo, el último (4:59 min/km). Conclusión: aunque en estas distancias tan largas en las que influyen un sin fin de factores es muy aventurado hacer una hipótesis, me inclino a pensar que si me hubiera esforzado y todo hubiera ido medianamente bien, me podía haber movido entre las 3h 40min y las 3h 45min. Pero esto no es más que las cuentas de la lechera. La realidad fue la que fue.

Toca ahora pasar página y, si todo va bien, participar en unos cuantos medios maratones antes de intentar el asalto a mi décimoséptimo maratón. ¿Será el MAPOMA? Pues muy posiblemente. Veremos.



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Nota 1: Como se puede observar en las fotos que ilustran la crónica, para mi vestimenta opte esta vez por un maillot de ciclista. Muy estético no es, pero la verdad que sus bolsillos en la espalda fueron de gran utilidad para guardar la glucosa, el MP3, dinero para el taxi por si tenía que abandonar y el móvil. Ideal para grandes distancias en las que no tenga certeza de que mis conocidos me puedan avituallar por el camino. Lo volveré a utilizar.

Nota 2: Me llamó la atención el gran número de corredores llegados de toda la geografia española y sobre todo de más allá de nuestras fronteras que participaron en el maratón. Se pudo ver a muchos italianos y alemanes corriendo por las calles sevillanas.

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domingo, 6 de febrero de 2011

365 días. 365 maratones.

Engels culminando su desafío (EFE)

El belga Stefaan Engels de cuarenta y nueve años de edad, consiguió completar ayer su reto de correr durante 365 días seguidos la distancia maratoniana de 42.195 metros. En su mayor parte, su hazaña se ha desarrollado en nuestro país, concretamente en ciudades tales como Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao, Gijón, Sevilla, Palma de Mallorca, Alicante, Murcia, Malaga o Las Palmas. También ha corrido en otros países como Portugal, Canada, Estados Unidos, Inglaterra o México.

Fue precisamente en la capital de este último país donde el belga paso por sus peores momentos. Una intoxicación alimenticia unida a los efectos de la altitud estuvieron a punto de derrotarlo. “Mi peor problema fue México – aseguró Engels -, estaba muy enfermo y además por encima de los 2.000 pies. No podía respirar y en dos días tampoco comer”.

En su trayecto de 15.401 kilómetros, el aventurero belga ha estado rodeado de un equipo compuesto por un dietista, un médico, un “coaching” (para el ámbito psicológico) y un entrenador personal.”Mi primer problema fue que nadie había afrontado este reto con anterioridad. Los doctores y amigos no me animaban” afirma Engels, quien perdió quince kilos en los tres primeros meses de aventura aunque luego consiguió estabilizarse. “He quemado hasta seis mil calorías, cuando un hombre en su vida normal gasta la mitad, así es que he comido mucho. He hecho cuatro o cinco comidas al día y, aunque la gente no se lo crea, he bebido hasta ocho litros de agua”.

Preguntado por su día a día, el ultrafondista respondía sonriendo: “Mi vida es fácil, me levanto y solo tengo que correr un maratón. Tardo entre cuatro y cinco horas y voy entre 100 y 110 pulsaciones. Luego descanso entre diez y doce horas”.

Stefaan Engels lleva veinticinco años corriendo largas distancias. En 2008 se propuso y consiguió otro desafío consistente en culminar con éxito 20 triatlones de larga distancia en un año (3,8 kilómetros a nado, 180 kilómetros en bicicleta y 42,195 kilómetros corriendo), hecho por el que también figura en el libro Guinness. Preguntado sobre su próxima aventura, el corredor belga contesta: “creo que no tomaré más riesgos para mi cuerpo, está cansado. No puedo pensar en algo superior a esto. Es tiempo para otras cosas en mi vida”

Si todo va bien, el record de Engels apenas durará 240 días. Otro “loco”, el navarro Ricardo Abad, está inmerso en su reto de completar quinientos maratones en otros tantos días. De momento va por el 129. ¡Suerte y ánimo!

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Artículos de referencia:

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jueves, 3 de febrero de 2011

El maratón ¿matutino o nocturno?

Artículo de Juan Mora publicado en Corricolari (Mayo 2001)
 
Haciendo limpieza de las cosas que todavía permanecían en casa de mis padres, he encontrado una caja llena de revistas “Corricolari” de los años 2000 y 2001 (¡cuando la odisea en el espacio!). Echándolas un vistazo me he dado de bruces con un interesante artículo de Juan Mora publicado en el número de mayo de 2001. El texto tenía por título “¿Para cuando un maratón nocturno?” y en él argumentaba que el rendimiento que nuestro organismo ofrece es muy superior a última hora del día que nada más levantarse.

Según Mora, “recién levantados, el rendimiento nunca es óptimo. Nos cuesta arrancar, porque el cuerpo tarda en despertarse”. Por eso los atletas que hacen dos sesiones de entrenamiento ruedan por la mañana y reservan la tarde para hacer el trabajo de calidad. También por eso, además de por temas televisivos y publicitarios, las finales del atletismo de los grandes eventos se programan a última hora de la tarde o primera de la noche.

Hace ya una década, Mora defendía la celebración de un maratón nocturno porque tendría varias ventajas respecto a los tradicionales maratones matutinos. En primer lugar, se llegaría más descansado. Los maratones tradicionales suelen estar programados para primera hora de la mañana (alrededor de las 9:00 A.M. normalmente) Esto supone pegarse un buen madrugón, que normalmente suele ir precedido de una noche en la que es complicado conciliar el sueño.

En segundo lugar los participantes llegarían mejor alimentados. Cuando se afronta un maratón matutino se desayuna de forma más bien ligera para evitar los problemas que pudiera acarrear una digestión larga y pesada. Sin embargo “ese día necesitamos estar más y mejor alimentados que nunca ¿Qué mejor que correr el maratón después de haber desayunado con normalidad y tras un comida, si bien no muy abundante, si todo lo rica en hidratos como queramos? La única precaución sería adelantar algo la hora de la comida”.

El tercer factor sería la climatología. Según avanza la mañana, lo normal es que la temperatura vaya en ascenso haciendo más calor cuando más necesitamos refrescarnos. En el caso de un maratón nocturno, además de que las ciudades tienen una iluminación suficiente para poder correr sin luz solar, no se padecerían las secuelas del calor.

Por todo ello y porque sería algo distinto, Mora aseguraba que “el maratón que fuera el primero en organizar una prueba por la tarde/noche triunfaría”.

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Hasta donde yo sé, en nuestro país se celebran actualmente dos maratones vespertinonocturnos. Uno, en agosto, es el de la población segoviana de Valtiendas, del que este año (Dios y organizadores mediante) se llevará a cabo la octava edición. El otro es el recientemente nacido Bilbao Bizkaia Night Marathon del que hace poco más de tres meses se corrió la segunda edición y que tiene lugar a finales de octubre. Yo he participado en los dos y las impresiones que he sacado son bastante coincidentes con lo que apuntaba Mora. Ahora bien, creo que es necesario añadir una serie de apreciaciones y puntualizaciones a lo referido en su artículo.

Por regla general, los maratones nocturnos se celebran los sábados mientras que los matutinos se llevan a cabo los domingos. Yo, sin duda alguna, prefiero los sábados. En caso de que la carrera me suponga un desplazamiento fuera de mi ciudad de residencia, me permite organizarme mejor el fin de semana, planificar mi vuelta el domingo sin prisas y “descansar” todo un día antes de volver el lunes al curro.

Mirándolo desde el punto de vista organizativo, supongo que será más fácil recibir los permisos y ayudas de las autoridades pertinentes si el evento tiene lugar en la mañana dominical que en la tarde noche sabatina. Un maratón normalmente implica cortar al tráfico rodado algunas de las principales calles de la ciudad donde se celebre, con el consiguiente perjuicio para el grueso de sus habitantes. Estas molestias entiendo que deben ser mayores un sábado, pues afecta de manera importante al comercio y a la hostelería.

Por otro lado y en cuanto al aspecto climatológico, conviene puntualizar a lo expresado por Juan Mora que el hecho de que durante la mañana la temperatura vaya en ascenso haciendo más calor cuando más necesitamos refrescarnos, puede ser perjudicial para las pruebas a celebrar en primavera o verano, pero seguramente sea beneficioso cuando el maratón tenga lugar a finales del otoño o en lo más riguroso del invierno.

Aunque como efecto colateral, también conviene tratar el tema del ambiente y animación. En una carrera larga como es un maratón, normalmente los participantes necesitan de un mayor ánimo y apoyo según avanza la prueba. En el caso de los matutinos es claro que el número de espectadores crece a medida que avanza la mañana. Mientras, en lo que respecta a los nocturnos, ocurre más bien lo contrario: la animación es máxima en el momento de comenzar y a partir de ahí va decayendo.

Por último, el autor aseguraba que “el maratón que fuera el primero en organizar una prueba por la tarde/noche triunfaría”. Dejando a un lado el de Valtiendas, prueba artesanal, por parejas, de carácter rural y con alrededor de cincuenta participantes, el otro maratón nocturno que se puede analizar es el de Bilbao. Si vamos a las cifras y sin entrar a valorar otros aspectos (organizativos, cercanía a grandes ciudades,…), en su primera edición lo completaron 1.026 corredores mientras que el año siguiente solo fueron 646 los llegados a meta. En el caso de otros maratones celebrados en fechas próximas, el número de finishers ha sido el siguiente: San Sebastian (2.412), Malaga (1.407), Zaragoza (958) o Ciudad Real (346). A la vista de estas cifras ¿se puede considerar que el maratón nocturno ha triunfado?

Como conclusión personal creo que si la celebración de maratones nocturnos se consolida y difunde puede ser una magnífica idea para llevarlos a cabo en primavera, verano o incluso a principios del otoño (en ciudades con clima templado). No sé si el rendimiento que los participantes podamos obtener será mejor o peor que el que alcanzamos en los matutinos, pero siempre será preferible tener la opción de poder elegir tomar parte en una carrera distinta que te muestre otra cara de las ciudades.

Y vosotros ¿qué opináis?

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lunes, 31 de enero de 2011

XII Medio Maratón Ciudad de Getafe


Extraida de http://www.forofosdelrunning.com/

Tengo la sensación de que el blog en esta época del año (y en otras posiblemente también) tiene un aire a "Atrapado en el tiempo", aquella comedia de principios de los noventa en la que Bill Murray se despertaba una y otra vez en el mismo día, el de la marmota para más señas. Y es que todos los principios de año suelo participar invariablemente en las mismas carreras y la verdad es que a uno se le acaban los argumentos para intentar ser un poco original o escribir algo que suscite un mínimo interés. Dicho esto me quedan dos opciones: o estrujarme las meninges o abandonar temporalmente esta aventura. De momento intentaré avanzar por el primer camino.

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Ayer tocaba enfrentarse al XII Medio Maratón Ciudad de Getafe. Para los que paséis por aquí de vez en cuando o hayáis leído anteriores crónicas sobre esta carrera en este mismo espacio, ya conoceréis que es una carrera que no está entre mis favoritas. Participo en ella siempre que puedo, no porque me atraiga sino porque cerca de los madriles desde mitad de diciembre y hasta mediados de febrero es la única que hay. Podría escaparme un fin de semana y apuntarme a algunas de las que se celebran en otros lugares de nuestra geografía, pero normalmente son fechas en las que el tiempo no acompaña y no es cuestión de fastidiar a toda la familia por un capricho personal (ya habrá tiempo durante el año).

Desde mi punto de vista es esta una carrera a la que le puede ocurrir eso tan repipi y tan rimbombante de “morir de éxito”. Cada vez son más los corredores que se decantan por tomar parte en ella. Si no me equivoco este año había tres mil dorsales que se agotaron cuando aún faltaban casi veinte días para la celebración de la prueba. Luego se pusieron a la venta otros cien más. Si a esto unimos todos aquellos que corren sin dorsal, supongo que no debíamos ser menos de 3.300 los que nos dimos cita en la línea de salida.

El elevado número de participantes lleva implícitas dos circunstancias no deseables. La primera es el “despiporre” de la salida. Dejar en mano de los corredores que sean ellos mismos los que elijan una posición acorde al tiempo que pretenden emplear, demuestra ser una batalla perdida año tras año. Mezcla de desconocimiento y de falta de educación, muchos se colocan en lugares que nada tienen que ver con sus ritmos. Si ya es complicado que tres mil y pico personas salgan corriendo a la vez, más lo es si los menos rápidos se colocan en puestos delanteros formando tapón. Creo que se hace necesaria una salida, sino por cajones, si con carteles indicativos de tiempo. Si bien es cierto que así tampoco se pondrán en su sitio los maleducados, al menos si lo harán parte de los ahora desinformados.

La segunda consecuencia de la gran masa de participantes es que alguna de las calles del recorrido no dan de si para absorber a la serpiente multicolor abrigada. Como ya he hecho en anteriores ocasiones, reitero que en el tramo que discurre por el Paseo de la Estación no hay sitio para correr medianamente cómodo. Has de ir siempre pendiente de no engancharte con el corredor que te precede o de no golpear a los de los lados (sobre todo en el avituallamiento) y es prácticamente imposible encontrar un ritmo uniforme. La solución a este problema pasaría por despejar la zona coches aparcados, aunque por los comentarios de la edición pasada parece que son las autoridades las que no dan permiso para ello.

Otro tema que no acabo de entender de este medio maratón es el de los, de acuerdo a mi visión, elevados premios económicos que se otorgan a los primeros clasificados tanto en hombres y mujeres. Si no me equivoco al leer el reglamento y sumar, se destinaron 8.300 euros a gratificaciones en metálico. Desde el punto de vista del 99% de los participantes que no optamos a esas recompensas, no les veo el sentido. Tampoco se lo veo desde la perspectiva de los aficionados que se acercaron a la ver la carrera (muchos de ellos familiares o amigos de los participantes), a los que les es indiferente que el ganador sea X empleando 1:03:00 o Y en 1:10:00. Supongo también que el eco en los medios de comunicación será igual de mínimo independientemente de quien gane y con que marca. Entiendo sin embargo que el tema de los premios económicos no será un capricho de la organización y que ellos tendrán algún motivo que yo desconozco para ofrecerlos (publicidad, prestigio...), pero a falta de enterarme de sus razones, no se me ocurre ninguna que los justifique en este tipo de carreras.

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Mencionados el alto número de corredores y el aspecto de los premios, vamos con otros temas igual de repetidos año tras año, pero mucho más positivos.

El trazado sigue siendo sin lugar a dudas el más favorable que existe en toda la Comunidad de Madrid para intentar obtener marca personal en la distancia de los 21.097 metros. Si logras una buena posición en la salida y el viento respeta, como ha sido el caso de esta edición, las dos vueltas a un circuito completamente llano son una buena razón para conseguir un buen tiempo final. También es cierto que si corres sin el acicate de la marca, esta carrera puede resultar un tanto sosa, descafeinada o aburrida.

La organización del Club Atletismo Artyneon, aunque siempre hay algo que mejorar, fue muy buena. Las inscripciones pudieron realizarse en tiendas o por internet. Los dorsales y chips se recogieron de forma muy ordenada y rápida la misma mañana de la carrera. El recorrido estába perfectamente cortado al tráfico. Los kilómetros bien medidos y señalizados. Los voluntarios fueron numerosos, majos y eficientes. El cronometraje se realizó mediante el sistema de chip, existiendo alfombrilla lectora en la salida, a mitad de carrera y en meta. Las clasificaciones estuvieron disponibles en la web la misma tarde la carrera. Los avituallamientos se situaron cada cinco kilómetros y fueron más que suficientes. La meta se ubicó en la pista de atletismo (actualmente en obras) del polideportivo. La bolsa del corredor fue muy completa y variada, con camiseta técnica y bolsa-mochila a juego, dos paquetes de galletas, bolsita de patatas fritas y tres latas de refresco ¡Que bien me sentaron las patatas y las galletas después del esfuerzo!

Añadir que en mi caso particular esta vez adquirí el dorsal a otro corredor que se había inscrito anteriormente y por lesión no pudo correr. Bastó remitir un correo a los organizadores para que cambiaran sus datos por los míos y todo quedó rapidamente solucionado.

El punto negro de esta edición estuvo en el servicio de ropero. A mi no me afectó porque no lo usé, pero al parecer se montó un buen enredo a la hora de recoger las pertenencias de cada cual. Hasta cuarenta y cinco minutos tuvieron que esperar algunos corredores para recibir la mochila con su ropa, lo que a la temperatura que había (alrededor de tres grados) y sudados, fue una perfecta ocasión para agarrarse un buen constipado o algo peor. Seguro que esta deficiencia será solventada en próximos años.

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En lo personal me sigo encontrando bastante bien y consiguiendo cronos a los que, con alguna excepción, no me acercaba desde hace seis años. Ayer salí un tanto lento y aunque fui acelerando paulatinamente, hasta aproximadamente el kilómetro seis no cogí mi ritmo. Pasé por el punto kilométrico diez en 0:45:21 (4:32 min/km), y aumenté aun más el ritmo en la segunda parte de la carrera, para alcanzar la línea de meta en un tiempo neto 1:33:30 (4:27 min/km). Primer medio maratón de 2011 completado y "solo" a falta de diecinueve para la centena.

Teniendo en cuenta las buenas sensaciones de la mañana,  por la tarde me inscribí en el Maratón de Sevilla a celebrar dentro de dos semanas. Es la segunda tentativa que hago (la primera me lo perdí por lesión una vez apuntado) y espero que esta vez sea la definitiva.

Saludos.

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Recuerdos para Corredor de Cañamares y Miguel, con los que pude hablar antes de la carrera. Al primero lo veo muy centrado en su "objetivo jadraqueño" de este año, para el que esta enfocando toda su preparación ;-). Al segundo mi enhorabuena por su MMP y por cumplir su objetivo de romper la barrera de los noventa minutos. Estoy seguro de que todavía tiene mucho margen de mejora antes de debutar en el maratón :-)

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domingo, 16 de enero de 2011

XV Vuelta Pedestre a Tres Cantos


Fotocomposición elaborada a partir de instantaneas obra de Sebas Navarrete

Ya iba siendo hora de que hablara un poquito de algo relacionado con correr en este blog. Desde hace más de un mes, concretamente desde el Medio Maratón de Guadalajara, no me colocaba un dorsal en el pecho. Y es que en este tiempo no se han celebrado en los madriles o alrededores pruebas de mi gusto en lo que a distancia se refiere. Porque señores lectores yo, salvo excepciones, para menos de quince kilómetros no me pongo. Si, ya sé, estarán ustedes pensando que soy un sobrao. Pues no. Lo que ocurre es que uno tiene un motor cada vez más diesel. No obstante y a pesar de no competir, en este tiempo he seguido entrenando con regularidad, salvo los normales altibajos de las fechas navideñas, y mantengo un estado de forma muy similar al de los últimos meses.


Una servidora es animal de costumbres, así es que decidí estrenar el nuevo año como lo hice en el anterior: participando en el XV Vuelta Pedestre a Tres Cantos. Aún siendo la misma carrera, la verdad es que esta edición ha presentado varias diferencias respecto a la del año pasado:

1. Las condiciones meteorológicas. Si hace trescientos sesenta y cuatro días la localidad tricantina nos recibió con una densa niebla y una continua llovizna, hoy lo ha hecho con un día soleado y una temperatura más propia de la primavera que de un domingo de enero. Una mañana esplendida para disfrutar de esto del correr.

2. El recorrido. Esta vez la carrera ha comenzado y ha finalizado en el interior del remozado polideportivo. No conozco apenas Tres Cantos pero, a pesar de transitar (creo) por bastantes de las calles por las que también corrimos en la pasada edición, me da la sensación de que las partes nuevas del circuito han incluido más desniveles y han endurecido sensiblemente el perfil con respecto al año pasado.

Según ha anunciado la organización, el recorrido de esta mañana ha sido provisional y la idea para la próxima edición es que los accesos a la pista de atletismo estén pavimentados y que permitan que el trazado discurra en su punto intermedio por el tartán del polideportivo.

3. Más pruebas. A las ya conocidas y tradicionales de categorías inferiores y de quince kilómetros, se ha unido una nueva prueba sobre cinco mil metros. A simple vista ha parecido no tener mucha participación, pero siempre puede servir para iniciar a la gente en el atletismo popular y para los especialistas en distancias más cortas.

4. La pista de atletismo. El centro neurálgico del evento ha pasado del exterior del polideportivo al interior, concretamente a la pista de atletismo. Allí se han desarrollado todas las pruebas de categorías inferiores y han tenido lugar la salida y llegada de las pruebas de cinco y quince kilómetros. Sobre todo en el caso de los niños, este cambio tiene la ventaja para familiares y aficionados de poder seguir toda la carrera comodamente desde la grada.

Todo ha estado organizado muy bien por Laetus Sports salvo el follón de la salida al que haré referencia a continuación. Para el aparcamiento, a parte del propio del polideportivo, se ha habilitado la zona central del bulevar contiguo. La entrega de dorsales y chips se ha hecho sin esperas y con la zona perfectamente señalizada y distribuida. Se han colocado alfombrillas lectoras de chips en la salida y en la llegada, permitiendo así conocer el tiempo neto. Han existido dos avituallamientos líquidos en carrera. Los puntos kilométricos han estado bien medidos y visiblemente señalizados. El tráfico rodado ha estado perfectamente cortado y, lo más extraño, no he visto a ningún conductor quejándose. La salida y meta han tenido lugar en la pista de atletismo, habilitándose una amplia zona con sillas para poder quitarse el chip y distribuyéndose a los participantes en diferentes filas para evitar aglomeraciones a la hora de recoger la bolsa del corredor. Las clasificaciones han estado disponibles en la web del organizador desde poco después de la finalización de la prueba.

Como decía anteriormente solo ha habido un borrón que ha ensombrecido todo el evento y ha sido la salida de las carreras de cinco y quince kilómetros. En primer lugar parece ser que solo había un acceso habilitado a la pista (si existían más no lo han anunciado) con lo que llegar hasta ella era misión imposible. Alrededor de diez minutos me ha llevado bajar de la grada al tartán. El embudo formado ha provocado que las pruebas de los mayores empezaran con aproximadamente un cuarto de hora de retraso.

Sin embargo el acceso a la pista y la demora no han sido lo peor. Dado que la salida del estadio es, a falta de acabar la remodelación del polideportivo, demasiado estrecha para canalizar al número de corredores, la organización ha optado por dar una vuelta y media a la pista antes de abandonarla con el fin de estirar el pelotón. El resultado ha sido que los primeros han alcanzado a los últimos, mezclándose con ellos con el consiguiente riesgo de caída para unos y otros (diferentes ritmos). Menos mal que al parecer todo se ha solventado relativamente bien y salvo algún pequeño inconveniente (retraso, pérdida de ritmo, …) no ha habido que lamentar ninguna caída.

Parece ser que lo que ha llevado a los organizadores a elegir instalar la salida en el interior del polideportivo y no en el exterior como otros años, fue la petición del Ayuntamiento de que así fuera. En cualquier caso y por lo que se ha anunciado por megafonía al final de la carrera, ya han tomado buena nota para que el año que viene no se repita.

En lo personal he acabado bastante contento y cansado. Como me estoy sintiendo bien en los entrenamientos, he decidido salir a probarme un poco. Quitando los primeros mil metros (por encima de 5 min/km), el resto de los kilómetros los he corrido a un ritmo bastante constante entre 4:15 o 4:25 min/km, alcanzando la meta en 1:05:13. Si comparo la marca con al del año anterior, he rebajado más de tres minutos con un recorrido creo que más exigente. Vamos, que para lo que soy yo estoy bastante bien.

Visto lo visto y con el beneplácito de mi santa, voy a inscribirme al Maratón de Sevilla. También me gustaría poder participar previamente en el Medio Maratón de Getafe siempre y cuando encuentre a alguien que le sobre un dorsal o que quiera deshacerse del suyo, pues las inscripciones se han agotado más de quince días antes de la celebración y no me había apuntado.

Resumen y conclusión: Comenzó bien mi año atlético con una carrera que, puliendo el tema de la salida, merece la pena y está muy bien organizada.

Saludos.

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jueves, 6 de enero de 2011

The Village People


Como cambian los tiempos. Cuando yo era infante, los Reyes Magos traían bicicletas, balones, pistolas de vaqueros, libros, cassettes, vinilos, walkmans, coches teledirigidos, scalextrics, etc. Hoy a mi hijo le han dejado junto a sus zapatillitas varios "apechusques" de los Playmobil (o Clics en mis tiempos). Si tomamos a los muñequitos que vienen incluidos en ellos, podemos lograr un grupo que podría ser una perfecta actualización de los míticos Village People.

En fin, que sigo "in the navy" esperando que dentro de dos domingos (este que viene no, el siguiente) inaugure el año atlético con los quince kilómetros de Tres Cantos. Hasta entonces os dejo con estos chicos.

Saludos

Nota: En la foto, de izquierda a derecha, el Caballero, el Piloto, el Barrendero, el Tuneador de coches, el Hippie, el Obrero y el Policia.

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lunes, 3 de enero de 2011

Medicamentos caducados


Imagen extraída de http://www.todotutoriales.es/

Ayer, buscando en la caja de las medicinas un paracetamol que aliviara los síntomas del trancazo que arrastro desde hace cinco días, encontré un tubo de crema “Traumeel” que había caducado a mediados de 2009. Inicialmente pensé en sacarlo de allí y llevarlo al contenedor que a tal fin hay en la farmacia de al lado de casa. Tras recapacitar unos segundos, finalmente lo volví a guardar en la caja con la esperanza de que algún día me sirva para aliviar aquella tendinitis del aquiles que padecí en 2007.

¿Es que acaso no es lógico que los medicamentos caducados sirvan para tratar dolencias ya curadas?

Saludos surrealistas.

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